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Cuando nace antes de tiempo

Bebés prematuros
La duración normal de una gestación es de alrededor de 40 semanas. Cuando el bebé nace entre las 37 y las 42 semanas de embarazo, se dice que es un recién nacido a término. Y cuando nace antes de las 37 semanas, se trata de un recién nacido pretérmino o prematuro. En nuestro medio se producen alrededor de un 10% de partos prematuros, de los cuales la gran mayoría ocurren entre las 32 y las 36 semanas de gestación.
La mayoría de las veces, no se conoce exactamente el motivo que desencadena el parto prematuro. Entre las causas conocidas de parto prematuro se encuentran infecciones o enfermedades maternas (como diabetes o hipertensión), hábitos maternos (como el tabaquismo o la ingesta de alcohol), embarazos múltiples o problemas uterinos (miomas, incompetencia del cuello uterino, desprendimiento de placenta), entre otros.
| Los avances en la obstetricia y la neonatología han mejorado mucho las probabilidades de supervivencia y la calidad de vida de los bebés más pequeños |
|  | Los niños prematuros suelen tener problemas de salud con más frecuencia que los nacidos a término, debido a su menor peso y a que sus órganos no están del todo desarrollados. El riesgo es mayor cuanto más pequeño e inmaduro nace el bebé. Los avances en la obstetricia y la neonatología –rama de la pediatría dedicada a los recién nacidos- han mejorado mucho las probabilidades de supervivencia y la calidad de vida de los bebés más pequeños. Aún así, los recién nacidos prematuros extremos pueden morir en los primeros días o sufrir secuelas importantes.
Los bebés nacidos prematuramente suelen requerir atención especial en la unidad neonatal del hospital. En este capítulo hablaremos de los problemas que puede presentar el recién nacido prematuro en las primeras semanas de vida, durante el tiempo que permanece ingresado en el hospital.
Del útero materno a la incubadora Una de las características de los bebés prematuros es su incapacidad para regular de forma adecuada su temperatura. Por eso, al nacer, estos bebés se colocan dentro de la incubadora. Es la forma que tenemos de reproducir las condiciones de temperatura y humedad propias del medio intrauterino.
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| Por otro lado, la inmadurez también les impide succionar y deglutir el alimento, es decir, la leche materna o la fórmula artificial. Además, dado su pequeño tamaño, estos bebés tienen pocos depósitos de glucosa, por lo que fácilmente hacen hipoglucemias. Es por esto que, en los primeros momentos de la vida, muchas veces reciben aportes intravenosos de suero o alimentación parenteral. Una vez alcanzada cierta estabilidad pueden empezar a recibir leche. Cuando el bebé es demasiado inmaduro como para succionar y deglutir, puede ser alimentado por sonda gástrica. Las mamás que desean dar a sus bebés prematuros leche materna suelen extraerla con un sacaleches, almacenarla y llevarla al hospital para que la enfermera se la dé al bebé en sus tomas a través de la sonda. Recordemos que la leche materna se puede guardar refrigerada de 0 a 4 ºC entre 24 y 48 horas o congelada durante al menos 2 semanas. A medida que el bebe crece y madura se puede empezar poco a poco a ofrecerle alimentación por boca, o incluso a ponerle al pecho de la mamá.
Es fácil imaginar que el bebé prematuro es más vulnerable a las agresiones externas. Hemos de cuidar su atmósfera, tratando de reducir al mínimo el ruido y las luces molestas. Por otro lado, su sistema de defensas es más débil, de modo que están menos protegidos frente a las infecciones. Esto nos obliga a un cuidadoso manejo del niño y de los dispositivos que utilizamos para sus tratamientos, como catéteres, sondas, tubos...
Posibles complicaciones médicas Existen una serie de enfermedades que puede presentar el recién nacido prematuro en las primeras semanas de vida. Son las que condicionan la evolución del bebé en los primeros días, pero también la posibilidad de que aparezcan problemas o secuelas a largo plazo. Estas son algunas de ellas.
Dificultades respiratorias. Los bebés más prematuros carecen de una proteína llamada surfactante que se produce en los pulmones e impide que los alvéolos se colapsen y puedan llenarse de aire. Esto les provoca dificultad para respirar y oxigenarse, y a menudo necesitan oxígeno adicional y asistencia respiratoria mecánica para mantener dilatados los pulmones. Es posible tratarlos con un dispositivo llamado CPAP (que son las siglas en inglés de “presión positiva continua en las vías respiratorias”), que aporta una mezcla de aire y oxígeno a presión a los pulmones del bebé a través de unos pequeños tubos que se colocan en la nariz. El CPAP ayuda al bebé a respirar, pero no respira por él. Los bebés más enfermos pueden necesitar temporalmente la ayuda de un respirador que respire por ellos mientras sus pulmones maduran. Otro de los tratamientos consiste en la administración del surfactante de origen animal o sintético, que suple la función del surfactante natural, abriendo los alvéolos pulmonares y permitiendo que desarrollen su función de intercambio de gases.

