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PAREJA

Ingredientes para ser feliz eternamente

Cómo vivir en pareja y no morir en el intento

¿Quién dijo que la vida de pareja es fácil? Es habitual escuchar a gente de nuestro entorno declarar el fracaso de sus relaciones. Entonces nos paramos a pensar qué se debe hacer para que una vida de pareja sea posible y no haya que "morir en el intento". ¿Cuál es la fórmula mágica por la que algunas parejas logran el equilibrio y comparten una vida entera juntos? ¿Cuál es el secreto del éxito? Investigamos sobre esos ingredientes que consiguen que una pareja sea feliz eternamente.
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Terra Mujer / M. M. Garrido

En plena era de Facebook es fácil ver entre nuestros contactos cómo cancelan un amor tras otro con tan sólo un clic. Matrimonios fugaces y divorcios exprés que demuestran cómo las parejas acaban caminando en direcciones opuestas, persiguiendo una felicidad de anuncio que no existe. Cambiando de pareja como quien cambia de electrodoméstico, y no porque haya dejado de funcionar, sino porque se ha encontrado otro más nuevo y, en ocasiones, mejor.

Entonces levantamos la cabeza y los vemos a ellos. Toda una vida juntos. Luchando contra las teorías de los científicos que afirman que el amor tiene fecha de caducidad: tres años, para ser exactos, según un estudio de la Universidad de Nueva Jersey. ¿Por qué ellos sí y nosotros salimos huyendo al primer atisbo de crisis? ¿Por qué rompemos? España es el país con mayor tasa de divorcios de la Unión Europea, y aún así seguimos luchando para descubrir el secreto para vivir felices en pareja.

Vamos a indagar en este peliagudo tema intentando desentrañar las claves del éxito de esa manida palabra que inundan las canciones románticas: 'forever'. Un adelanto: humor, ingenio, paciencia y mucha flexibilidad ante las turbulencias, que serán muchas.

Algo más que amor

El primer estadio de la pareja es el enamoramiento, el amor pasional, de atracción, que nace de la sinrazón y que nos hace ver a nuestro partenaire como un príncipe, por muy rana que sea. Pero esta clase de amor no es suficiente para cimentar una relación. Quien ama sólo con el estómago tiene los días contados, pues basa su relación en el engaño, en el sinsentido, en el no reconocer verdaderamente cómo es la otra persona, negándonos a ver sus detalles, sus sinsabores, sus errores, que es lo que les hace ser realmente como son. Por lo que desarrolla una relación inmadura, superficial, que termina por derrumbarse ante cualquier imprevisto.

Pero si al amor estomacal se le une el cerebral, y a esto se le añade mucha confianza, respeto, comunicación y sexo, le damos más vida a la relación. Cuando logramos amarlo desde la realidad, reconociendo tal y como es, damos un salto al amor maduro,, que es el que realmente es capaz de sobrevivir.

¿El error? Una vez que conocemos a la otra parte, querer transformarla a nuestra imagen y semejanza. ¿Otro error más? Querer que nuestro compañero adivine lo que deseamos sin necesidad de decírselo. ¡Un clásico! Pero eso es algo tan utópico como que te toque el Euromillón. ¿Y qué se obtiene con estas actitudes? Frustración, reproches y... fracaso.

"Joanne siempre me ha dado apoyo incondicional en todas mis decisiones y esfuerzos, eso incluye mis carreras de coches, que ella deplora. Para mí eso es amor"
(Paul Newman a su amor durante más de 50 años, Joanne Woodward)

10 ideas que te resultarán útiles

Si deseas con toda tu alma que tu relación sea infinitamente perdurable en el tiempo, tal y como lo son en las 'pelis' románticas, empieza desde ya a ejercitarte en todas las operaciones racionales que te proponemos. Aunque no es tarea fácil y te traerá bastante cansancio, preocupaciones, angustias y sinsabores, el resultado final es el éxito. Así que abandona tus miedos y toma nota.

1. Más comunicación. Todas las parejas aseguran que tienen un excelente nivel de comunicación, pero la realidad nos dice que éste es precisamente uno de los principales motivos de consulta en las terapias de pareja. Los psicólogos afirman que uno de los problemas que provoca esta incomunicación es que somos incapaces de ponernos en el lugar del otro.

2. Conocimiento mutuo. Las abuelas suelen decir que nunca se conoce a nadie profundamente, ni aun pases cien años con esa persona. Sin embargo, y aquí está la paradoja, el único camino que tiene una pareja parea sobrevivir es el del conocimiento mutuo, sobre todo a nivel afectivo, sólo así se puede querer de verdad. No es un proceso de aquí y ahora, esto lleva prácticamente toda la vida.

3. Saber administrar los recursos afectivos. Una relación es un proyecto en común, un trabajo, una pyme en la que nosotros somos jefes y 'curritos' que con pico y pala tenemos que construir unos pilares duraderos si no queremos hacer un E.R.E. y, en el peor de los casos, acabar declarando en quiebra nuestra sociedad. Y para ello no necesitamos de cemento, sino de recursos personales y afectivos como el saber escuchar, comprender, respetar y atender las necesidades del otro, sin menospreciar las nuestras, claro.

4. Estar dispuesto a hacer horas extras. Una pareja requiere mucha dedicación, por eso hay que hacer muchas horas para mantener este proyecto en común, y esto no es tarea fácil. Ponerse de acuerdo sin discutir, planificar, organizarse, evaluar posibles riesgos, estar preparados para enfrentar los malos tiempos, saber escuchar, opinar sin dañar… en definitiva, ser proactivos en la relación, y todo porque se ama incondicionalmente, así de simple... y de cansado.

