Casos reales del sexólogo
Arturo: No sé si quiero salir del armario
Arturo es el cuarto hijo de un matrimonio de origen muy humilde. El tiene 34 años, un hermano esquizofrénico que acaparó toda la atención familiar desde la pubertad, y en este momento existen muchas tensiones entre los hermanos. Vive con su madre y el hermano enfermo. Su padre murió hace años.
El caso
El paciente acude a la consulta por un caso eyaculación precoz y disfunción eréctil de muchos años de progresión. Pero desde el inicio de la primera sesión se ve en él una necesidad enrome de hablar de su vida, de su pasado, el cual va desgranando entre dramas y situaciones problemáticas.
En ningún caso se hace alusión a un tema muy patente y que él de alguna manera intenta disimular: su homosexualidad. Arturo tienen un deje, maneras y gestos marcadamente afeminados, que en un hombre de 185cm de altura, de complexión fuerte y una voz muy grave resultan, realmente muy chocantes. Como ejercicio a hacer en casa le pido que haga una lista de eventos de su vida positivos y negativos, buenos y malos.
En la segunda sesión, cuando Arturo se empieza a sentir más cómodo, ponemos el tema de su homosexualidad encima de la mesa a través de las numerosas ocasiones, que ha apuntado en esa lista, en las que ha sufrido, y mucho, como consecuencia de su condición sexual. Relata situaciones en el colegio – por no decir toda su escolarización-, situaciones de su barrio, en el Servicio Militar, o en los diferentes trabajos.
En la actualidad se encuentra trabajando como dependiente en unos grandes almacenes, y ahí también recibe mucha presión con comentarios, chistes, bromas, o cualquier excusa que surja para humillarle o reírse a su costa.
Es lo que se llama un homosexual egodistónico, es decir, que no acaba de aceptarla. Ha tenido grandes peleas con su madre porque se lo ha dicho a una tía suya, no se lo quiere decir a sus hermanos cuando ellos seguramente lo saben desde que era un niño, sus dos amigos íntimos son las únicas personas que él cree que lo saben,… es decir, vive con la fantasía de que no se nota, de que la gente no se da cuenta.
En lugar de centrarnos en las disfunciones sexuales (eyaculación precoz y disfunción eréctil) trabajamos su inadaptación social y familiar -carece de contacto social y está enfrentado a toda la familia, excepto a una hermana y a la madre con la que tiene una relación edípica de amor/odio-, y personal –no llega a aceptar su condición sexual sin tapujos-. No nos marcamos altas expectativas ya que no es una persona con muchos recursos emocionales e intelectuales. Pero sí buscamos unos mínimos que le permitan llegar a sentirse bien consigo mismo, poder llegar a desarrollar relaciones personales y emocionales sanas, e ir por la calle sin bajar la cabeza.
Afortunadamente hemos llegado a unos niveles de aceptación de la diferencia que distan mucho de aquella represión de antaño, pero continuamos siendo una sociedad homófoba, de chiste y mofa rápida, y de difícil manejo de las diferencias.
En cuanto Arturo se empieza a sentir fuerte para manifestar su homosexualidad de una manera más libre y sin recurrir a unos tópicos que él rechazaba de entrada y que creía inevitables, sus escasas habilidades sociales crecen y él con ellas. A partir de ese momento se ve capaz de enfrentarse a su entorno y manifestar sin complejos, y tampoco sin aspavientos, sus preferencias o gustos como hace cualquier otra persona.
Las disfunciones sexuales se trabajaran como se ha hecho en otros casos, con las mismas dificultades, técnicas y pautas. Y de la misma manera los resultados están en función de multitud de variables.