Toma el sol de forma inteligente
Aprende a dorar tu piel
Además de iluminarnos durante el día, el sol puede ser motivo de relajación y una inyección de energía. Pero protégete de sus rayos con el bronceador adecuado y dosifica tus baños solares con prudencia.
El sol puede ayudarte a mantener la sonrisa y a dormir plácidamente. Pero no queremos que broncearse también signifique envejecimiento de la piel, y mucho menos eritema, quemaduras o carcinoma.
Este verano las principales firmas se preocupan por ofrecer productos de alto factor de protección en formatos más cómodos y con texturas etéreas y agradables, sobre todo sprays y aceites. Y van dejando a un lado aquellas cremas tan espesas que nos dejaban la cara como un fantasma. También intentan reformular su contenido con las últimas tecnologías cosméticas para evitar a toda costa la controversia generada en torno a su posible potencial carcinógeno, se van sustituyendo los parabenos por otros conservantes de origen vegetal.
Los autobronceadores siguen su eterna búsqueda; cómo lucir un moreno natural y homogéneo sin una gota de sol. Si te sorprendió el boom de las toallitas, no le quites ojo a las nuevas manoplas, porque quizá lo próximo sean calcetines autobronceadores. ¡La cosmética nunca deja de sorprendernos!
Descubre tu fototipo y elige protección
Los dermatólogos distinguen varios fototipos, es decir, varios tipos de piel según su poder para asimilar los rayos del sol. Cuanto más oscura y dura sea la piel, menor será el riesgo de quemaduras. Cuanto más clara y fina, mayor tendrá que ser tu filtro de protección.
Si tu piel es clara, tienes pecas y pelo y ojos claros, tu piel entra dentro de las sensibles y muy sensibles (fototipos I y II). Se queman rápido, incluso antes de broncearse.
En el mediterráneo y zonas más orientales son comunes los fototipos medios (III y IV), son pieles que se broncean progresivamente pero no se libran de quemarse.
Los fototipos menos sensibles (V y VI) corresponden a personas de piel morena todo el año y a los de raza negra.
Las reglas de oro bajo el sol se convierten en virtudes que puedes recordar facilmente.
1- PRUDENCIA. Sea cual sea tu fototipo, no hagas excesos y protege bien tu piel, sobre todo los primeros días de exposición. Prevenir siempre es mejor que curar. Aplica y “reaplica” tu crema de manera regular.
2- CONSTANCIA. Para conseguir un bronceado uniforme y duradero hay que ser constante. Pero antes deja que tu piel se habitúe de forma progresiva.
3- CONSONANCIA. Juega a coordinar el tiempo de exposición y el factor de protección. Siempre en consonancia, a medida que pasa el verano, podrás ir aumentando la duración de tus baños de sol y disminuyendo, con cuidado, el factor de protección.
4- VIGILANCIA. Presta especial cuidado a los más pequeños. Los efectos más nocivos del sol se producen antes de cumplir veinte años y se manifiestan después. Las quemaduras durante la infancia aumentan los riesgos en la edad adulta.