Sindy Love
Diario de una teleoperadora erótica
Cada día, en los grandes diarios de este país aparecen cientos de anuncios de este tipo. Al leerlos (porque alguna vez todos hemos caído en la tentación de comprobar los servicios que allí se ofrecen), siempre nos preguntamos, ¿qué tipo de personas recurrirán a estos call center eróticos para satisfacer sus deseos sexuales? Es más, ¿quién se esconde tras las líneas telefónicas?
Sindy Love, es una chica de 27 años, soltera y agente de seguros... oficialmente porque en sus ratos libres, y desde casa, se convierte en una teleoperadora que atiende cada día al teléfono para mantener charlas algo subiditas de tono y estimular así las fantasías sexuales de sus clientes. “El nombre de Sindy Love se me ocurrió por casualidad y me pareció gracioso. A la empresa por la que estoy contratada le encantó”.
‘Phone Sex’
La motivación del agente de seguros para convertirse en Sindy Love va más allá de unos cuantos ceros en la cuenta bancaria. “Entré en este mundo gracias a mi afición al sexo y al consumo de porno. Siempre me había interesado como industria y estaba convencida de que podría sacar dinero de ello algún día”. Es raro conocer a una mujer que afirme abiertamente que le gusta mucho el sexo y que, además, no le importa sacar ‘tajada’ de esta afición.
¿Cualidades que hay que tener para realizar este tipo de trabajo? “Vencer la timidez”, afirma Sindy. Nada de voz, ni de fingir orgasmos como locas. Cualquier persona es apta para este trabajo. “En este mundo todo vale, sencillamente porque para gustos los colores”. El único requisito es disponer de una línea telefónica en casa. “Yo ejerzo desde casa, no desde un call center. Eso te da la intimidad necesaria para hacer un buen trabajo. Además gracias a la flexibilidad en los horarios la libertad es total”.
¿Te acuerdas de tu primera vez ‘virtual’? “Sí claro, tenía nervios, muchos nervios porque no sabes si a la gente le gustará lo que haces y cómo. Pero es sólo al principio, poco a poco vas aprendiendo cosas sobre los demás y sobre ti misma, y consigues hacerlo de forma casi mecánica”. Como la vida misma…
Hombres, heterosexuales de entre 18 y 40 años
Éste es el target de los clientes que acuden a estos servicios. “Forman el 95 por ciento de las llamadas. ¡Ah! Y españoles. Yo al menos sólo trabajo para españoles, de cualquier nivel social. En mi caso el servicio que ofrezco está al alcance de cualquiera, no hace falta ser millonario para disfrutarme”, explica Sindy. “El 5 por ciento restante son mujeres u hombres gays que lo hacen por curiosidad o morbo”.
El Phone Sex es un fenómeno interesante en este sentido, sobre todo por la dislocación de la identidad que posibilita el teléfono. El cybersexo le va comiendo cada vez más terreno, ya que permite disfrutar más a través de la vista que del oído aunque le resta encanto. Es la eterna disyuntiva entre ¿radio o televisión? trasladada al mundo del sexo.
Los límites a esta práctica los interlocutores, actores principales en esta película. Dar y recibir órdenes sexuales que, en teoría, hay que cumplir, como sumisos o dominadores, relatar historias sensuales, confesiones y anécdotas de índole sexual, o reducir la relación a simples jadeos, gemidos u otros ruidos similares mientras los participantes se masturban, son algunas de las cosas que puedes escuchar al otro lado de la línea. “A mi me han pedido de todo, desde tocarme sensualmente hasta introducirme objetos por la vagina. En una ocasión un usuario me pidió que me embadurnase los pechos con mayonesa. Desde entonces siempre me lo pide”. Cuestión de imaginación, fantasía, gustos.
¿Pero es cierto el tópico ese en el que se afirma que muchos clientes sólo quieren hablar? “Sí. En algunos casos se sienten solos y necesitan hablar. También se enamoran platónicamente de mí y se hacen ilusiones.... a lo que yo, por supuesto contribuyo prometiéndoles quedar en persona, por ejemplo. Cualquier cosa para que me dediquen más tiempo al teléfono”, nos cuenta Sindy.
Porque esto de ser teleoperadora erótica es una profesión con ciertas dosis de interpretación. “Un poco sí. Según vas hablando con la persona y vas conociendo sus gustos adoptas un papel u otro. Aunque siempre respetando el perfil que ya en la empresa te adjudican de nombre, edad, ciudad, país de origen y profesión”. Una forma de vivir el sexo a tope sin involucrase física ni mentalmente. Igual un día hay que hacer de bollera porque llama una mujer o del tercer sexo porque llama un hombre con ganas de hacerlo con un travesti. ¿La finalidad? Excitar la libido para alargar la charla todo lo posible y conseguir que les guste y así engancharles y que repitan.
