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NIÑOS

El infierno de tu hijo

Claves para detectar el bullying infantil

El acoso entre iguales, o bullying, puede transformar la vida de tu hijo en una auténtica pesadilla. No permitas que sufra y conoce las claves para ayudarle. Actúa.
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Terra Mujer / Teresa Sánchez

Quizás estés tan próxima a tu hijo como para conocer de oídas a Lady Gaga, pero quizás no lo suficiente para saber que esta celebridad es una de las que con más valentía sale a dar la cara por miles de chavales que en todo el mundo sufren el silencioso acoso de los bullies, o matones, que les amargan la vida en el barrio o en las aulas.

El activismo de Lady Gaga ha conseguido llegar hasta la Casa Blanca, donde recientemente fue recibida por uno de los consejeros de Obama para aportar su dilatada experiencia de acosada y poner en marcha programas que afronten la problemática del bullying. La reconocida artista, capaz hoy de llenar un escenario con su sola presencia, no se cansa de compartir en público las intimidaciones y burlas que sufrió en su pubertad-adolescencia.

Signos de alerta

Como toda víctima del bullying, posiblemente llegara a casa arrastrando alguno de los indicios a los que deberías comenzar a prestar atención si los reconoces en tu hijo: perder objetos o extraviar dinero, trazar rutas extrañas para ir a la escuela o pedirte sin motivo alguno que le acompañes, sufrir pesadillas, ocultar golpes y arañazos o mostrar repentinos cambios de comportamiento… son algunos de los signos de alerta para comenzar a tirar del hilo de la intimidación que puede estar padeciendo.

El campo de batalla de los jóvenes matones suele ser la escuela y su entorno. En esos territorios se afianzan para agredir psicológicamente, mediante burlas y motes, o instigar peleas en las que los chavales objeto del bullying se sienten indefensos y aislados. Una marginación que se traslada al aula, donde el acoso suele traducirse en un deterioro progresivo del rendimiento de la víctima o incluso en serias dificultades para comportarse sin traslucir la ansiedad que carga.

El fenómeno del bullying no es reciente. Uno de los padres de este término, el profesor Dan Olweus, comenzó a investigarlo en los 70. Durante más de 40 años, este investigador sueco ha servido de referencia en todo el mundo para considerar la psicología relativa al fenómeno de bullying un objeto de estudio científico y social. Basta con echarle un vistazo al Programa de prevención de Bullying eb Estados Unidos de Olweus para comprender que las bromas entre escolares superan, en más proporción de la que pensamos, lo que en ocasiones los adultos dejamos pasar en ocasiones con demasiada ligereza.

Identificar el acoso

En ocasiones, distinguir entre el bullying y roces más o menos desagradables, pero propios de la convivencia entre adolescentes, puede resultar complicado para quien hace muchos años abandonó las aulas. En España, la actualización en 2007 sobre uno de los informes más completos realizados por el Defensor del Pueblo en 2000, 'Violencia Escolar: El maltrato entre iguales en la Educación Secundaria Obligatoria', ofrece una visión detallada de la realidad que rodea el acoso entre iguales.

Las agresiones son de diversa naturaleza, y contemplan tanto los ataques físicos o incluso acoso de índole sexual como las amenazas, insultos, chantajes o la crueldad de la exclusión en sus mil y una fórmulas: ignorar a las víctimas y ponerles motes ofensivos son de los más frecuentes. En el corolario de despropósitos de los bullies también entran esconder, romper y robar las pertenencias de los chavales acosados.

¿Qué es más grave? Todo. Más allá de la violencia directa, las secuelas psicosociales de la exclusión (las burlas, los insultos, el aislamiento sistemático respecto al grupo) pueden tener consecuencias devastadoras en la personalidad de las víctimas. Por eso es crítico que los chavales sean conscientes del daño que cada mofa o vejación suponen para las víctimas, y no caigan en la falsa creencia de que forma parte de la cultura escolar.