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El centro regulador de la respiración de estos bebés también es inmaduro, y en ocasiones, dejan de respirar durante unos segundos. Los bebés prematuros están monitorizados para detectar estas apneas. Y si dejan de respirar, la enfermera puede estimularlos dándoles palmaditas o frotando sus plantas de los pies.
Durante la vida fetal existe un vaso, llamado ductus, que hace que la sangre no pase por los pulmones, ya que el feto recibe el oxígeno que necesita a través de la placenta. Normalmente, este vaso se cierra poco después del nacimiento para que la sangre pueda ir a los pulmones y oxigenarse. En los prematuros, el ductus no siempre se cierra adecuadamente, lo cual puede provocar una insuficiencia cardiaca. La persistencia del ductus se puede diagnosticar por la aparición de un soplo, y se confirma mediante ecografía cardiaca. Para su tratamiento se emplea un fármaco que ayuda a cerrarlo. Y en caso de que el tratamiento médico no sea eficaz, puede ser necesaria la cirugía.
Inflamaciones intestinales. La enterocolitis es un cuadro inflamatorio intestinal, potencialmente grave, que presentan algunos niños prematuros hacia las 2 ó 3 semanas del nacimiento. Produce mala tolerancia del alimento, distensión abdominal y un deterioro clínico general. Ayudan a su diagnóstico la radiografía de abdomen y los análisis de sangre. El tratamiento consiste en dejar al bebé a dieta, con alimentación endovenosa, y administrar antibióticos. Y en algunos casos, es necesario realizar una cirugía para extirpar secciones lesionadas del intestino.
 | | Los catarros habituales de la infancia pueden exacerbar la insuficiencia respiratoria |
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Aproximadamente, entre un 10 y un 50 por ciento de los bebés nacidos antes de las 34 semanas de gestación sufre una hemorragia cerebral. El sangrado suele producirse dentro de unas cavidades naturales que existen en el cerebro llamadas ventrículos (hemorragia intraventricular). Habitualmente, estas hemorragias se producen en los primeros días de vida, y su diagnóstico se realiza mediante una ecografía cerebral. En la mayoría de los casos se trata de sangrados pequeños que se reabsorben espontáneamente, provocando pocas o ninguna consecuencia grave. Las hemorragias más importantes pueden provocar una dilatación de los ventrículos cerebrales, de modo que el tejido cerebral se comprime y puede dañarse. Cuando se produce esta dilatación (llamada hidrocefalia), puede ser necesaria la colocación de un tubo que drene el líquido de los ventrículos (válvula de derivación).
El bebé prematuro nace con los vasos de la retina sin desarrollar. Diferentes agentes externos, sobre todo los cambios en la oxigenación, pueden hacer que estos vasos se desarrollen de una forma anormal. Esta complicación la diagnostica el oftalmólogo examinando el fondo de ojo, y se observa sobre todo en los bebés nacidos antes de las 32 semanas de gestación. Puede ocasionar hemorragias y cicatrices capaces de dañar la retina, y a veces producir la disminución de la visión. En los casos de retinopatía leve no es necesario hacer ningún tratamiento, y los ojos se curan solos con poca o ninguna pérdida de visión. En los casos más graves, el oftalmólogo puede tratar de frenar la proliferación anormal de los vasos mediante disparos de láser, deteniendo así la progresión de la enfermedad y reduciendo el riesgo de complicaciones.
Enfermedad pulmonar. Suelen presentar una enfermedad pulmonar crónica que afecta con más frecuencia a los bebés prematuros que han requerido ventilación mecánica y oxígeno durante muchos días. Estos bebés sufren edema, inflamación y lesiones pulmonares que pueden verse en las radiografías. A veces estos niños necesitan oxígeno durante meses, además de otros tratamientos médicos. Y los catarros habituales de la infancia pueden exacerbar la insuficiencia respiratoria. Con el paso de los meses, el tejido pulmonar se va regenerando, y este problema suele resolverse antes de los dos años de vida.
| Terra Mujer / Ana Alarcón, Pediatra |
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