Cómo son los hombres de hoy
La nueva masculinidad
SUMARIO
Nueva masculinidad en los hombres de hoy
Los famosos, prototipos de hombres
Durante milenios, y aún en muchos países árabes, 'lo femenino' y 'lo masculino' han quedado divididos en dos mundos separados por murallas invisibles (encarnadas en burkas y sometimiento) casi insalvables, de poder e incomprensiones. Pero después de un largo y amargo camino, las mujeres (al menos las occidentales) han lograron hacerse un hueco propio en la sociedad, fuera del poder masculino. Para el poeta estadounidense Robert Bly, en realidad, ha sido una tarea conjunta 'es decir, los hombres se dieron cuenta de que faltaba 'algo' en su interior que no habían sido capaces de dar forma, y las mujeres reclamaron su espacio con la avasalladora fuerza de las injusticias pasadas'. Así surgieron, según Bly, movimientos como el feminista, que 'reivindicaron el papel de la mujer en la sociedad, cayendo muchas veces en los mismos errores que el machismo había repetido hasta la saciedad'.
Ante el empuje liberador de la mujer, el concepto de 'hombre' hasta ese momento manejado había quedado profundamente cuestionado, por ello no le quedó más remedio al género masculino que pararse y reflexionar sobre el modelo que durante siglos dirigió su vida y encontrar, así, un nuevo rol para ser hombre desde su propia masculinidad.
Evidentemente, el modelo de hombre autoritario que desdeña la sensibilidad y las emociones en general, ha fracasado y urge sustituirlo, quizás redescubriendo el lado tradicionalmente femenino de los sentimientos. Pero… ¿cómo integrar su razón y su sentimiento, su fortaleza y su fragilidad, su sexualidad y su receptividad?, ¿cómo no tener miedo a la sensibilidad, a ceder poder, a compartir responsabilidades, dentro y fuera de hogar? En definitiva ¿cómo encontrar un nuevo rol, cuando no existe nada similar hasta el momento?
Un producto de la sociedad
Las diferencias físicas y psicológicas entre hombres y mujeres son evidentes, pero también lo son sus identidades y su forma de interactuar con el entorno, unos rasgos forjados en las familias, en sus costumbres y en las normas. No se puede hablar de 'lo masculino' sin entender su entorno cultural, la historia y la sociedad en la que se desarrolla.
Es secreto un secreto a voces que la idea de superioridad masculina viene de la educación en los hogares, donde los niños viven sus primeros pasos en sociedad interiorizando las normas y valores propios de un entorno básicamente patriarcal y machista. Después, cuando salen al mundo, en la escuela, en el grupo de amigos y a través de los medios de comunicación, se detecta que el comportamiento 'masculino' lleva implícito una serie de patrones que los diferencia de aquellos que se suponen del mundo femenino:
√ Masculinos: actividad, fuerza, dureza, empuje, arrojo, invulnerabilidad, pensamiento, racionalidad, castigo, exigencia, provisión, impulso, coraje, resistencia, ira, exterioridad, lo público, mandar, reflexión, ordenar.
√ Femenino: pasividad, debilidad, sensibilidad, contención, receptividad, fragilidad, sentimiento, emoción, recompensa, protección, cuidado, reposo, prudencia, nutrición, comprensión, interioridad, lo privado, convencer, intuición, pedir.
El hombre, por tanto, se encuentra atrapado en un laberinto de roles, que paralizan su capacidad de exteriorizar sus emociones.
Paralelamente, a la mujer, en esencia más débil, se le ha confinado a una jaula de oro y el hecho de que hoy en día los hombres sean capaces de romper estos barrotes invisibles, tan arraigados y poderosos, es un cambio de intenciones a valorar relacionado con la necesidad de expresar también sus sentimientos.
