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Amor y sexo en un mundo perfecto


Tener pareja, el secreto para encontrar la felicidad


Las encuestas claman a gritos una realidad: las personas que tienen pareja son más felices. Aunque muchos nieguen este hecho y luchen tozudamente por su individualidad, todos anhelamos un amor correspondido, eso nos otorga un estado de catatónica felicidad del que no despertaríamos jamás.


El ser correspondido en el amor y disfrutar del sexo con la persona objeto de nuestras pasiones son factores que puntúan a favor de la felicidad. Pocas cosas resultan tan dolorosas como la ausencia de la persona querida, la soledad de un amor no correspondido o el estar unido a alguien por el que no sentimos nada. Por ello, el tener pareja sólo nos asegura nuestro bienestar si nos llevamos bien con ella. Las encuestas revelan mayores niveles de felicidad entre los que dicen tener una relación estable y duradera. Incluso son todavía más felices los que aún tienen a los hijos en casa.

Entonces ¿sólo los que tienen pareja son felices?, ¿sólo aquellos agraciados con las flechas de cupido disfrutan de la cara bonita de la vida?, ¿a los 'singles' se les tiene vetado este derecho? Según Eduardo Punset, abogado, economista, ex ministro y, sobre todo, escritor y divulgador científico, que presenta y dirige el programa Redes, una persona feliz se la reconoce “porque su capacidad de amar es mayor que su miedo”.


La chispa de la vida
Coca-Cola lo tiene claro: la chispa de la vida además de encontrarla en sus tradicionales botellas de llamativa etiqueta roja, también se esconde tras el amor. Así lo ha revelado el informe presentado el pasado mes de marzo sobre “La Felicidad en España”. El estudio, basado en una encuesta realizada a 3.000 personas de edades comprendidas entre los 18 y los 65 años, indica que las personas que tienen pareja, viven en familia y no pasan apuros económicos son los más felices.

El tener pareja es un indicador importante a la hora de considerarse feliz. Aunque en nuestro país la mayoría de los encuestados considera que la salud es la principal condición para ser felices (37 por ciento), el amor es el segundo factor más importante, con un más que significativo 32 por ciento. El dinero (17 por ciento) queda relegado a un discreto tercer puesto, lo que indica que las cosas materiales no nos llenan en la vida. Del 73 por ciento de los entrevistados que tienen pareja, el 82,7 por ciento se considera “muy feliz”, frente al 17,3 por ciento de los que no tienen una relación. Es más, las personas que viven en hogares de entre dos y cuatro miembros se consideran más felices que las que están solas. Por su parte, el 14,5 por ciento de los que se declaran pocos felices viven solos, frente al 5,1 por ciento de los que dicen ser muy felices.

Los hombres, los que más sufren por la soledad
Una encuesta realizada por un portal alemán de búsqueda de pareja (Liebe.de) reveló que los hombres son los que más sufren cuando están solos. Más de un tercio de los varones solitarios encuestados deseaban una pareja para compartir su vida. Nada de ir de flor en flor, abogaban por una relación estable y seria. Mientras que en nuestro país, un grupo de investigadores acusaron “niveles significativamente más altos de soledad en todas las escalas: social, familiar y romántica” entre el sexo masculino que entre el femenino.

Después de una investigación por parte de la Universidad del País Vasco (UPV), donde se analizaron los aspectos sociales, familiares y amorosos de 517 personas, en su mayoría divorciados, basados en la Escala de Soledad Social y Emocional para Adultos (Scale for Evaluation of Social and Emocional Loneliness in Adults SESLA-S), los especialistas españoles no dudaron en afirmar que “los hombres se sienten más solos que las mujeres”. Dirigido por Sagrario Yárnoz, miembro del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico, el estudio también reveló que son los divorciados quienes tienen el nivel de soledad romántica más bajo.

