¿Sabes qué quiere?
Concédele su deseo sexual
Es un clásico. Desde que comenzasteis a tener relaciones sexuales insiste en lo mismo. Quiere practicar sexo anal contigo. E insiste reiteradamente. Te gustaría concederle el gusto…, pero es que te da miedo. ¿Cómo lo harías la primera vez?
Se da por supuesto que aceptas libremente esa actividad sexual y que no lo haces coactada o por temor a perder a tu chico, o por la razón que fuere. Si no deseas practicarlo realmente, no lo hagas por mucho que insista él.
Y si te decides…, sabe que no estás sola. Un 10% de la población masculina y femenina adulta tiene experiencia con el coito anal de un modo regular. A eso hay que añadir otro 10% que lo hacen de una forma más o menos fortuita; algunos lo hacen por probar, pero algo más de dos de cada cinco de esos casos (43%) lo hacen bajo los efectos de algún tóxico. Hay mujeres que tienen siete veces más experiencia en el coito anal que algunos hombres homosexuales.
Y parece probado que es más frecuente entre las mujeres urbanas con bajos ingresos (38%) que entre las universitarias (12%). Lo que, quizás avala la idea de que el coito anal heterosexual se usa como medio anticonceptivo. Aunque también se practica por placer.
El principal temor de toda mujer que desea realizar esta actividad sexual por vez primera es a que le pueda doler.
Requiere siempre delicadeza y suavidad
Y no es un temor infundado. Ese dolor es real. Se puede producir por dos vías. Una es que al intentar la penetración se desencadene un reflejo de contracción que puede ser muy intenso y doloroso. Como sucede en el vaginismo, aunque en este lo que se contraen son los músculos perivaginales. También puede doler si el pene, una vez dentro, realiza movimientos muy bruscos que produzcan distensiones súbitas del esfínter anal.
Es probable al principio contraigas el esfinter anal de forma refleja y te resulte dolorosa la penetración. Eso quiere decir que si bien el coito anal requiere siempre delicadeza y suavidad, al principio es necesaria mucha más.
El ano no se lubrica durante la excitación sexual como sucede con la vagina, ni siquiera entre las mujeres más experimentadas, por eso será necesario utilizar algún lubricante al agua en abundancia para facilitar la labor y que se puedan utilizar preservativos. La generosidad en su aplicación sobre el ano, el pene o el condón siempre será bienvenida.
Practica varias veces
Para evitar el dolor conviene, pues, acostumbrar al esfínter anal al estímulo previamente: con caricias, con la introducción suave de algún dedo, o de dos, con algún dildo no muy grueso... Cuando esas cosas se puedan hacer sin problemas (y la costumbre suele romper todos los obstáculos iniciales posibles), entonces se puede pensar en introducir el pene. Comienza acariciándote la zona tú misma (poniéndote un preservativo bien lubricado en el dedo, por ejemplo, o en laducha), introdúcete un dedo mientras te masturbas y mantenlo ahí durante el orgasmo.
Practica varias veces. Cuando estés con tu chico, será él quien realice esos ejercicios con suavidad y parsimonia. Primero caricias. Y a tu señal puede introducir un dedo..., o dos..., y deslizarlos suavemente en movimientos de vaivén a través del esfinter de tu ano. Sólo cuando te consideres preparada, él puede acariciar la zona, sin intentar la penetración, con la punta de su pene bien lubricada. A tu indicación, puede iniciar suavemente la penetración, parándose cuantas veces sean necesarias para evitar hacerte daño.
Cuando la cosa parezca que va bien, puede concluir la penetración. Que inicie entonces los movimientos del coito muy despacito y que aumente el ritmo y la profundidad de la penetración conforme te vayas acostumbrando a esa sensación.
Sobre todo, intenta relajar tu esfínter anal.
Extrañas sensaciones agradables
Las acometidas no deben realizarse con brusquedad; y no siempre a la misma velocidad empleada en la vagina. La suavidad es la clave del buen sexo anal.
El coito anal produce extrañas sensaciones agradables, pero no conduce al orgasmo. De modo que debéis poneros de acuerdo en cómo has de llegar al orgasmo. Él puede intentar hacerlo estimulando tu clítoris con la mano mientras penetra tu ano; aunque, la verdad es que no resulta fácil acompasar los dos movimientos (el de coito y el masaje al clítoris). O lo puede hacer después de que llegue él. También puedes ser tú la que te estimules el clítoris mientras él te penetra. Eso os excitará más a los dos.
Utiliza una postura que os resulte cómoda. La del “perrito” no es la única posible para practicar el sexo anal; aunque muchos la prefieren por la connotación “animal” que tiene, lo que le añade un componente placentero adicional. También podéis estar acostados de lado, él detrás de ti. Y también se puede hacer en la clásica posición del misionero, abrazados cara acara; esta postura te permite un contacto emocional más intenso con tu chico, y también te permite masturbarte tú misma durante el acto (lo más efectivo para tu orgasmo) como penetrarle a él con tus dedos o con algún objeto que tengáis preparado al efecto.
Ya conoces el refrán: “donde las dan, las toman”. Y a ellos también les puede producir sensaciones agradables. Aunque hay que tener las mismas precauciones que con tu ano.
Una higiene especial
Como es lógico, el sexo anal requiere de una higiene especial. La zona suele estar en contacto con los residuos orgánicos corporales, por lo que es necesario lavarla concienzudamente antes de empezar, por respeto a la pareja.
Hay quien, además, se introduce un microenema para limpiar el interior del recto, pero eso ya es optativo. Basta con que el intestino esté previamente vacío y el ano limpio con agua y jabón.
Y tan importante como el momento de la penetración es el de la extracción del pene, aunque haya perdido la erección. Ha de hacerse con la misma suavidad que con la penetración.
Terra Mujer / Jesús Ramos. Psiquiatría-Sexología