Aunque, seamos sinceras, este quiebro a la tradición no se ha manifestado por propia iniciativa, sino que ha sido motivado, de manera importante, por la nueva postura que la mujer ha ido tomando en la sociedad, arañando, poquito a poquito, su propio espacio. En la actualidad, y con el fenómeno de la globalización, se ha formalizado el ingreso de la mujer a la esfera pública, con acceso a la educación y al mundo laboral, y con participación en la vida política, con importantes puestos de trabajo y dueñas de su vida sexual.
Ante esto, o bien el hombre puede 'agachar las orejas' y seguir bajo el peso de la tradición, con el consiguiente riesgo de aislarse de la sociedad real, o aventurarse en un proceso de aceptación y comprensión personal y social. No se trata sólo de asumir rasgos denominados “femeninos”, ni de alcanzar un prototipo de hombre afeminado. Se trata de buscar un camino propio donde tengan cabida las emociones, el nuevo espacio de las mujeres y su adaptación a la esfera privada, que significa participar de la crianza de los hijos y de las actividades domésticas, ejerciendo un rol paterno comprometido emocionalmente.
La nueva identidad masculina
Frente a un modelo tradicional, va surgiendo cada vez con más fuerza el concepto de una nueva masculinidad, basado en la superación de los estereotipos generacionales. Este modelo consiste forjarse una identidad que le permita ser persona por encima de ser hombre. Se basaría en:
► Aceptar la propia vulnerabilidad masculina.
► Aprender a expresar emociones y sentimientos.
► Aprender a pedir ayuda y apoyo.
► Aprender métodos no violentos para resolver los conflictos.
► Aprender y aceptar actitudes y comportamientos tradicionalmente considerados femeninos.
Es lo que Robert Bly denomina la aparición del 'hombre suave'. 'En los setenta, empecé a detectar por todo el país un fenómeno que podríamos denominar 'el varón suave'... Se trata de gente encantadora y valiosa, que no quieren destruir la Tierra o dar comienzo a una guerra. Su forma de ser y su estilo de vida denotan una actitud amable hacia la vida'. Es, en resumen, una masculinidad que permite el desarrollo personal y profesional a través de la exteriorización de las emociones.
Del hombre de hierro al übersexual
El estudio de la masculinidad y sus procesos de construcción han dado paso a numerosos libros que han querido romper aquel antiguo tópico, tan extendido, de que 'todos los hombres son iguales'. Y han sido los hombres que, interesados en redefinir su esencia, han impulsado el cambio. De repente, el 'nuevo hombre', con un alto nivel de lenguaje emocional (antes vedado al macho) comienza a sentir un notable interés por su apariencia física.
En 1990 se publicó un 'Iron John' (en español “Juan de Hierro”) de los hermanos Grimm. Este libro, que ya se ha convertido en un clásico, iniciaría lo que se ha venido en llamar 'la nueva masculinidad', y serviría de punto de partida para que en Estados Unidos se creara el 'Movimiento del hombre mitopoético'.
A mediados de los años noventa comienza a sonar un nuevo término de la mano de un periodista británico: 'metrosexual'. Pretendía aglutinar a un nuevo hombre al que le importaba su aspecto físico y quería gustar a los demás, además de a sí mismo. A la cabeza, el futbolista británico David Beckham quien fue canonizado como patrón de este colectivo. Así se abrió definitivamente la caja de Pandora de la nueva masculinidad, que dura hasta nuestros días.
Con los metrosexuales formando parte ya de la historia, y en pleno siglo XXI, Marian Salzman, Ira Matathia y Ann O'Reilly plantearon un nuevo debate en forma de libro, 'El hombre del futuro', en el que presentaban en sociedad un concepto hasta el momento desconocido que defendía una forma diferente de entender y expresar la esencia del hombre: 'übersexual'. 'Über' significa en alemán 'muy o mucho', y con ello se quiere describir la vuelta a unos rasgos de masculinidad que se habían difuminado con los metrosexuales: la seguridad en uno mismo, la capacidad de liderazgo, la elegancia y la caballerosidad. Todo ello, sin perder el referente de igualdad, ya conquistado antaño por las mujeres.
