Espacio publicitario
Buscador Terra. Buscar en Internet
NIÑOS

¡Fuera temores!

Combate los miedos y fobias de tu hijo

Los miedos infantiles son normales en el crecimiento y desarrollo de tus hijos. De los monstruos a los médicos, cada edad cuenta con sus propios temores. Conviene no exagerar pero también estar atentos: hay una delgada línea roja que da paso al terreno de las fobias.
Votar  
Tuenti Menéalo
Terra Mujer / Teresa Sánchez

Temor a los animales y las alturas, a los insectos o a la visita al médico y también frente a todo un imaginario acechando tras la oscuridad. Son posiblemente los miedos más recurrentes de la infancia, ese pequeño paraíso a través de cuyas rendijas asoman, sin embargo, los peores monstruos.

En las edades más tempranas, la separación de la madre y el miedo al dolor físico completan el listado más aterrador de los pequeños, que aproximadamente a partir de los seis años, comienzan a evaluar su lugar en el mundo, su entorno social. Es entonces cuando compañeros y profesores reemplazan a los antiguos fantasmas, y también cuando comienzan a emerger también como conceptos el miedo a la muerte y a lo desconocido.

Pero ¿cuál es la diferencia entre el miedo y las fobias? No se trata sólo de una cuestión cuantitativa. Las fobias significan la consolidación del miedo a lo largo del tiempo, pero también una serie de añadidos hacia los que conviene prestar atención. Se puede empezar a hablar de fobias cuando el miedo es desproporcionado, prolongado e incontrolable, y paraliza la vida del niño en aquéllos entornos que reconoce como origen o ecosistema de sus temores.

Cómo surgen

En la fobia escolar, por ejemplo, el niño puede identificar de manera permanente con la escuela el sentimiento de rechazo que le provocaron originalmente situaciones ocurridas en ese entorno. La fobia, como el temor, anticipa el peligro. Es una respuesta adaptativa que provoca que el organismo reaccione: por este motivo segrega adrenalina como si se estuviera enfrentando ya al peligro. A diferencia de los miedos transitorios, las fobias enraizan en el comportamiento y se hacen fuertes.

Fobia social

En ocasiones, algunas fobias pueden comenzar a mostrarse bajo el engañoso disfraz de un determinado carácter. Es el caso de la fobia social, que aparece enmascarada de timidez, y, sin embargo, llega a convertirse en un motivo de verdadera angustia para niños y adolescentes.

Puede responder a una experiencia traumática en la que el temor ha conseguido calar tan hondo como para bloquear cualquier manifestación que les comprometa en un entorno social, desde leer frente a compañeros de clase a participar en cualquier tipo de actividad grupal. La incomodidad extrema que les provoca se les antoja entonces insuperable.

Síntomas

Los síntomas abarcan desde mareos, temblores, sudoración, aturdimiento, aumento de la frecuencia cardíaca o, en los casos más severos, incluso sensación de ahogo, ansiedad o desmayos. El carácter de cada niño es un condicionante del grado de intensidad con que pueden experimentar miedos y fobias, pero sin duda también tienen peso las actitudes que incorpora de su entorno más cercano, especialmente familiares y del ámbito escolar.

Diagnóstico cualificado

En cualquier caso, un diagnóstico cualificado será el que determine el grado de complejidad de la fobia, y hasta qué punto está bloqueando su desarrollo emocional. La comprensión de la familia es uno de los pilares para que comience a compartir esa pesada carga, pero conviene no olvidar que cuando la fobia comienza a consolidarse en su personalidad, limitándola, la ayuda temprana de un especialista infantil es determinante para atajarla.

Diccionario de fobias

Aelurofobia: quizás no conozcas el término, pero muchos pequeñines padecen este temor irracional a los gatos o a ser atacados por uno.
Coulrofobia: miedo a los payasos. Especialmente en la infancia, el carácter grotesco de maquillaje y peluca puede resultar más que perturbador. En 2008, investigadores de la Universidad de Sheffield realizaron un estudio experimental con 255 niños británicos de más de 4 años, concluyendo que a los más pequeños les atemorizan las habitaciones decoradas con payasos.
Aracnofobia: temor irreprimible hacia esos bichos ciertamente repugnantes para la mayoría de los seres humanos, las arañas. Si el temor se extiende a los animales en general, nos referimos a ello como Zoofobia.
Ablutofobia: término que sirve para significar el miedo a lavarse (también ducharse, o bañarse), mientras que la Hidrofobia relacionaría el temor con el agua en general.
Agorafobia: del griego agora, plaza, y fobia, temor, se utiliza como término psiquiátrico para describir, según el diccionario de la RAE, “la sensación morbosa de angustia o miedo ante los espacios despejados”
Claustrofobia: también con raíz griega en el encierro del claustrum, designa la angustia que produce permanecer en lugares cerrados.
Misofobia: Miedo patológico y persistente a cualquier fuente de gérmenes o suciedad. También conocida como bacteriofobia, posiblemente uno de los más mediáticos misofóbicos de todos los tiempos fuese Michael Jackson.
Selacofobia: La película de Steven Spielberg Tiburón popularizó tanto el término como el número de personas a las que la fobia a los tiburones les impiden bañarse en la playa.

La Olimpiada de los Valientes

Existen terapias psicológicas para ayudar a que los pequeños dejen atrás sus fobias. Un estudio del Colegio Oficial de Psicólogos para la Detección e intervención temprana en salud mental infantil y juvenil explora las posibilidades de los juegos de rol como modalidad terapeútica para que, representando un papel determinado en el juego, el niño se ejercite en superar sus miedos. Por ejemplo, para abordar el temor infantil a los entornos médicos u hospitalarios, se escenifica el juego de los médicos con un botiquín que le servirá para actuar como enfermero ante el hipotético paciente representado en un muñeco de trapo… y ponerle una inyección.

Otra práctica, denominada La Olimpiada de los Valientes, persigue que el niño se sienta motivado a batir sus propios records de valentía enfrentádose a cuánto tiempo es capaz de permanecer a oscuras sin sentir temor. Supervisado por un terapeuta, es el crío el que marca los límites mientras es animado verbalmente. Retroalimentación y reforzamiento hacen el resto para que, poco a poco, encuentre en el reto un elemento de superación que sustituya su temor inicial.

Votar  
Amplia el texto Reduce el tamaño Imprimir Enviar por email
Enviar artículo a
Tuenti Menéalo

Su e-mail no será mostrado en este sitio

captcha

Introduce los cinco caracteres de la imagen anterior