Para empezar...
Tus primeros juguetes sexuales
El uso de juguetes sexuales se está popularizando cada vez más. Y aunque no es obligatorio su empleo, quizás te preguntes cómo iniciarte en su utilización...
Los juguetes sexuales son tan viejos como la humanidad. Existen testimonios escritos de que las mujeres griegas de hace más de 2.400 años utilizaban “olisbos” o “dildos” (durante mucho tiempo conocidos también como “consoladores”) . Y se ha encontrado un falo de piedra pulimentada de veinte centímetros de largo por tres de ancho con una antigüedad de 29.000 años .
Su uso, pues, no es nada nuevo. Lo nuevo es, quizás, la amplia difusión que se hace de ellos en los medios de comunicación que generan la impresión de que el uso de los juguetes sexuales está ampliamente extendido entre la población.
Sin embargo, tal cosa no es enteramente cierta. La utilización de vibradores, el juguete sexual más común, difiere de unos países a otros. Así, el informe desarrollado por una conocida marca de preservativos con los datos recogidos en 2005, señalaba que, por término medio, en el ámbito mundial, admitían utilizar vibradores la cuarta parte de las mujeres (24%).
Su uso parece ser más habitual en Australia (46%) y en los Estados Unidos de América (45%), mientras que en España las cifras bajan hasta el 15%. Un país conocido por la omnipresencia de vibradores en los escaparates de sus abundantes sex-shop, como Holanda, permite sospechar que su uso está muy normalizado entre su población. Puede ser. Pero su uso se circunscribe al 29% de las holandesas; cifra similar a la de los países de su inmediato entorno.
Eso significa que el uso de las manos sigue siendo la esencia de la actividad autoerótica entre las mujeres (el uso de vibradores entre los hombres es más minoritario que entre las mujeres). Las razones de que las mujeres utilicen juguetes sexuales en menor medida de lo que hace pensar la publicidad de estos son obvias, algunas (intereses comerciales), y opinables, otras. Como la vergüenza que sienten muchas mujeres aún para ir a las tiendas a adquirirlos, hasta la preferencia por lo natural.
Sin embargo, la curiosidad puede hacer aproximarse a los juguetes sexuales a algunas mujeres.
Primeros pasos
Un modo de comenzar a hacerlo, sin sentirse abochornada a la hora de adquirirlos, es utilizar masajeadores vibratorios, ampliamente comercializados en tiendas no especializadas en material erótico, o cepillos de dientes eléctricos, muy sencillos de conseguir.
Antes de iniciarse con ellos conviene saber que el hecho de que vibren les hace emitir un zumbido como el de las maquinillas eléctricas de afeitar. Eso significa que para utilizarlos conviene estar completamente a solas. Sin nadie cerca que escuche el ruido y haga alguna pregunta difícil de responder.
Y no hay que hacer gran cosa más. Si se utilizan masajeadores eléctricos, hay que seleccionar un cabezal que concentre el estímulo en un punto. Si se utilizan cepillos de dientes eléctricos, conviene retirar la pieza con el cepillo destinado a los dientes. Tras eso, sólo hay que aplicar el extremo del aparato utilizado sobre el prepucio del clítoris, buscar la zona donde el estímulo resulta más sugerente y disfrutar de las sensaciones. Es posible que se necesite lubricar un poco; basta la propia saliva. También es posible que el estímulo producido, incluso en las velocidades más altas, sea bueno pero se note que va a quedarse corto. En tales circunstancias, vale añadir el estímulo producido por un movimiento de vaivén al aparato empleado.
Para algunas mujeres, los orgasmos obtenidos de este modo no son superiores a los que se consiguen manualmente. Pero existen otras que los consideran muy superiores en intensidad. En cualquier caso, los orgasmos obtenidos mediante vibradores producen contracciones vaginales más intensas y visibles.
Pasar a los vibradores
Después de utilizar esos aparatos, se puede pasar a los vibradores propiamente dichos. Estos no tienen por qué tener forma de pene. Existen conos vibradores, vibradores con forma de patito de juguete, camuflados bajo el aspecto de una barra de labio, simples cilindros lisos que no recuerdan a un pene más que pueda hacerlo un bolígrafo, etc. también los hay con una forma ovoide que no recuerda para nada a un vibrador clásico, que están comercializados en amplias superficies de grandes y pequeños electrodomésticos; lo que facilita su adquisición.
Pese a lo que dicen los medios de comunicación, los vibradores se utilizan, básicamente, a solas. Pero también se pueden incluir en el juego erótico con la pareja.
La mejor forma de hacerlo es mostrárselo con cara de picardía en plenas caricias y aplicárselo a él como un juego. Mejor en la parte del frenillo del pene. Eso activará su curiosidad y aceptará el juego. Sobre todo si le agradan esa clase de incentivos.
Tras eso, resultará más fácil conseguir que él te lo aplique a ti y, también, hacerlo tú misma (o que lo haga él sobre sí mismo) como un espectáculo excitante para ambos.
Solo más tarde, y si él ha aceptado previamente, en otras ocasiones, que le toques el ano o que le penetres con un dedo, podrías intentar pasarle el vibrador por esa zona.
Ni que decir tiene que esos juguetes sexuales hay que lavarlos después de cada uso. Bastará agua y jabón. En cualquier caso, todos esos aparatos suelen llevar un pequeño prospecto que explica los cuidados que deben tenerse con estos instrumentos.
Terra Mujer / Jesús Ramos. Psiquiatría-Sexología