Todos estos datos también son avalados por la experiencia de los abogados, muy acostumbrados a ver casos en que hombres recientemente divorciados, se vuelven a casar en un plazo mínimo de tiempo, por miedo a estar solos. Reinciden mucho más, en esto del matrimonio, sobre todo cuando ya se tiene una edad. Superado el umbral de los 50 años, el hombre siente pavor a la soledad, mientras que para las mujeres de su misma ‘quinta’ la felicidad reside en otro pilares de la vida (familia, amigos…).




Amor bajo el microscopio
Hablamos de felicidad emocional en amores consolidados en el tiempo. Un estudio realizado en 1990 en Italia entre un grupo de estudiantes de nivel superior que aseguraron sentirse enamorados, indicó que las personas recién enamoradas presentaron algunos síntomas de Desorden Obsesivo Compulsivo (DOC), que produce, como su nombre indica, una obsesión por cosas insignificantes, como la necesidad de lavarse constantemente las manos o de comprobar una y otra vez si nos hemos dejado la luz del baño encendida. Por lo tanto, los amoríos de un momento pueden provocar ciertos estados eventuales de depresión, por ese estado de incertidumbre de si la relación llegará a buen puerto o no. ¿Por qué?

Bajo el microscopio el DOC presenta (o más bien ausenta) unos niveles inusualmente bajos de serotonina, un neurotransmisor asociado con la ansiedad y la depresión. En este sentido, los estudiantes tocados por Eros registraron niveles de serotonina un 40 por ciento más bajos que los compañeros que negaron la presencia de este sentimiento. Sin embargo, transcurrido un año de relación, los efectos bioquímicos de este neurotransmisor desaparecieron, regresando a la normalidad y, por tanto, a un estado de plena felicidad. Un descubrimiento colateral dentro del estudio fue el de los efectos que la serotonina provocaba en la sexualidad. A menores niveles en el cerebro, más actividad. Así se puede explicar la ansiedad por el sexo que se suele dar en esta primera fase de atracción y enamoramiento.

El desarrollo de tecnologías capaces de generar mapas de la actividad cerebral también ha contribuido a la comprensión de la “fisiología del enamoramiento”. Andreas Bartels y Semir Zeki, del Colegio Universitario de Londres, utilizaron Imágenes de Resonancia Magnética Funcional (fMRI, por sus siglas en inglés), que utilizan pulsos magnéticos inocuos para medir los cambios en los niveles de oxígeno que indican actividad de las células nerviosas, para el estudio de este estado del ser humano. Mientras estaban en el interior del escáner, los investigadores mostraron a los jóvenes que habían caído en las redes del amor fotografías de sus parejas, así como de sus amores platónicos (cantantes, actores, deportistas…). Zeki y Bartels señalaron cuatro zonas cerebrales que se activaron con estas imágenes, entre ellas las responsables de la sensación asociada con “mariposas en el estómago” y otra conocida por su respuesta a la euforia inducida por drogas, mientras que una más permaneció notablemente inactiva en la corteza prefrontal, que comúnmente se muestra sobreactiva en pacientes con depresión.

En esta misma línea se encuentran los estudios de Jack Pannksepp, químico de la Universidad Estatal Bowling Green, que afirma que en sus investigaciones se ha evidenciado que el cerebro produce opiáceos, grupo de químicos similares a las sustancias adictivas contenidas en ciertas drogas, cuando una persona se encuentra en trance profundo de enamoramiento, lo que le lleva a un estado transitorio de felicidad.


Amor, sexo y un mundo feliz
¿Qué si soy feliz?, pero ¿qué es la felicidad? Seguro que en más de una ocasión a la primera pregunta has contestado con la segunda. Cada persona tiene un concepto de la felicidad diferente. Definiciones hay muchas, pero todos coinciden que uno de los pilares sobre el que descansa es el hedonismo, es decir, disfrutar del placer por el placer. El sexo se considera una fuente de placer donde van a beber dos personas y si este acto va acompañado de amor, es muy fácil asociar estos momentos a la felicidad.

