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Depresión postparto: por qué se produce y cómo afrontarlo

La felicidad del alumbramiento puede tornarse en una pesadilla para aquéllas mujeres que sufren depresión post-parto. Detectarla y actuar cuanto antes son clave para superar un bache que aún está penalizado socialmente. Además, ellos, los padres, también pueden sufrirla.
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Terra Mujer / T.S.

Tristeza y fatiga, alteraciones metabólicas, dificultad para conciliar el sueño o episodios de ansiedad. Todos ellos son síntomas de que la madre puede estar sufriendo una depresión postparto.

Aunque no existen cifras exactas, los estudios clínicos estiman que hasta una de cada cuatro mujeres podría presentar, en mayor o menor intensidad, alguno de estos cuadros relacionados con un estado depresivo tras el alumbramiento.

Baby blues vs. depresión

Los expertos diferencian entre el denominado 'baby blues' y la depresión post-parto.

Mientras que la primera, también conocida como tristeza de la maternidad, es un estado de melancolía de breve incidencia tras el parto (puede aparecer al tercer o cuarto día y durar poco más de una semana), la depresión post-parto es una enfermedad más severa, que suele empezar a asomar en los primeros meses y alcanza una duración prolongada.

No existe una sola tipología de depresión post-parto y el tratamiento depende en cada caso; en muchas mujeres una terapia apropiada resulta suficiente, mientras que en cuadros más serios puede requerir tratamiento para hacer frente a síntomas más críticos como la ansiedad.

Ellos también

Muy recientemente ha comenzado a destaparse el velo en torno a la depresión post-parto masculina. Según un estudio publicado en 2010 por el Journal of American Medical Association, alrededor de un 10% de padres también la sufrirían, con mayor incidencia en el periodo de los tres a los seis meses después del parto. El estudio también apunta que las parejas masculinas de mujeres con depresión post-parto mostraban mayor probabilidad de padecerla.

Factores

Detrás de la depresión post-parto asoman tanto factores neurobiológicos como del entorno. Los estudios difieren en si existe una correlación más o menos directa entre la depresión post-parto y los cambios hormonales que se registran durante el embarazo y tras el parto (disminución de estrógenos y progesterona).

Sin embargo, el espectro de desencadenantes no se limita a la química del cerebro: el estrés provocado por la falta de sueño y el cambio en las rutinas, las dificultades económicas o los cambios en la vida de pareja también hace mella.

Riesgo

Las mujeres que han padecido depresión o depresión post-parto con anterioridad pueden tener un riesgo mayor de incidencia; también se apunta al síndrome premenstrual grave como una de las variables que podrían anticipar un índice más elevado de probabilidades.

Otros factores de riesgo ante los que la madre embarazada debe estar alerta son situaciones de tensión vividas durante la gestación o sentimientos recurrentes de soledad o desamparo frente a la nueva etapa vital que implica el alumbramiento.

En todos los casos, los expertos recomiendan que la futura mamá no deje de lado su salud mental durante el transcurso del embarazo y acuda al especialista para estudiar la posibilidad de seguir una terapia de apoyo.

Estado penalizado

Aunque el espectro de la depresión post-parto es tan variado como las mujeres que lo padecen, todos los casos comparten la necesidad de ser abordados con naturalidad, pues existe aún cierto grado de penalización social hacia la madre que la padece.

Cuando los síntomas de la depresión post-parto aparecen en relación con el bebé, la madre depresiva puede mostrar falta de apego, ajenidad o rechazo… y sentimientos de culpa por no estar a la altura de vivir la maternidad con la felicidad extrema que debiera.

Uno de los nubarrones más perniciosos en esta tipología de depresión es la creencia de sentirse una mala madre. Es muy importante que tanto pareja como familia comprendan que se trata de una enfermedad y apoyen en todo momento el proceso de recuperación.

La escala de Edimburgo

La escala de depresión postparto de Edimburgo (EPDS por sus siglas en inglés), se utiliza desde hace años para identificar los casos de mujeres que pueden estar experimentándola o en riesgo de desarrollarla tras el parto si se presentan indicios durante el propio embarazo.

Desarrollada por un equipo de psiquiatras a finales de los años 80, se trata de un cuestionario compuesto por 10 preguntas que abordan diversos síntomas clínicos, desde los más puramente físicos como alteraciones del sueño o bajo estado anímico hasta sentimientos de culpa o ideas suicidas.

Entre otras preguntas, el test indaga en qué medida la madre pueda sentirse superada por la situación o carente de toda alegría, con tendencia al llanto, la ansiedad, la preocupación o incluso pensamientos autolesivos.

La metodología que se aplica requiere que la madre responda tomando como referencia su estado en los últimos siete días, así como que lo haga directamente (esto es, sin consultar con otras personas mientras lo cumplimenta) y en todo caso bajo supervisión especializada capaz de interpretar los resultados adecuadamente y determinar la tipología de tratamiento necesario.

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