Posturas, recomendaciones...
Sexo durante el embarazo: ¡supera los mitos!
Existe la queja general de que se habla poco de sexo con los médicos cuando existe un embarazo. Por eso, muchas parejas sufren cierto desconcierto en el tema porque no saben como actuar. Ni ellas se atreven a preguntar, probablemente por pudor, ni los médicos introducen el tema por descuido o, también, por sentir pudor al hacerlo.
Cuando la neonatología, la especialidad médica que se aplica al cuidado del recién nacido, aún no había surgido como especialidad, los médicos y las consejas populares tendían a desaconsejar que las parejas embarazadas tuvieran relaciones sexuales. El temor que fundamentaba esa actitud era que el estímulo mecánico del glande del pene sobre el cuello uterino pudiera ocasionar unas contracciones reflejas en el útero que provocaran un aborto o partos prematuros.
Más tarde se comprobó que tal cosa no era cierta. Los partos prematuros no están relacionados tanto con la mecánica del coito como con la intensidad y la frecuencia de los orgasmos femeninos. Se volverá sobre ello más adelante en este mismo artículo.
Desde entonces, no sólo no se desaconseja el sexo en el embarazo sino que se estimula, porque se entiende que su práctica es una actividad muy buena para la pareja por los lazos emocionales que proporciona. En todo momento, pero especialmente durante el embarazo.
Más aún. El revuelo hormonal que sufre el cuerpo femenino y el mayor aflujo sanguíneo que el embarazo produce en sus genitales, ocasiona en la mujer un incremento general de la excitabilidad erótica y le proporciona orgasmos intensos. Resulta desalentador desperdiciar tal potencial.
Mejores posturas
Pero existe una evidencia: el abdomen de la mujer embarazada aumenta de forma progresiva con el tiempo y eso obstaculiza la ejecución de la cópula en las posturas más populares como la “del misionero”. Pero las posturas con ella encima tampoco son muy cómodas, sobre todo cuando ella se apoya en sus rodillas, porque la profunda penetración que se produce puede ocasionar más molestias de las habituales.
Suelen recomendarse utilizar otras posiciones para copular, como la de hacerlo acostados de lado y por detrás. Pero la mayoría de ellas, permiten el orgasmo masculino pero no tanto el femenino; pues casi todas esas posturas dejan huérfano de estímulos eficaces al clítoris.
Por esa razón, las parejas embarazadas adoptan espontáneamente una decisión muy acertada y recomendable. Tienden a abandonar las prácticas copulativas de forma progresiva, conforme avanza el embarazo, y las van sustituyendo por otras actividades sexuales extravaginales. Así, comienzan a practicar -y es lo aconsejable- más sexo oral, más masturbaciones recíprocas y más masturbaciones propias en presencia o ausencia del otro.
De hecho, la masturbación se convierte progresivamente en la actividad sexual de mayor asiduidad para la mujer embarazada durante el último trimestre del embarazo. Su frecuencia se duplica en el primer trimestre, se cuadriplica en el segundo, para multiplicarse por nueve en el tercero.
Como la oxitocina es la hormona que desencadena las contracciones orgásmicas vaginales y la que inicia el trabajo del parto, no es de extrañar que las mujeres embarazadas noten que su útero se pone duro cuando sienten sus orgasmos. Es que ambas cosas, contracción uterina y orgasmo, es producido por la misma hormona.
Esta es la razón por la que si una mujer se masturba con frecuencia en el último mes del embarazo y tiene orgasmos intensos, pueda ocasionar un pequeño adelanto del parto del bebé. Que fue lo que ocasionó, originalmente, los temores a que las parejas embarazadas mantuvieran relaciones sexuales.
Datos extraídos del libro “Un encuentro con el placer. La masturbación femenina”. Jesús Ramos. Espasa-Calpe. Madrid. 2002