Artes de seducción
Vuélvelo loco antes del sexo
La seducción, en el fondo, no es otra cosa que un juego. Un juego peligroso, ciertamente, pero un juego… apasionante. Y si quieres volverlo loco de deseo antes de caer en sus brazos musculosos, vas a tener que hilar fino: aprende a hacer subir el termómetro de tu pareja sin perder tu propio control. Todo un arte.
¿La receta? Soplar el frío y el calor, alternar momentos de “dejarse llevar” con instantes de “marcha atrás”, en resumen, juega con sus emociones y empújale cada vez más cerca del precipicio. Concretamente esto supone una dosis masiva de sensualidad, puestas en escena eróticas, lencería ultra sexy, poses lascivas y frases incendiarias.
Sugiere en lugar de mostrar, insinúa en lugar de afirmar, todo eso no hace más que acentuar el deseo de ver y saber. Favorece el misterio, el silencio y sobre todo no dudes en ser audaz: elige un lugar insólito para lograr un efecto aún más devastador. De todas formas presta atención para no rozar la vulgaridad, haz las cosas con elegancia.
Un poco, mucho, apasionadamente
Cultiva el arte del strip-tease, nada mejor para hacer subir la temperatura de tu hombre. La pieza indispensable: el corsé de lazos, que, después de siglos, prueba que todavía vale en materia de seducción. Diviértete deshaciéndolos lenta y lánguidamente, detente por el camino para una pausa, una caricia, roces, susúrrale algunas palabras traviesas, en resumen, déjalo macerar más y más. Aparte del corsé, el conjunto de la mujer fatal es inagotable: medias de rejilla, ligas, saltos de cama de todo tipo, lencería picante, ¡da el máximo (con clase, naturalmente) para hacerle languidecer el máximo tiempo posible!
¿Y si probáis un masaje a oscuras? Una experiencia sensorial única: cuerpos que se rozan, que se redescubren con las caricias, un pudor que se atenúa… En resumen, ¡todo contribuye a multiplicar las sensaciones para tu pareja y para ti!
Cuerpo a cuerpo
Última etapa antes de sucumbir y de abandonarte al placer absoluto: los masajes. Usa y abusa de ese cuerpo a cuerpo muy caliente, como preludio al amor. Porque no, no sólo se masajea la espalda: cada parte de tu cuerpo es una invitación al viaje, otro lugar por descubrir. Las nalgas, el vientre, el pecho, ofrece tu cuerpo a sus manos impacientes, explicándole que no se pase de la raya (por el momento).
Recorrer tu cuerpo, rozar las zonas más íntimas, le volverá loco de deseo… Masajeaos el uno al otro y dejaos llevar dulcemente al placer de los sentidos antes de abandonaros sin reserva. Cuidado con no hacerle esperar demasiado tiempo, podrías provocar el efecto contrario y atenuar su deseo. Toda una historia de sabiduría explosiva y control del tiempo. Después del esfuerzo, siempre llega la recompensa. Ya te encuentras a un solo paso del éxtasis.