5. Vivir en la verdad y en la confianza. La mayoría de los fracasos de pareja no son por problemas económicos, sino que siempre llevan implícitos la ausencia de confianza. Piensa por un momento qué harías si tu relación está basada en la mentira. ¿Podrías ser feliz?, ¿podrías llegar a amar a alguien que te es infiel?, ¿podrías comprometerte con alguien inconsecuente, que obra de forma diferente a como habla? Pero la confianza no significa que tengamos que contarnos todo, ni tener las contraseñas del móvil o de Facebook. Más bien al contrario, esta actitud está generada por desconfianza. Confianza es honestidad recíproca, sin sentirse investigado, observado, ni calificado.

6. Construir proyectos en común. Una pareja sin proyectos se convierte en, simplemente, compañeros de piso con derecho a pernada. Es necesario construir proyectos tanto en común como individualmente. Con metas a la vista, más allá del amor mutuo.

7. Las pequeñas cosas del día a día. Una cerveza en una terracita, un cine, un libro, hacer la compra juntos... todas estas actividades fomentan la relación de la pareja. Se trata de compartir cosas que que os gusten a ambos. Pero también hay que estar dispuesto a compartir las tareas más ingratas, como las del hogar. Esto evitará los conflictos tipo: "tú tumbado en el sofá mientras yo no he parado de planchar", "sí, eso, sal con tus amigotes, que yo mientras me quedo aquí limpiando la casa".

8. Ser altruista y ayudar a que conquiste sus deseos. Poner cortapisas a los deseo de la pareja es matar poco a poco el amor. Por eso no hay nada más especial que colaborar para que nuestra pareja conquiste su propia libertad, y, en ningún caso, poner la relación como impedimento para lograr alcanzar sus sueños y deseos. El mismo altruismo hay que aplicarlo en los sentimientos y el amor. Hay que evitar esas actuaciones egoístas de que cuando se da un beso, hay que recibir un beso; y cuando se hace una caricia, se responde con otra caricia. Esto no es amor, sino una transacción emocional.

9. Sentido del humor. Una pareja que ríe unida permanece unida. Si te lo pasas genial con tu pareja, tanto como con tus amigos, tenéis mucho recorrido andado. El sentido del humor y la complicidad son ingredientes básicos para que perdure una relación, ya que cuando inevitablemente con el paso de los años aparece la rutina, es la única tabla de salvación. Cuando salta la alarma, una buena ración de risas hacen recuperar la chispa.

10. Sexualidad. Cuando hablamos de pareja es inevitable hacer referencia al sexo, por ser un componente vital de la relación. Una buena porción de intimidad cada poco tiempo ayuda a mantener un deseo que a veces se tambalea con la palabra 'estabilidad'. El hastío en ocasiones llega con la falta de comunicación sexual. No expresamos lo que realmente nos gustaría recibir, ni las fantasías que queremos probar y, lo que es mucho peor, tampoco manifestamos lo que nos incomoda de la relación sexual. Hay cosas que se hacen por complacer al otro aunque no se esté satisfecha. El silencio es el peor enemigo del deseo.

...Y, sobre todo, respeto. El respeto significa un trato digno, lo que implica la ausencia de palabras descalificadoras, las humillaciones, las vejaciones, y por supuesto, la agresión física, verbal y psicológica.

"Amar no es mirarse el uno al otro, es mirar juntos en una misma dirección"
(Antoine de Saint-Exupéry)

Cómo discutir sin acabar con la vajilla del ajuar

El roce hace cariño, sí... pero también en ocasiones escuece. El hecho de que una pareja tenga una vida estable, no significa que sea un amor de película. Aquellos que en su vida en común no hayan tenido ninguna discusión, 'que tiren la primera piedra'. El problema es convertir esas diferencias en algo habitual y acaben entrando en un sendero peligroso de reproches y resquemores, al querer demostrar a cualquier precio que siempre somos nosotros los que tenemos razón.

Muchas parejas se acostumbran a vivir en esta disfuncionalidad, en el conflicto permanente, la acusación mutua. Se quedan en la queja y no buscan soluciones que les permitan mejorar su relación. Si se insiste en escoger esta vía de luchas de poder, el final está claro. Así lo afirma el psicólogo Jean-François Vézina, autor de 'La aventura del amor', un título que refleja muy bien lo que es vivir en pareja.

Entonces, ¿debemos evitar las discusiones? Pues no, porque una pareja sin 'peleas' es como un jardín sin flores. Mostrar diferentes puntos de vista resulta un revulsivo para que la pareja no muera y acabe en el hastío, pero sin gritar, ni acusar o exigir, porque solucionar los conflictos sin dramatizar es posible. Cuando la relación está basada en el respeto, se discute de forma asertiva, no agresiva. Hablamos de lo que nos molesta, sin entrar en calificaciones, ni agredir verbalmente y mucho menos físicamente. Cuando se cruza esta barrera, ya es difícil dar marcha atrás. Faltar el respeto al compañero hace tambalear la estabilidad emocional.

Disposición al cambio es la clave. Cuando hay situaciones que generan conflicto, la responsabilidad es de ambos, y si un miembro de la pareja no modifica su conducta la relación será conflictiva.

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