Por tanto, el sexo importa, y mucho. Las relaciones sexuales condicionan la felicidad y el tenerlas regularmente ayuda a sentirse bien con la pareja y con uno mismo. Nadie puede vivir plenamente con su pareja sin química sexual, las palabras a lo largo de los años no son suficientes. Sexo y amor van unidos en esto de la felicidad. Sólo tienes que mirar a tú alrededor: las personas enamoradas, con una vida sexual satisfactoria, se las ve sanas, felices, alegres. Pero, ¿por qué? La respuesta, como siempre, la encontramos en los laboratorios.

La plenitud en la vida sexual estimula la secreción de endorfinas, que son conocidas como las “hormonas de la felicidad”. Ellas nos hacen que nos sintamos tranquilos y satisfechos. Tener una vida sexual plena, tiene como consecuencia convertirse en una persona feliz. Aquí está la clave.

Pero nuestro cerebro tiene otros mecanismos para recargarse de las endorfinas si no se tienen relaciones sexuales. La risa, el ejercicio o realizar otras actividades que nos reporten placer, como quedar con las amigas o ir de compras, también son fuente de donde extraer esta sustancia. Por lo tanto, no se trata de andar a la carrera en busca de amantes que nos hagan liberar estas ‘hormonas felices’ cuando no se tiene pareja. Los sentimientos en la cama siempre juegan a nuestro favor.

En el libro Un mundo feliz, de Aldous Huxley, se describe un futuro en el que se han eliminado cualquier tipo de emociones para conseguir la felicidad. Los hombres se reproducen por clonación, las pasiones internas, que podrían dar lugar al sufrimiento, quedan eliminadas reduciendo el contacto físico exclusivamente a la consecución inmediata del placer. Es un mundo perfecto, del que se ha destronado el sufrimiento y, por tanto, las relaciones y los sentimientos. ¿Pero podemos encontrar en esta deshumanización la verdadera felicidad?


¡Salud!
Quién no ha sentido alguna vez esa embriagante sensación de estar enamorada: unas cosquillas te recorren todo el cuerpo cada vez que le ves, no paras de sonreír y saludar a todo el mundo, los problemas que ayer no tenían solución, hoy de repente se han evaporado, todo parece más bonito y alegre, caminas sobre algodones sin apenas rozar el suelo. Es una sensación maravillosa no sólo emotiva, también física. La piel se tensa y se ilumina, la circulación mejora, la digestión es más fluida, los dolores musculares desaparecen por ese estado de relajación, las defensas del organismo se refuerzan… en definitiva, el estar enamorados nos hace ser personas más saludables.

La ciencia actual atribuye la capacidad de enamorarse a complejas reacciones químicas cerebrales. Muchos son los mecanismos que se ponen en marcha en nuestro interior relacionados con el amor, la pasión, el deseo, la tranquilidad... Las feromonas aparecen por el simple contacto de unos labios, el sudor influye en la atracción, la dopamina, la progesterona, los estrógenos y los andrógenos, van unidos al deseo… Al mismo tiempo, el amor proporciona al enamorado que es correspondido un equilibrio personal físico y psíquico. ¿Se puede pedir más?

A medianos de los años noventa varias investigaciones ya habían demostrado que las personas optimistas superan antes las secuelas de un ataque cardiaco. No es que la felicidad cure, si no que nos protege de las enfermedades. Un estudio holandés concluye que ser feliz puede asegurar la longevidad. Como afirma el profesor Ruut Veenhoven, de la Universidad Erasmo de Rotterdam, ser feliz es tan eficaz como dejar de fumar, puesto que la felicidad es susceptible de alargar la vida entre 7,5 y 10 años. Si el amor nos asegura la felicidad y la felicidad nos asegura la salud, no nos queda otra: ¡enamorémonos!

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Terra / Miriam Montero, Sport Managers

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