Adiós intimidad
El bebé nos ha distanciado
Huye del topicazo de la familia feliz, sobre todo si sueles compararte a la baja con esa imagen idílica tan asentada en el imaginario colectivo. El espectro de nuevos retos a los que enfrentarse como pareja se multiplica exponencialmente con la llegada de un bebé a la familia. Más allá de la sonriente postal con el recién nacido, el aterrizaje de ese nuevo miembro desestabiliza a la pareja en más ocasiones de las que estamos dispuestos a reconocer socialmente. Los expertos aconsejan que no cunda el pánico y que reine el diálogo para afrontar esta nueva etapa de la relación.
Huye del topicazo de la familia feliz, sobre todo si sueles compararte a la baja con esa imagen idílica tan asentada en el imaginario colectivo. El espectro de nuevos retos a los que enfrentarse como pareja se multiplica exponencialmente con la llegada de un bebé a la familia. Más allá de la sonriente postal con el recién nacido, el aterrizaje de ese nuevo miembro desestabiliza a la pareja en más ocasiones de las que estamos dispuestos a reconocer socialmente. Los expertos aconsejan que no cunda el pánico y que reine el diálogo para afrontar esta nueva etapa de la relación.
Decepción
Los sentimientos de decepción no son ajenos a la paternidad, pero lo más sano es reconocer qué los motiva. Con la llegada del primer bebé, cada miembro de la pareja adquiere un nuevo rol de madre o padre que pueden resultar desconocidos hasta la fecha. De los simulacros con sobrinos o los niños de los amigos se trasciende a una realidad que no siempre resulta tan satisfactoria como habíamos imaginado.
Tu pareja puede haber sido hasta la fecha un compañero/a cargado de inteligencia, capacidad resolutiva y diversión… y sin embargo, todo esto no es incompatible con que en la primera etapa desde el nacimiento de vuestro hijo tengas la sensación de que todos esos valores parecieran desvanecerse en el día a día. No alimentes a la decepción: los bloqueos de cada ser humano son diferentes y aparecen sin avisar. Pero sobre todo, ni son permanentes ni merecen ser demonizados. Cuida a tu pareja y busca espacio para el diálogo, pues vuestra relación es la base de la familia que estáis tratando de construir.
Celos
Padres celosos de madres dedicadas por completo al nuevo rey de la casa y (más raramente) viceversa. No solo el bebé está buscando su espacio. Puede tratarse de una reacción inmadura, pero los celos en pequeñas dosis son una especie de ajuste que responde al escenario en transformación.
Resulta tan perjudicial hacerse con toda la carga de la situación como obviar que el otro se puede estar sintiendo excluido. En el caso de un recién nacido, el vínculo de la alimentación marca una relación de dependencia ineludible con la madre. Sin embargo, en etapas más avanzadas del crecimiento, tanto ellos como ellas corren el riesgo de volcarse absolutamente el hijo y desatender a la pareja. Error. De los celos mal gestionados al resentimiento hay una delgada linea roja que mejor será afrontéis cuanto antes, pues pueden comenzar no solo a distanciaros como pareja, sino a que el bebé asome para uno de los dos como el culpable del problema.
Postparto masculino
También existe la creencia generalizada de que la depresión postparto es solo cosa de mujeres. Pero en los últimos años diversas investigaciones científicas han comenzado a prestar especial atención a qué les sucede a ellos después del parto.
Los americanos, que encuentran siglas para todo, lo denominan PPND (Paternal PostNatal Depression); en la red abundan contenidos en inglés en torno a esta afección que sufren más hombres de los que podríamos pensar en principio. Un estudio del Journal of the American Medical Association publicado en 2010 sobre el análisis de más de 28,000 padres determinó que hasta el 14% podría haber sufrido depresión tras el nacimiento del niño.
Y la cifra se elevaba hasta el 25% en el periodo de los tres a los seis meses del bebé. Si la depresión post parto masculina es un tema que empieza a asomar entre visillos, la femenina ha sido tabú hasta muy recientemente.
A pesar de su estrecha relación con los cambios hormonales propios del embarazo y parto, en algunos entornos sociales se culpabiliza a la madre por no estar a la altura del feliz evento. Haced oidos sordos a las críticas o insinuaciones acerca de la capacidad de la madre y acudid a ayuda experta: existen terapias especializadas que os apoyarán sin que incidan malévolos juicios de valor.
Busca apoyos
Tener un hijo no os convierte la versión femenina o masculina de Mac Gyver: si el tiempo y las energías no dan más de si, buscad apoyos. Conviene que antes del parto hayáis pactado con los familiares más cercanos en qué medida os podrán echar un cable para afrontar las primeras semanas.
Se trata de naturalizar en qué medida pueden implicarse en la nueva situación, pero marcando los espacios y los tiempos para evitar malentendidos. Si los márgenes no están claros, alguno de los recién estrenados padres podría interpretar la ayuda externa como una intromisión, o, por el contrario, considerar que la cautela de los familiares es en realidad falta de apoyo claro.
Más allá de la paternidad sigue habiendo vida de pareja. Aunque en las primeras semanas os resultará difícil gestionar el tiempo, evitad a toda costa que la nueva situación eclipse la relación que habéis construido. Uno de los aspectos que puede provocar mayor distanciamento es aparcar las relaciones sexuales. Si la intimidad se resiente a causa del cansancio y las preocupaciones, intentad planificar unas pocas horas a la semana para reavivar la vida en pareja. El pequeñín será el primero en beneficiarse de que sus papis saben ingeniárselas para seguir disfrutando de la vida.