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MAQUILLAJE

Estrellas del cine clásico

El maquillaje de la Edad de Oro de Hollywood

¿A quién no ha hecho soñar el glamour de Hollywood? ¿Quién no ha admirado alguna vez ese cutis perfecto de las actrices clásicas? ¿Quién no ha imitado sus pestañeos mariposeantes o se ha pintado los labios de rojo pasión y se ha sentido Bette Davies mientras se bebía un Martini?
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La historia del cine y la del maquillaje son dos mundos que han ido en paralelo a lo largo de los años. Todo comenzó antes de la invención del propio cinematógrafo, con el maquillaje utilizado en el teatro. En los escenarios, la pintura que se aplicaba a los actores y actrices no era la adecuada para la pantalla de cine, por lo que hubo que adaptarla.

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En 1914 Max Factor creó la primera base de maquillaje específica para cine, que no se cuarteaba, era flexible y venía en 12 tonos distintos. La primera persona en llevarlo fue curiosamente un hombre, Henry B. Walthall. De este modo, se comenzó a maquillar a a actores y actrices en función de la luz que tuviera la escena o el tono de la película.

Los rostros más famosos de la época pasaron a adoptar este tipo de cosméticos, actrices de la talla de Gloria Swanson, Mary Pickford, Bette Davies, Jean Harlow, Norma Shearer o Judy Garland. Gracias a las innovaciones de algunas marcas de cosméticos, se exageró los ya de por sí rellenos labios de Joan Crawford para distinguirla un poco más de la boca en forma de corazón que la misma Max Factor había diseñado para la artista Clara Bow. Esta marca creó tonalidades específicas para cada actriz según sus necesidades y éstas no dudaban en acudir a la Max Factor Beauty Salon, cerca de Hollywood Boulevard.

La llegada del color

Años más tarde, el desarrollo del Technicolor dio un giro de 180 grados a la cosmética en pantalla, teniendo que adaptar un maquillaje pensado para filmes en blanco y negro a toda una gama cromática en la que los colores brillaban con intensidad, como sucedía en “El Mago de Oz” (Victor Fleming, 1939). En el caso concreto del Pan Stick, la base de maquillaje en barra, se popularizó después de emplearla en la película de 1949 de Greer Garson y Janet Leigh “La Dinastía de los Forsyte” (Compton Benett, 1949).

La contribución del maquillaje al cine es tanta y tan importante, que el Hollywood Museum se encuentra ubicado en el histórico edificio Max Factor. En su sótano se encuentra, sin ir más lejos, la celda de cristal donde se encontraba Hannibal Lecter en la oscarizada película “El Silencio de los Corderos” (Jonathan Demme, 1991)

Max Factor y el cine

En 1904, Max Factor se trasladó de la Rusia zarista a St. Louis, y de ahí a Los Ángeles. Pronto vio una oportunidad para crecer en la escena artística de la ciudad. Primero fueron los teatros, más tarde vendría el cine. Y en ese momento es cuando la maquinaria empezó a funcionar a pleno rendimiento. Desde entonces, y hasta el día de hoy, la historia de Max Factor es una historia de éxito y glamour. Siempre asociado a eso que todos llevamos dentro que nos dice que merecemos sentirnos como estrellas, ya sea estando impecable durante una larga jornada de trabajo como si lo que buscamos es deslumbrar en una fiesta luciendo unas pestañas de vértigo.

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