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SEXO

¡Supéralo!

¿Acomplejado en la cama? Cómo influye en las relaciones

Esos tamaños..., esas pieles..., esa inexperiencia... Existen numerosas cosas que pueden acomplejarnos cuando estamos en la cama con alguien muy querido y deseado y obstaculizar que todo vaya bien. Pero hay esperanza. Los complejos son subjetivos y pueden superarse.
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Terra Mujer / Jesús Ramos. Psiquiatría-Sexología

Que los complejos son subjetivos quiere decir que, estén basados o no en cosas reales, somos nosotros mismos los que les damos excesiva importancia, allí donde los demás no les prestan la misma atención.

Podemos creer que nuestra nariz no es perfecta porque es grande y roja como un tomate. Todos estarían de acuerdo en el acierto de esa observación; porque es un dato objetivo. Pero si creemos que no es perfecta y los demás no le ven a nuestra nariz nada de extraordinario, e, incluso, los hay que piensan que es bonita o tiene buen aspecto..., eso es señal de que hemos perdido la objetividad y estamos viendo (subjetivamente) algo malo donde no lo hay realmente. Algo así son los complejos.

Complejos frecuentes

Puede haber complejos de todo tipo. Pero los más frecuentes están relacionados con el tamaño, forma o flaccidez de los pechos o del pene, supuestas gorduras, celulitis en lugares visibles o invisibles, estrías, no ser suficientemente sexy o hábil en la cama, temor hacer algunas cosas o pedirlas, o a ser vistos por las mañanas, al levantarse, etc.

En cualquier caso, siempre está presente el temor a qué dirá el otro.

Cómo influyen en las relaciones

Los complejos ponen a quien los padece en una situación de inferioridad respecto a los demás. No porque sea realmente inferior, sino porque su complejo le hace creerse inferior, en desventaja. Los complejos producen sufrimientos innecesarios y evitables.

Es obvio que desde abajo no se puede contemplar de igual a igual a nuestra pareja. Pareja que, quizás, tiene los mismos defectos reales que nosotros, pero que, al no darles importancia, no se siente acomplejado.

Qué duda cabe que en tal situación, nadie puede disfrutar como quisiera del sexo, ni se comporta con la naturalidad que la situación requiere. Con lo que se produce la típica situación de profecía autocumplida: tememos que la cosa salga mal y así saldrá.

Cómo superarlos

Con frecuencia tales complejos son infundados. En la mayoría de las ocasiones, se trata de una sobrevaloración de algo que puede ser real. Pero hay que reaccionar y sacudirse los complejos.

En primer lugar, hay que tener siempre en cuenta que lo óptimo es enemigo de lo bueno. Es decir, por desear encontrarnos en una situación “perfecta” somos incapaces de disfrutar de las cosas buenas cotidianas. Hay que aprender a rebajar nuestras expectativas y descender más a nivel de tierra.

No está de más tener la certeza de que nuestra pareja tampoco es perfecta, tiene sus defectos y eso no impide tener relaciones sexuales satisfactorias por su parte. Interiorizar esto hará bien a la persona acomplejada.

Hablar de los supuestos defectos es bueno, porque permitirá saber hasta qué punto la pareja los valora como tales y hasta cuál no se había dado cuenta de que existieran (esto reza, sobre todo, cuando el otro es hombre).

También hay que saber otra cosa: si la pareja está con la persona acomplejada y desea tener relaciones sexuales y repetir, es que no ve tales defectos, y, si fueran ciertos, no le importan. Si a ella no le importa ¿por qué habría de importarle a la persona acomplejada?

No importan los pechos pequeños, sino su función erótica. No importa un pene pequeño, si se sabe estimular convenientemente el clítoris y se llena la vagina de cualquier otro modo.

No importa ser alto o bajo, gordo o delgado, guapo o feo; esa pareja está contigo y te desea tal cual eres. ¿Desearías menos a tu pareja si tiene algo de tripilla? Si a ti no te importan sus defectos, ¿por qué crees que a ella van a importarle los tuyos?

La perfección no existe...

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