Consecuencias sin solución

En España, el dramático caso de Jokin en 2004 trascendió a la opinión pública el infierno que viven algunos chavales. El muchacho, de 14 años de edad, se suicidó tras las continuas vejaciones, agresiones y maltrato físico y psicológico impuesto por algunos de sus compañeros de escuela.

Primeros pasos para ponerle fin

En casos de bullying, el hostigamiento puede llegar a ser insoportable, y el silencio uno de los peores aliados de las víctimas. Por este motivo, los expertos no se cansan de repetir que los testigos del acoso entre iguales, especialmente los compañeros de aula, deben ayudar a que la víctima se libere de su mordaza.

Una de las recomendaciones clave es persuadir a las víctimas de bullying a que se sinceren con algún adulto. Puede tratarse de un profesor o familiar, pero atención: que en ningún caso use la violencia contra los agresores. Tomarse la justicia por la propia mano puede empeorar la situación tanto como obviar el problema y decirle a la víctima que ha de ocuparse de sus propios asuntos sin ayuda.

Romper la ley del silencio, clave

Para propiciar esta visibilidad, es importante identificar en algunos indicios de las denominadas ’víctimas pasivas’, la pesadilla que pueden estar padeciendo. Además de altos niveles de ansiedad y muy baja autoestima, las víctimas pasivas suelen culpabilizarse de su situación. Tanto es así que con frecuencia lleguen a evaluarla como vergonzosa, frente al sentimiento de orgullo de los propios agresores respecto a sus abusos.

También resulta clave que los adultos sepan reconocer determinadas respuestas agresivas que pueden a su vez ser la máscara de las “víctimas activas” para tratar de defenderse. Impulsivos y con problemas de concentración, reaccionan ante el acoso del que son objeto. Su situación en el grupo, sin embargo, es de aislamiento y rechazo, todo lo contrario al perfil de los bullies, que se crecen en la popularidad.

El bullying se alimenta de la ignorancia y la pasividad de quienes conviven con la agresión y, sin embargo, optan por mirar de soslayo y no intervenir. Numerosos estudios realizados sobre el acoso entre iguales coinciden en que las medidas disciplinarias son eficaces cuando contribuyen a generar cambios de conducta y emocionales en los agresores. Y esto sólo es factible en tanto el entorno denuncia los comportamientos inaceptables y los condena.

Ciberbullying

Es el acoso a través de la red, pero acoso al fin y al cabo. El denominado ciberbullying ha acaparado un creciente interés por parte de padres, educadores y los propios chavales. Según el informe Riesgos y Seguridad en Internet (publicado en marzo de 2011 con las conclusiones del trabajo de la red EU Kids Online / Safer Internet de la Comisión Europea), alrededor de un 5% de los menores españoles entre 9 y 16 años afirman haber sufrido experiencias directas o indirectas de ciberacoso.

Frente al 11% que dice haber sido objeto de bullying en persona, los expertos apuntan a que existe correlación entre el acoso offline y el online, esto es, que internet sería más otra vía de actuación de los bullies para extender el alcance de su acoso que un entorno que lo propicie en sí mismo.

Las cifras, en todo caso, varían ostensiblemente por países. Los chavales españoles reportan un nivel de incidencias un poco superior a los de Portugal, Italia, Turquía y Grecia, pero aun así están entre las más bajas de Europa. Por el contrario, países como Rumanía o Estonia existe un porcentaje superior al 40% de menores que afirman haber sufrido bullying, tanto en persona como online, duplicando la media europea.

De modo que si tienes sospechas en torno a tus hijos o chavales de tu entorno, actúa. Habla y aconseja y ofrece tu apoyo de adulto. Propicia el diálogo y establécelo con sus educadores más directos si no lo tienes. Será el primer paso para ayudar a alguien que puede estar pasándolo muy mal.

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