  |
|
 |
El niño con fiebre

Los niños en sus 2 ó 3 primeros años de vida padecen unos 5 ó 6 episodios de fiebre al año, de modo que este problema es uno de los motivos más habituales de consulta al pediatra. Como padres, debéis tener unas nociones generales sobre la fiebre en el niño. Con este artículo aprenderéis un poco más de este síntoma tan frecuente en la infancia.
 ¿Qué es la fiebre? ¿Cómo debemos medirla?
Toda elevación de temperatura axilar entre 37 y 38ºC se considera febrícula.
En cambio, se considera fiebre toda temperatura axilar superior a 38ºC o rectal superior a 38,5ºC. Por tanto, entre la temperatura axilar y la rectal o central existe una diferencia de 0,5ºC. Cualquiera de los dos métodos de medición es adecuado, aunque se recomienda la determinación de la temperatura rectal en niños menores de 5 años y axilar en mayores de 5 años.
Las causas de la fiebre El motivo más habitual de la fiebre son las infecciones, y dentro de estas, las infecciones víricas leves y autolimitadas, es decir, que se curan solas y sin necesidad de antibiótico ni ningún otro tratamiento. Son ejemplos de este tipo de infecciones los cuadros catarrales o la gastroenteritis. Las infecciones bacterianas son una causa de fiebre menos frecuente, pero importante por ser potencialmente más graves. La neumonía o la infección de orina son ejemplos de infecciones bacterianas, que sí se tratan con antibióticos. Pero lo más peligroso son las infecciones bacterianas no localizadas, en las cuales los gérmenes se encuentran en la sangre, pudiendo dar lugar a un cuadro inflamatorio generalizado (sepsis) o a una infección del las membranas que recubren al sistema nervioso (meningitis).
 | | Para discriminar entre las dos situaciones debéis observar si están o no presentes los llamados “signos de alarma”, de los que hablaremos más adelante |
|
Hay otras causas mucho menos frecuentes de fiebre y que no son infecciones, como la deshidratación o la administración de determinados fármacos. La salida de los dientes por sí sola puede dar décimas (febrícula), pero es raro que dé una temperatura axilar por encima de 38ºC (fiebre).
Así, ante un niño con fiebre, lo importante no es tanto la fiebre en sí como qué la está causando. Estadísticamente hablando, lo más probable es que se trate de una infección vírica banal. No obstante, debéis tener también en mente la posibilidad, más remota, de una infección de consecuencias más importantes. Para discriminar entre las dos situaciones debéis observar si están o no presentes los llamados “signos de alarma”, de los que hablaremos más adelante.
Una defensa del organismo
Ante una infección, las defensas inmunológicas del organismo reaccionan para eliminar el agente vírico o bacteriano causante. Una de las respuestas es la elevación de la temperatura corporal para acelerar el flujo de la sangre y favorecer la llegada de las células defensivas al lugar de la infección. Por lo tanto, la fiebre en sí no sólo no es mala, sino que constituye una defensa frente a la infección. Sólo en contadas ocasiones la fiebre por sí sola tiene riesgos para el niño. Por ejemplo, en un porcentaje pequeño (1 a 5%) de los niños menores de 5 años la fiebre puede provocar crisis convulsivas, las llamadas convulsiones febriles.
 |
Signos de alarma Ante un niño de cualquier edad con fiebre hay que vigilar la aparición de lo que podríamos llamar “signos de alarma”, que indican la posibilidad de una infección potencialmente grave, como sepsis o meningitis. Los principales “signos de alarma” son:
Decaimiento o irritabilidad.
Palidez o piel moteada.
Aparición de manchas rojas en la piel, que no desaparecen al estirarla (llamadas petequias).
Dolor intenso de cabeza. Rigidez de nuca.
Vómitos proyectivos.
Si observáis alguno de estos signos o hay algo que os preocupa, debéis llevar a vuestro niño inmediatamente a un servicio médico.
Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones estos signos de alarma no están presentes. Entonces merece la pena esperar un poco antes de llevar al niño al médico. La fiebre es un síntoma muy precoz de la infección, y muchas veces aparece antes de que el médico pueda identificar su origen. Por eso, no os debe extrañar si lleváis al niño a vuestro médico muy temprano en la evolución del cuadro, es decir, cuando lleva unas pocas horas con fiebre, y este no encuentra la causa. Esta será más clara cuando haya pasado un poco más de tiempo. Por eso, a un niño mayorcito con fiebre, si su estado general es bueno y no están presentes los “signos de alarma”, se le puede dar su dosis correspondiente de antitérmico y esperar a ver la evolución. Si dejamos que pasen 24 o 48 horas antes de que le valore el pediatra, a este le resultará más fácil identificar el foco u origen de la fiebre.
|
|
 |
 |
|
Fiebre en el bebé menor de 3 meses
Los lactantes pequeñitos, especialmente los menores de 3 meses, tienen fiebre con relativa poca frecuencia. Y en ellos la fiebre tiene un significado más importante que en otros grupos de edad, sobre todo porque su inmunidad no está del todo desarrollada. Por eso, si un bebé de 3 meses de edad o menos tiene fiebre, ha de ser llevado a que lo vea un pediatra en ese momento. Es muy probable que este pediatra, entre otras valoraciones, realice análisis de sangre y orina. Y si quedan dudas, es posible que el bebé quede ingresado en observación.
¿Cómo tratar la fiebre? Independientemente de la causa de la fiebre, como tratamiento sintomático, se pueden dar antitérmicos. Estos son medicamentos que se pueden adquirir en la farmacia sin receta médica y que casi todas las familias tienen en casa. Los más conocidos son el paracetamol y el ibuprofeno, y la dosis a administrar depende del peso del niño. Debéis consultar con vuestro pediatra para saber la que le corresponde a vuestro hijo. Cuando la fiebre se controla mal, a veces ayuda alternar dos tipos de antitérmico. También se pueden emplear medidas físicas para bajar la temperatura, como un baño en agua templada. No se recomienda bañar al niño en agua muy fría, pues parece favorecer la aparición de las convulsiones febriles en críos menores de 5 años.
Sólo cuando la fiebre está producida por una infección bacteriana (otitis, neumonía, infección de orina...) hay que administrar tratamiento antibiótico. Este debe ser indicado por vuestro pediatra. No uséis antibióticos por vuestra cuenta. En las infecciones víricas, que son las más frecuentes, no tienen ningún beneficio. Y como perjuicio, el uso incorrecto de antibióticos puede suponer que los gérmenes se vayan haciendo resistentes. Así, en el momento en que realmente hagan falta, pueden no ser eficaces.
Como siempre, ante cualquier duda sobre la fiebre u otro problema de salud en vuestro niño, os recomendamos que consultéis con vuestro pediatra.
| Terra Mujer / Ana Alarcón, pediatra |
|
|
|
|
|