¿Acelerar el parto?

Acelerar el parto es un asunto de amplio debate y en los últimos tiempos ha sido objeto de una cierta banalización al extenderse la idea de que el parto puede ser adelantado, provocado o programado según las conveniencias particulares de madres o ginecólogos. De ningún modo es así. Un parto debe transcurrir siempre por sus cauces naturales y nunca debe estar condicionado por si altera o no planes de vacaciones o cualquier otra circunstancia cotidiana.
Se recurrirá a los procedimientos para inducirlo o acelerarlo sólo en los casos en que las circunstancias médicas lo aconsejen. Las últimas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud inciden en la necesidad de devolver al parto todo su carácter de proceso natural, eliminando en lo posible todas las prácticas artificiosas que desvirtúan esa esencia.
¿Cuáles son las circunstancias en las que es aconsejable modificar ese proceso natural e intervenir para acelerarlo? Básicamente se relacionan con la duración del parto y la salud de la madre y el bebé.
Se aconseja la inducción cuando el embarazo supera las 42 semanas y hay riesgo de envejecimiento de la placenta y de que el bebé no reciba oxigenación adecuada;
cuando hay insuficiencia placentaria y el bebé está retrasado en su crecimiento;
cuando la madre sufre hipertensión, insuficiencia cardiaca, diabetes o cualquier otra enfermedad que aconseje reducir el tiempo de embarazo.
 | | Una vez que se ha iniciado el parto natural también puede procederse a la inducción si se detecta una dilatación débil o intermitente |
| Motivos para adelantar el parto También se adelanta el parto en los casos en los que el bebé tenga una enfermedad por incompatibilidad de Rh y deba ser sometido lo antes posible a tratamiento.
Una vez que se ha iniciado el parto natural también puede procederse a la inducción si se detecta una dilatación débil o intermitente que complique o retrase posteriormente el proceso.
Un parto inducido no tiene por qué ser más largo o doloroso que un parto natural y por lo general sigue sus mismos protocolos clínicos. Si se realizan a partir de la semana 31, no tiene mayores complicaciones.
Para inducir el parto se utiliza un goteo de oxitocina, una hormona que estimula las contracciones o se aplica un gel de prostaglandinas en el cuello del útero, que produce el mismo resultado. En ambos casos la operación se acelera con la rotura artificial de la membrana para permitir la salida del líquido amniótico.
Mientras estemos en tiempos correctos y tanto la madre como el bebé estén en condiciones de soportar un parto por vía vaginal, la aceleración del parto debe ser la excepción y no la norma.
| Terra Mujer / Doctora María José García Rubio |
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