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Besos... el principio de la relación sexual


Toda relación sexual suele ir acompañada de una buena dosis de besos; aunque algunas, no tanto. Pero ¿sabemos la función que tiene el beso y los tipos que existen?


Besar es una actividad que se realiza en el contexto de una relación social. Está muy influido culturalmente. Y por ambas razones siempre se creyó que el beso era un acto netamente humano. Sin embargo, las observaciones más recientes han permitido constatar que otros seres vivos también se besan. Por no ir muy lejos, nuestros primos los chimpancés; sobre todo los bonobos. Eso indica que el beso no es tan humano como se pensaba, pero confirma que se trata de un acto social con diferentes funciones y que se encuentra culturalmente influido.

La principal función del beso es proporcionar al otro una señal u ofrecimiento personal de aceptación e interés. Suele ser una acción recíproca. Sin embargo, es posible que si bien uno acepta al otro dándole un beso u ofreciéndose para recibirlo, ese otro puede no aceptarlo. El rechazo de un beso es considerado en todas las culturas donde se admite como una acción altamente ofensiva, pues tiene el mismo significado de no aceptar a la persona que lo da o se ofrece para recibirlo.



Tipos de besos y cultura
Que el beso está influido culturalmente es algo bien sabido. Existen culturas, sobre todo orientales, donde está mal visto que las personas se besen en público, por castos que sean esos besos. También existen culturas donde los besos rituales de saludo son diferentes a las de otras. Es común en la Europa occidental que las mujeres se saluden con un beso, real o simulado, en las mejillas; pero no lo es tanto que lo hagan los hombres, salvo en Italia, Francia y España. Y se puede dar en un solo lado o en ambos carrillos. El saludo mediante un beso en las mejillas entre los hombres no es común en Rusia, donde se lo dan en los labios.

Del mismo modo, los besos cambian según la función social que desempeñen. Ante desconocidos, es común que los hombres besen a las mujeres en el dorso de la mano (o lo simulen), nunca al revés, si se trata de una reunión de etiqueta donde se guarda cierta distancia pese a todo. Pero si se trata de encuentros menos sofisticados con una mayor cercanía, unos y otras se aproximan para darse un beso en las mejillas (o lo simulen).

Sin embargo, el beso desempeña también una extraordinaria función de relación social en la intimidad de dos personas. Puede resultar un ofrecimiento cuya misión es aproximarse mucho al otro. Pero requiere también un consentimiento mutuo, puesto que hablamos de los prolegómenos de una posible relación sexual.



Así, en tales encuentros pueden ofrecerse besos de diferentes naturalezas. Un cálido beso seco en el rostro, es una invitación a la intimidad. Cuando ese mismo beso se da en las sienes, suele resultar más cálido y la invitación a intimar es aún más profunda.

Cuando la pareja a aceptado esas invitaciones, una manera de profundizar la relación es besar los labios. Primero superficialmente, después, poniendo en contacto las mucosas para darles oportunidad de percibir la calidez del otro y despertar las primeras sensaciones sensuales directas.

Si se besa en el cuello o en otras partes del cuerpo, las intenciones son ya diferentes. La relación íntima ya existe y lo que se persigue con esos besos es proporcionar al otro una serie de sensaciones claramente eróticas destinadas a la excitación.


Y el beso en la boca, sin evitar la humedad de los labios y utilizando la lengua para estimular la mucosa interna de las encías, es el más íntimo de los besos. El máximo de aceptación del otro y la forma de abrirse a intimar sexualmente sin reservas.

Pero su función no es sólo abrir las posibilidades de mantener una relación sexual, sino, también, la de proporcionar al otro sensaciones eróticas excitantes y estimulantes que predisponen a mantener la actividad sexual. Por eso, estos besos no sólo se dan antes de mantener relaciones sexuales, sino durante su manifestación. Es el fino sedal de oro que mantiene unida a la pareja.




Terra Mujer/ Jesús Ramos. Psiquiatría-Sexología

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