Qué hago con el perro
Embarazo y animales domésticos
La llegada del bebé transformará las rutinas del hogar y la atención que hasta ahora podéis concentrar en vuestra mascota. ¿Es peligroso que convivan con el pequeño? ¿Pueden ponerse celosos? ¿Qué enfermedades transmiten? Especialmente en el caso de perros y gatos, es importante que anticipéis algunos de los aspectos que pueden resultar problemáticos.
¡Al veterinario!
Programa la visita al veterinario y pon al día la cartilla de tu mascota. Si se trata de la clínica a la que acudes habitualmente, ya sabrán del comportamiento de tu perro o gato: actualízales con tu nuevo estado y déjate aconsejar. Más allá de lo estrictamente sanitario, tu veterinario sabrá darte las indicaciones para que vayas preparando a ese otro miembro de tu familia ante la llegada del pequeñín.
Si es un perro muy dependiente, quizás debas empezar a compartir con otra persona sus paseos diarios, de modo que tras el parto tu ausencia no sea tan brusca para él.
Toxoplasmosis
Si se trata de un gato, mucha atención a la toxoplasmosis, una infección que transmiten nuestros amigos los felinos a través de las heces. La embarazada puede entrar en contacto con ella simplemente al limpiar la arena sanitaria de su habitáculo o cualquier otro entorno que sea de las preferencias del minino, como un jardín.
Las consecuencias de la toxoplasmosis pueden ser fatales durante el embarazo (en casos extremos llegaría a provocar la pérdida del embrión), pero también para el desarrollo del bebé, ya que de estar contagiada le podría transmitir la enfermedad.
Una vez realizado el test al gato y descartada la enfermedad, es todavía recomendable que en los meses sucesivos la futura mamá evite todo contacto con la limpieza de las deposiciones, así como que se controlen las salidas del animal más allá del hogar familiar para evitar un eventual contagio.
Malditos roedores
Si tienes en casa un conejillo de Indias o un hámster, deberías ir pensando en alguna opción alternativa. Quizás algún familiar o amigo esté encantado de cuidarlo durante un tiempo, ya que pueden portadores de un virus nada recomendable para una mujer gestante: la denominada coriomeningitis linfocítica.
Por más que tu ratoncito tenga nombre propio y te mire con ojos tiernos desde la rueda, este virus se transmite con cierta facilidad y puede causar defectos congénitos en el bebé.
Higiene
Más allá de estas enfermedades específicas, los habitantes de la casa con un bebé o niño pequeño deberán extremar la higiene en torno a la mascota.
El lavado con agua y jabón tras estar en contacto con el animal ya sea por juegos o caricias es imprescindible para sacar de escena cualquier tipo de bacteria; si se quiere mayor comodidad, la madre debería disponer siempre de un botecito de alcohol en gel para desinfectarse las manos.
En cuanto al lavado de los recipientes de las mascotas (comederos y bebederos), cabe prestar también mucha atención pues se trata de un foco de gérmenes, y proceder a su limpieza de manera separada a la manipulación del menaje propio de la casa.
Olores
Del mismo modo que un niño mimado ante la llegada del bebé que le restará protagonismo, perros y gatos pueden tener arranques de celos. Sin embargo, gestionar la pelusa con anticipación puede dar excelentes resultados.
Los gatos son especialistas en marcar su territorio, ya que es una forma de sentirse en confianza con el entorno. Por eso les habrás visto frotarse contra sofás y muebles, arañar más de lo deseable o incluso llegar a orinar en algunos rincones de la casa. Al hacerlo, depositan feromonas para sellar con su olor el ambiente en el que se desenvuelven.
Con la irrupción del bebé, nuevos olores llegarán a su vida y el gato querrá explorarlos. Es aconsejable que antes de llegar a casa desde el hospital, uno de los miembros de la familia le lleve alguna toalla impregnada con el olor del pequeñín para que la huela y se vaya acostumbrando.
Celos
Lo más conveniente es que actúes siempre supervisando, pero con calma, sus primeras aproximaciones al recién nacido: una de las reacciones más desaconsejables es que registre una mala experiencia frente a su curiosidad, ya que relacionará al nuevo habitante con algo negativo.
Si por el momento no muestra interés, no lo fuerces… ya se acercará. Lo importante es que la relación se desarrolle de forma gradual, y que reciba estímulos positivos (una golosina, caricias, etc) cuando reclame tus atenciones mientras te ocupas del pequeño… quizás te resulte complicado, pero será la mejor forma de asegurar que en su código animal almacena estímulos positivos con la presencia del bebé.
Señales de alarma
La gestión de los celos es similar si tu mascota es un perro; ahora bien, no dejes de observar cualquier comportamiento que pudiera entrañar riesgos potenciales. En el caso del mejor amigo del hombre, encontrarás indicios si gruñe o enseña los dientes con frecuencia a personas que le resultan ajenas, también si de ese modo muestra su rechazo al sentirse molestado mientras come o reposa.
Existen terapeutas de conducta canina: busca uno antes del alumbramiento y trata de corregir un comportamiento que podría agudizarse si se siente desplazado frente al bebé.
Convivencia
Con unas pocas precauciones, la convivencia entre los más pequeñines y las mascotas de la casa es una relación provechosa que les educará en el afecto hacia los animales. Por eso también es importante que en edades más avanzadas, la familia controle los desmanes exploradores de los niños según empiezan a gatear… y a pensar que esos seres que se desplazan a cuatro patas por la casa pueden ser divertidos juguetes.
Enseña a tus hijos a mostrar respeto y a ayudarte en las tareas que tienen que ver con ocuparse de la mascota (cambiar el agua, la comida, acudir contigo al veterinario o salir a pasear por el parque con el perro) De ese modo aprenderá a cuidar de otro ser vivo con responsabilidad desde pequeño.