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Canal Mujer. Psicología


Supera tus complejos


Los complejos son respuestas que genera nuestra mente ante una discapacidad o una diferencia con los demás. En la mayoría de los casos se trata de pensamientos irracionales que atormentan a la persona la cual les da un valor sobre dimensionado y de ahí el malestar que se produce.


Como pensamientos distorsionados pocas veces tienen que ver con la realidad del individuo y realmente es la propia persona la que ha exagerado ese complejo y le ha dado importancia superior a la debida.

Probablemente para el resto de su entorno sea un aspecto irrelevante o pasa desapercibido, los demás seguramente le valoran tal y como es y es la propia persona que padece el complejo la que se encuentra incapacitada para valorarse a sí misma en su conjunto, con sus defectos y sus virtudes.


Muchos de estos complejos aparecen en la infancia y se ven reforzados y mantenidos a lo largo de años. La persona no tiene capacidad para interpretar ese defecto de manera más objetiva y se encierra en una negatividad que no existe para el resto del mundo.

Creer que soy feo, o torpe o soso, nos va a traer muchos problemas de integración a largo plazo ya que nuestras relaciones interpersonales van a sufrir por ello. Una persona que se considera “soso”, se comportará como tal, todos lo verán y lo etiquetarán de por vida.

Tal vez fue soso cuando era pequeño -por ser tímido o por otras cuestiones- pero las personas evolucionamos y no tenemos porqué mantener el prototipo que nos impusieron de pequeños. Desde luego es una labor individual y personal el que esto no ocurra.

Si nuestro complejo nos impide disfrutar de determinadas cosas o nos cohibe para ser como realmente querríamos ser, es la hora de hacerlo desaparecer
Roles aceptados
Nosotros seremos los principales encargados de hacer desaparecer esa etiqueta que nos colocaron en el colegio o en casa. En la mayoría de las familias existe “el listo”, “el manitas” y “el gracioso”, como si estas personas no tuvieran otros calificativos que las describieran, y son ellos mismos los que aceptan esa cualidad y la fomentan en reuniones familiares y con amigos. Todos estarán pendientes de nuestras acciones, y cada comportamiento que nos delate será muy valorado y tenido en cuenta.

Si soy el “torpe” de la familia, ya puedo hacer mil manualidades estupendas que no se valorarán como tales; ahora el mínimo defecto tendrá una importancia enorme puesto que corrobora la idea inicial “que eres torpe”.

Los complejos físicos son los más comunes
Nuestra familia o nosotros mismos podemos habernos colocado un complejo encima, pero, ¿por qué mantenerlo? ¿qué función hace? ¿de qué nos sirve? Valoraremos el nivel de incapacidad que nos provoca dicho complejo y consideraremos la necesidad de quitárnoslo de encima. Si nuestro complejo nos impide disfrutar de determinadas cosas o nos cohibe para ser como realmente querríamos ser, es la hora de hacerlo desaparecer.

Los complejos pueden ser de diferentes tipos, pero la mayoría de las veces son de tipo físico. Realmente en la infancia es lo que más se valora, todos quieren ir iguales, vestir del mismo modo y ser físicamente parecidos. El que destaca por exceso o por defecto es una posible victima de complejo, además, los compañeros se encargarán de resaltar esa diferencia y si la persona no recibe refuerzo por parte de la familia, puede generar un complejo, incluso de una cualidad positiva.

Un caso real
Recuerdo un caso de una paciente , me contaba que en su infancia y adolescencia siempre había tenido complejo de larguirucha, además sus amigas le pusieron el apodo de “larga”, cariñosamente por supuesto. La cuestión es que estuvo durante varios años sufriendo por su estatura. Años después, con más madurez se dio cuenta que quienes le pusieron la etiqueta de “larga” eran chicas de estatura media-baja y con lo cual habían generado un mote negativo para suplir su propia carencia. Mi paciente me contaba que se dio cuenta que lo bueno y estéticamente valorado era ser alta y no como eran sus amigas de aquella época. Durante años pensó que ella era la rara y las demás las perfectas. Estaba equivocada.

Este tipo de cosas son muy típicas entre grupos de adolescentes y niños. Es necesario llegar a una madurez para valorar la situación desde otro punto de vista, aunque esto no siempre ocurre. Al crecer vamos consiguiendo logros personales alejados a veces del grupo de referencia, que nos hacen subir nuestro nivel de autoestima y valorarnos más por lo que somos.



Ganar en seguridad y en autoestima no es una tarea fácil, pero paso a paso se puede lograr
El problema puede venir de nuestra época de colegio
Otro tipo de complejos son los derivados de la capacidad intelectual, por supuesto también fomentados desde la infancia con los resultados escolares. Las notas regulares y las comparaciones con amigos o familiares más exitosos generan en el niño la creencia de ser poco inteligentes o torpes.

Llegada la edad adulta esto se traspasa a puestos de trabajo o logros profesionales. El individuo que continua con la etiqueta de “torpe” en su empresa no rendirá lo que realmente puede, tirará la toalla a la primera de cambio, se criticará ante cualquier error y sus posibilidades de ascenso serán mínimas. Se creyó lo que le inculcaron de pequeño y no luchó por despegar la etiqueta que le habían pegado; ya de adulto se siente frustrado y con pocas expectativas. Necesita un cambio y sólo él puede realizarlo.

Ganar en seguridad y en autoestima no es una tarea fácil, pero paso a paso se puede lograr. Lo primero que debes hacer si eres una persona acomplejada por algún defecto físico, psíquico o intelectual es dejar de centrarte sólo y exclusivamente en eso. A parte de este defecto tú eres otras muchas cosas. Utiliza papel y lápiz y haz un listado con todas tus virtudes y habilidades; todo vale, en cualquier campo, repite a menudo para adentro estas cualidades. Forman parte de tu personalidad y tú no las das importancia.


Aún así no has conseguido olvidarte de tu defecto o complejo
Pues bien vamos a realizar un ejercicio de investigación en el que propondremos una hipótesis de trabajo, por ejemplo ¿es verdad que soy torpe? Ten en cuenta que una hipótesis es algo que tienes que investigar y decidir si es verdadera o falsa. Por lo tanto necesitarás pruebas objetivas. Primero busca pruebas que te indiquen que no eres torpe, cosas que has hecho en los últimos tiempos que han salido bien, con lo cual demostrarás que eres habilidoso algunas veces.

Por otro lado, pide información a allegados y amigos para ver si se han dado cuenta de tus errores: ¿cuánta importancia les han dado?, ¿te han etiquetado o no?, ¿es importante para ellos o no? Si a los más cercanos les ha pasado desapercibido imagínate a las demás personas que conoces. Probablemente no se habrán percatado de nada y si fuera así ¿qué más da? No son personas cercanas, casi no te conocen, ¿cómo pueden valorarte?

Con todas estas premisas sobre la mesa podrás llegar a conclusiones y decidir si quieres vivir con un complejo que te incapacita o dejar de darle importancia. Busca una solución para esos errores y sigue adelante. Nadie es perfecto. Vicenta Sanz Herrero Psicologa Clínica



      

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