Enseña a tus hij@s a hacerlo
Protégeles contra el abuso sexual
Luisa es una mujer de 52 años que trabaja como administrativa. Ahora asiste a terapia con la psicóloga clínica Margarita García Marqués, presidenta de la Asociación para la Sanación y Prevención del Abuso Sexual Infantil, ASPASI (www.aspasi.org). De esta manera, narraba a la especialista su caso:
"Yo tenía 11 años. Él era mi profesor de música. Un día me equivoqué al tocar la guitarra y él me corrigió. Era calvo y muy gordo. Sus dedos eran gruesos. La primera vez que me tocó, fue mientras solfeaba. Puso su mano izquierda debajo de la falda de mi uniforme y comenzó a tocar mi pecho. Me incomodé y me aparté un poco. Él se acercó más a mí y me dijo que me estuviera quieta, que volviera a empezar. Hice lo que me dijo. Me callé y me fui. Así empezó todo. Sentía mucho odio hacia él. Lo que me decía, lo que me hacía y lo que me hacia hacer, era muy malo, sucio, asqueroso...".
Éste es uno de los testimonios que, con motivo de la conmemoración del Día Mundial para la Prevención del Abuso contra los Niños, que se celebra el 19 de noviembre, ASPASI muestra públicamente, para ofrecer a continuación una serie de recomendaciones dirigidas a los padres y orientadas a evitar que sus hijos sufran un posible abuso sexual infantil (ASI).
Para comprender la problemática y a lo que se enfrentan muchos menores en todo el mundo, entrevistamos a Margarita García Marqués, una de las principales autoridades mundiales en la prevención y detección de este problema y el tratamiento de sus secuelas psicológicas y emocionales.
El ASI se define como los contactos y las interacciones entre un niño y un adulto. Ocurre cuando un adulto utiliza al niño para estimularse sexualmente él mismo, al menor o a otra persona. También puede cometerlo una persona menor de 18 años cuando es significativamente mayor que el otro niño, o cuando el agresor está en una posición de poder o control sobre el otro.
Una de cada 4-5 niñas y uno de cada 6-7 niños sufren abusos sexuales antes de los 17 años de edad. Este maltrato, que sucede en todos los niveles sociales, en la mayoría de los casos lo cometen los familiares y allegados. Este es el principal motivo que ocasiona que se silencie en un alto porcentaje de los casos, alrededor del 86 por ciento.
Los miedos y las resistencias con los que hasta ahora se ha afrontado el fenómeno del ASI en nuestra sociedad, generando actitudes defensivas, de rechazo y ocultamiento, lo único que consiguen es un aislamiento aún mayor de los niños, a quienes se les deja a menudo solos ante los abusos.
Esa actitud tan habitual nos puede llevar, entre otras cosas, a bajar la guardia y descuidar uno de los pilares de la lucha contra el abuso sexual: la prevención familiar.
Cuanto antes se detecte y comience a curar un abuso, mucho mejor, porque así las secuelas para el niño podrán reducirse al mínimo. Si el problema puede atajarse antes de que suceda, todavía mucho mejor, porque evidentemente ahorraríamos una experiencia traumática.
La forma más eficaz de prevenir el maltrato sexual de los niños es que los padres mantengan una buena comunicación con sus hijos.
Es fundamental hablar cada día con sus hijos y tomarse tiempo para escucharlos y observarlos, así como informamarse de sus actividades y sentimientos. Además, hay que animar a los niños a que compartan con nosotros, como padres, sus preocupaciones, dudas y problemas.
Hay que decir al niño o niña que existen adultos que podrían intentar lastimarle u obligarle a hacerles cosas molestas o que ellos no desean hacer, aunque para ganarse su confianza, seducirlos y convencerlos, pueden mostrarse muy suaves y lentos. Que no deben admitir si algún adulto les comunica que "lo que pasa entre nosotros dos es un secreto" y explicarles que deben comunicar a los padres si un adulto les amenaza con hacerles daño a ellos o a sus padres por contar sus "secretitos".
Es importante alertar a los niños que el adulto que quiera hacer cosas con su cuerpecito podría ser una persona conocida, una persona amada o de mucha confianza, incluso alguna persona con cierta autoridad sobre ellos, por ejemplo, la niñera, un profesor, un religioso o un entrenador. Asimismo, hay que explicarles que la persona adulta también puede ser de la familia (abuelo, padre, primo, hermano o tío), aclarando que un familiar, por mucho que le queramos, puede equivocarse y hacer cosas que no están bien.