La fiera que hay en ti
Las diez claves del erotismo femenino
Esta necesidad femenina de “gustar”, no es algo impuesto culturalmente como se ha dicho en alguna ocasión; resulta, más bien, es atávica. Procede de nuestra etapa prehomínida, y aún se mantiene viva semioculta bajo la espesa capa de siglos de cultura. Para entenderlo bastaría fijarnos en nuestros parientes zoológicos más próximos; los que más se nos parecen: los chimpancés bonobos. Con quienes en algún momento de la historia evolutiva compartimos un sistema cultural similar porque éramos hijos de los mismos padres.
Los bonobos
La sociedad bonobo parece nuclearse en torno a un círculo de hembras dominantes que mantienen sus vínculos interactuando permanentemente entre sí mediante la desparasitación ritual y el intercambio de refuerzos sexuales positivos por medio del tribadismo (frotamiento de unos genitales con otros). Cuando les conviene, saben manejar adecuadamente la agresividad de los machos dominantes.
Los bonobos machos suelen desarrollar toda su vida dentro del grupo que les ha visto nacer, mientras que las hembras tienden a emigrar a otro clan, probablemente para reducir el riesgo de acoplarse con un macho reproductor que bien podría ser su padre. Y exige un complicado proceso de adaptación de la recién llegada a las costumbres del grupo receptor.
La adaptación de las jóvenes hembras bonobos sigue una estrategia específica para obtener el beneplácito del círculo de hembras dominantes del grupo adoptivo: se dedican a acicalarlas y a prestarles los servicios sexuales mencionados más atrás; los mismos que éstas emplean entre sí para mantener la amistad. Sólo cuando las hembras dominantes del nuevo grupo aceptan a la recién llegada, se le permite tener acceso al círculo de los machos reproductores. Y, es entonces, cuando pueden desarrollar su potencial de atracción.
A los machos no dominantes, sólo se les permitirá aparearse con hembras de su propio rango o inferior, pero nunca con las hembras de rango superior. Es una forma de evitar que se reproduzcan con una hembra que bien podría ser su madre o una hermana mayor.
Todo esto lo arrastramos los humanos desde tiempos inmemoriales aunque seamos incapaces de reconocerlo.
¿Cómo mostrarse eróticamente atractiva para los hombres?
1.- El aspecto es importante, por eso debe cuidarse para que resulte atractivo. Los hombres y las mujeres tienen menos reticencias en acercarse a alguien con aspecto agradable que a otro que no lo posea. Agradable y atractivo, no significa “provocador”. Este aspecto “arrebatado” es atractivo para los hombres, sin duda; pero no verán a la mujer sino a un apetitoso trozo de carne. Agradable y atractivo significa “algo digno de tener en cuenta”. Depende de lo que busques. Puedes resaltar tus curvas para que ejerzan su función, pero evita que destaquen en exceso del resto de tu cuerpo. La mesura es lo más importante. Si es posible, que tu aspecto indique que no eres consciente de lo guapa que eres.
2.- Huele bien. A limpio. Con algún aroma fresco y suave que te singularice.
3.- Muéstrate simpática y con sentido del humor. Muchas mujeres refieren preferir hombres que las hagan reír, pero olvidan y descuidan que a ellos les gustan las mujeres que tienen sentido del humor y son capaces de reírse de sí mismas y bromear amablemente de cualquier cosa.
4.- El sexo te encanta. No pierdas ocasión en hacérselo saber. Pero te gusta con quien tú quieres, no con cualquiera y no en cualquier momento. Así darás pie a que los hombres con quien decidas tener “algo” se sientan “elegidos”; unos privilegiados. Esa sensación le gusta a todo el mundo.
5.- No rechaces hablar de sexo o hacer inocentes bromas picantes. Demuestra que no hay temas tabú para ti. Pero que eso no implique emplear palabras malsonantes o hablar de obscenidades.
6.- Si él te interesa, muéstrate sincera. Eso no significa decir a los demás lo que te venga a la cabeza (puede resultar insultante), sino expresarte con claridad y sin tapujos. Dicen que mostrarse misteriosa añade atractivo..., quizás..., algún enigma. Pero los secretos por sistema, aburren y desaniman.
7.- Muéstrale que te interesa. Mírale a los ojos cuando le hablas, cómetelo con los ojos cuando te habla él. Nada es más irresistible para un hombre que una mujer que le desea. Pero no le acoses. Eso despierta en ellos ecos lejanos y les hace sentir que se encuentran frente a una hembra dominante, lo que les inhibe la líbido.
8.- Hazle notar que te resulta atractivo. Los hombres también su vanidad y son sensibles a los piropos inteligentes.
9.- Háblale de ti. Pero muéstrate también interesada por saber cosas sobre él, lo que piensa, sus proyectos.
10.- Aclárale sin palabras, pero inequívocamente (a los hombres no les gustan los enigmas), que te gusta, que te atrae, que pasarías una noche loca con él. Ten iniciativa. Nada “desinfla” a un hombre más que ser siempre el que “tira” de la mujer.
Todo eso le resulta irresistible a los hombres. Y no has tenido que mostrarle nada de tu anatomía (algo que puede resultar bien en relaciones efímeras). Aunque sí bastante de tu interior (que da mejores resultados a largo plazo).