El taxímetro del sexo
Lo que interesa en este trabajo son los minutos registrados. “Despliego todos mis trucos para que el usuario se pase la mayor parte del tiempo al teléfono. Cuando más tiempo más dinero gano. Un buen cliente fijo y que consuma muchos minutos vale más que 15 que sólo consuman un minuto en cada llamada”. Pero en estos tiempos donde la palabra crisis se anuncia como luminosos sobre nuestras cabezas, la cosa también estará difícil en esto menesteres sexuales… “Para nada”, afirma Sindy. “Y menos en algo como esto, donde las tarifas no son altas y están al alcance de cualquiera. Para un hombre no es problema gastarse unos pocos euros en una llamada si tiene un apretón”.
Entonces, si hablamos de unos posos euros, tampoco se ganará tanto… “Si te organizas, eres constante y te lo tomas en serio, sí puedes sacarte un sueldo más que decente cada mes. Todo depende de ti misma, tú eres tu propia jefa, con las ventajas y responsabilidades que eso supone”.
Hablando con Sindy muestra tal entusiasmo que me da la impresión de que esto del sexo telefónico tiene su ‘aquel’. Yo, que siempre había pensado que el ‘cuerpo a cuerpo’ era lo mejor… ¿Vicio, perversión, necesidad? “Es un poco por todo. El sexo telefónico te da la posibilidad de hacer realidad tus fantasías más inconfesables. El anonimato hace que te sientas más relajado y seguro para pedir lo que de verdad quieres y te permite disfrutarlo al máximo. Además es algo que está a tu disposición siempre que quieras o lo necesites y no dependes de nadie más”.
Pero todo es irreal, una gran mentira. Igual llevas al orgasmo a los clientes con jadeos, gritos y gemidos mientras te estás haciendo las uñas tranquilamente. Puro romanticismo. “En algunos casos sí. Es difícil que siempre que un usuario necesite de tus servicios te apetezca a ti también. Cuando me pasa aprovecho para ordenar la casa, cocinar, poner la lavadora o cualquier otra actividad que no requiera demasiada concentración”. O sea, que en otras ocasiones sí que disfrutas… “¡Muchas veces! Yo personalmente soy una persona a la que le encanta el sexo. Igual que quien te llama se crea una imagen de ti en su cabeza, yo hago lo mismo con ellos y así consigo excitarme y hacer mejor la faena”. Es lo que se denomina, ‘una excelente profesional’.
Proposiciones indecentes
El roce hace el cariño y muchos hombres (o mujeres, clientes en general) que solicitan este servicio asiduamente acaban sufriendo un ‘enganche’ hacia el personaje que muy hábil se ha montado la teleoperadora. “Muchos usuarios se hacen ilusiones de conocerme en persona. En una ocasión un cliente adinerado me propuso irme con él a Ibiza una semana, a una casa que tenía allí. Me prometió todos los lujos: cenas, fiestas exclusivas, paseos en su yate...”. Pero nada de sentimentalismos baratos, de colgarse de una voz al otro lado de la línea, “para mí esto es un trabajo y lo mantengo al margen de mi vida personal”.
El engaño al cliente sobre la identidad de su interlocutora es patente, pero no deja de ser algo pactado por ambas partes. Dos personas mayores de 18 años se ponen en contacto para mantener relaciones sexuales a través del teléfono. Los que se dejan vencer por las fantasías deben asumir su propia responsabilidad, por eso lo remordimientos no existen en esta profesión. Más bien se le saca su puntito de humor. “Como aquella vez que contactó conmigo un compañero de trabajo. Al día siguiente, cuando le vi en la oficina, no podía aguantarme la risa”.
¿Pero esto no es, en cierta manera, una forma de prostitución? “Para nada. La prostitución consiste en mantener relaciones sexuales con otra persona a cambio de dinero. En esta profesión no hay contacto físico, y si no lo hay, creo que tampoco se puede denominar relación sexual”.
Xcitación al límite bajo el anonimato
Sindy se divierte con su trabajo. Como ella misma nos ha contado, le gusta mucho el sexo y es capaz de ganar un dinero extra con algo con lo que disfruta.
Pero eso de ir contando a amigos y conocidos a lo que te dedicas en el tiempo libre es otro cantar. “Nunca se lo he comentado. De hecho muy poca gente de mi entorno lo sabe. Me parece un trabajo demasiado íntimo para hacerlo público. Además tratándose de algo tan delicado prefiero no faltar el respeto a alguien cercano si resulta que no tiene una opinión buena sobre el tema”, nos comenta Sindy.
¿Algún día lo dejarás? “Sí, es como todo. Supongo que algún día me cansaré de ello y el dinero no será suficiente. Pero por ahora eso no entra en mis planes. Estoy encantada con mi trabajo, lo disfruto, me da placer y me permite mantener un nivel de vida elevado”.
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