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SEXO

Casos reales del sexólogo

Jorge: Aislado por su hija

¿Quieres entrar en la consulta de un sexólogo? Gracias a nuestro especialista en sexo, Manuel Fló, conocerás los casos que le plantean los pacientes y la solución a cada uno de ellos. Mujeres, hombres, parejas, casados, solteros… todos podemos tener dificultades a la hora de afrontar aspectos relacionados con la sexualidad.
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Terra Mujer / Manuel Fló
El protagonista: Jorge

Cuando Jorge se casó con Elena, con la que llevaba 4 años de novios, tenían alrededor de los 24 años. Él con la carrera recién acabada y ella con unos años de experiencia como profesora de parvulario.

En su relación siempre ha ido todo bien. No ha habido ningún tipo de problemas. Las relaciones con las familias de cada uno han sido fáciles, se han sentido queridos como hijos propios. Los amigos han sido comunes. Las aficiones, gustos y hobbies han sido diferentes pero compatibilizados.

Económicamente se han complementado y los proyectos que han ido sacando adelante -piso, boda, hijo- han sido decididos de mutuo acuerdo.

El caso: Padre abandonado

Hace dos años decidieron quedarse embarazados y tampoco les costó mucho. El embarazo y el parto fueron dentro de la normalidad. Algún que otro achaque, pero bastante llevadero.

Cuando nació Carla, toda la familia en el más extenso concepto del término, se sintió muy contenta. Toda la familia se volcó sobre Elena, y Carla pasó a ser la reina de la casa. Cada fin de semana iban a casa de los padres de ella un día y a los de él al día siguiente, de esta manera los cuatro abuelos podían disfrutar de la nieta.

Durante ese tiempo, Jorge se quedó sin trabajo y estuvo unos meses en casa, cosa que fue vista por la mayoría como una ventaja porque de esta manera podría ayudar a Elena con la crianza de Carla.

Siendo Elena profesora de parvulario y teniendo las abuelas y amigas que ya sabían del tema, la ayuda de Jorge en estos primeros meses no fue fundamental. Además, la niña dormía 18 horas al día, ella le daba el pecho y además le gustaba cambiar los pañales, bañarla...

Cuando Jorge recupera el trabajo, no lo hace en lo suyo, biólogo, sino como profesor de un colegio. A él siempre le había gustado la docencia, pero relata que después de tantos años estudiando, ahora se tiene que dedicar a dar clase sobre el cuerpo humano a unos niños.

Cuando llega del colegio, se encuentra que Elena está volcada sobre Carla, y él tiende a meterse en su despachito y conectarse a Internet, chatear, jugar en línea…

Acuden a la consulta cuando su hija tiene 10 meses. Elena es la que llama porque él se ha ido de casa. Le pidió unos días de distancia y entre tanto tuvo una aventura con una compañera de trabajo.

Acuden los dos con ganas de resolver este distanciamiento. Por parte de él no parece que haya muchos problemas, todo parece estarle bien, excepto el hecho de haber hecho daño a su mujer y a las familias. En ella tampoco parece que haya sido un gran problema el hecho de que él se haya liado con otra mujer ("No tengo nada que envidiar a una niñata de 20 años").

La solución del especialista

Durante las siguientes sesiones sale a la luz el hecho de que Jorge se sentía muy aislado en casa. Se queja de que ella se hubiera volcado en su hija, de que la dinámica de pareja se hubiera disuelto y de que todo hubiera pasado a formar parte de una dinámica de familia que a él ya le gustaba, pero que reclamaba su espacio de pareja.

Elena reconoce todo lo que él dice, pero añade que ella no se sentía acompañada y apoyada en su día a día por él. Afirmaba que Jorge llegaba a casa, se encerraba en el ordenador, cenaban y después se quedaban dormidos en el sofá delante de la tele.

Ambos cayeron en la cuenta de que tenían que cambiar el orden de las cosas. No tenía sentido que, por el hecho de que hubiera aparecido una hija, se hubiera tenido que disolver la pareja. Que debían invertir más tiempo, iniciativa y energía en la pareja.

Por ello, proponen cambiar los fines de semana y no estar obligados a ir a comer a casa de unos y otros abuelos. Que si estos querían ver a su nieta, debían adaptarse más a los horarios y disponibilidad de los papás y no a la inversa.

A partir de nuestro trabajo, ambos llegan al a acuerdo de que ella le invite a participar más en las cuestiones de Carla –baños, cenas, etc.- y que él se desconectaría más del PC y procuraría pasar más tiempo con ambas.

En una de las últimas sesiones afirman haber crecido mucho como pareja y como individuos desde el momento que han cogido consciencia de sus roles y responsabilidades como pareja. Estaba claro que la de padres y familia ya la tenían, pero faltaba que fueran conscientes de que, a pesar de constituirse como tales, no se puede olvidar que antes existió la pareja, y antes incluso el individuo.

Por ello, es importante mantener actividades de individuo, es decir, hacer cosas por separado, y de pareja. Siempre dejando ese espacio necesario –que es mucho- para la familia. La familia extensa –abuelos, tíos...- ha de pasar a un segundo plano. Es importante, mucho, pero no prioritario. Y se ha de saber gestionar.

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