La reivindicación del orgasmo femenino
Puede resultar extraño que tratando el tema de los hombres, acabemos hablando del orgasmo femenino. Pero la sexualidad ha jugado un papel fundamental en esta evolución varonil. Así como en algún momento los hombres elevaron a culto su órgano sexual para reafirmarse como machos, las mujeres hoy reivindican su propia satisfacción sexual para recuperar el terreno perdido, un placer físico simbolizado en el orgasmo.
Así lo indican expertos sexólogos, quienes consideran que el hecho de que las mujeres se hayan puesto en un plano igualitario al hombre en la cama, demandando su propio placer y convirtiéndose en parte activa de la relación, ha repercutido en la forma en la que el hombre se enfrenta al sexo.
En esta línea se encuentra el pensamiento del especialista y terapeuta familiar Víctor Sforzini, quien explica que hasta mediados de este siglo no era bien visto que la mujer tuviera placer sexual. 'Cuando la mujer comienza exigir el orgasmo, el hombre empieza asustarse de esa mujer que no es en absoluto inferior a él, por lo que busca adaptarse'.
Adaptarse o morir, también en el lecho, exigencias de un guión escrito por mujeres.
Surgimiento de la cosmética masculina
Ya hemos dicho que el 'nuevo hombre' no tiene tabúes ni complejos por mostrar su lado más femenino, sus sentimientos, incluso su falta de experiencia en el terreno sexual. La imagen es una pieza más de este rompecabezas de la búsqueda de la 'nueva masculinidad'. Y, poco a poco, el interés por encontrarse bien físicamente le ha ido acercando a un terreno hasta el momento exclusivo de la mujer: el de la cosmética.
Los 'cool hunter' pronto identificaron, del resurgimiento de las cenizas del metrosexual, un nuevo concepto: el denominado 'heavy user' (literalmente, consumidor habitual), hombres preocupados por su imagen que utilizan de forma habitual los productos de belleza masculina. Su perfil: de entre 25 y 49 años, de clase media-alta y urbanita. Este hombre se gasta al año unos 800 euros en productos, utiliza diariamente más de tres (y no hablamos ni del champú ni del desodorante), tiene entre dos y tres perfumes y dedica más de quince minutos a cuidarse.
En un estudio presentado por el grupo L'Oréal el pasado año se afirma que el hombre de hoy es 'más receptivo y se atreve a integrar en su rutina la aplicación de exfoliantes, cremas antiarrugas o tratamientos'. Las cifras del sector así lo confirman. En un momento de crisis, la venta de estos productos ha experimentado un crecimiento del 8 por ciento en 2009; además, tres de cada diez euros destinados a la cosmética son consumidos en nuestro país por hombres.
Esto demuestra que el cambio es un hecho y que un nuevo hombre a surgido con fuerza. Un hombre relajado, enriquecido, caballero, sensible, participativo y preocupado por nosotras y nuestra felicidad (al menos sexual). ¡Nos gusta! Aunque aún le queda mucho camino por recorrer para alcanzar esa perfección que, realidad, nos consta que sería muy aburrida.
Actores, cantantes, deportistas, se convierte en el reflejo público de la sociedad. Y la aparición de la nueva masculinidad no iba a ser una excepción. ¿Quién encarna para nosotros este rol a la perfección?
Jesse Eisenberg, James Franco, Colin Firth, Gerard Piqué, Rafa Nadal o Andrew Garfield, hombres no sólo preocupados por su su identidad masculina si no también por apariencia física. Tampoco se nos deben olvidar algunos clásicos como George Clooney, Javier Bardem y Adrien Brody, adelantados a los nuevos tiempos, han sabido llevar esta bandera con estilo a todos los ámbitos de su vida.
¿Estáis de acuerdo con nuestra selección ¿Propondríais algún prototipo masculino más?