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DIETAS

Alimentación emocional

Desengánchate de la comida

¿Tu forma de comer varía según tus emociones? ¿Llenas tu estómago cuando te sientes vacía? Si el aburrimiento, la tristeza o el estrés te hacen comer, necesitas sacar los sentimientos de tu dieta. Te ayudamos a conseguirlo.
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Terra Mujer / Amalia Panea

Puede que seas una de esas personas a las que las emociones les engordan, lo que suele hacer que tus dietas y tus intentos por adelgazar fracasen. Pero no sólo las penas, también las alegrías pueden desestabilizar la balanza, haciéndote ganar peso o perderlo.

Los kilos relacionados con las emociones son los más difíciles de perder, por lo que el énfasis no hay que ponerlo tanto en la dieta sino en esquivar esas emociones. Aquí tienes algunas ideas para conseguirlo.

¿Tienes kilos emocionales?

Lo primero es averiguar si tienes que enfrentarte a un problema de sobrepeso ocasional o tiene que ver con ciertos sentimientos que no consigues gestionar adecuadamente. La angustia, la tristeza o el estrés pueden empujarte a comer. Las hormonas, cuando no están siendo producidas adecuadamente, pueden incluso entrar en juego e influir en tu apetito (sobre todo la dopamina y la serotonina).

Si entiendes qué te está ocurriendo, podrás afrontar mejor la pérdida de peso y no perder tiempo en regímenes que seguramente te acabarán produciendo un efecto rebote y una gran frustración. Tal vez estés sometida a una situación de estrés excesiva en el trabajo, tal vez puedan contigo tus obligaciones diarias, tal vez te estés exigiendo demasiado respecto a la conciliación familiar, o puede que en realidad no hayas superado tu última ruptura o la muerte de algún familiar.

La solución. Si no consigues quitarte esos kilos rebeldes y ya has probado mil dietas y haces ejercicio habitualmente, pídele cita a tu médico de cabecera y cuéntale lo que te ocurre. Él podrá derivarte al endocrino por un lado y a un psicólogo por otro para descubrir cuáles son las emociones que te empujan comer.

Fuera del sofá

La tristeza, la depresión o el aburrimiento nos dejan sin energía y nos empujan hacia los peligrosos brazos del sedentarismo. Movernos cada vez menos nos hace entrar en una espiral de pereza, hastío e inactividad que, aunque comamos poco, hace que las grasas se vayan acumulando en nuestro cuerpo.

Tener una vida demasiado sedentaria, sobre todo cuando antes no lo has sido, puede ser síntoma de que algo no va bien. ¿Te cuesta levantarte de la cama por la mañana? ¿Has dejado de ir al gimnasio y te pasas la tarde abriendo la nevera? ¿Te da pereza incluso salir con tus amigas y sólo quieres hacer planes tranquilos? Si es así, te va a ser difícil equilibrar la balanza energética aunque no comas demasiado.

La solución. Tienes que empezar a moverte poco a poco. Puedes empezar con pequeños paseos para ir quitándote la pereza de encima. Cuando te sientas más animada, apúntate a un gimnasio, a clases de pádel o de pilates para comenzar a ejercitar de nuevo tu cuerpo e ir desbloqueando tus emociones. Aliado estrella. Las plataformas vibratorias pueden ayudarte a salir del sedentarismo, ya que con sólo subirte en ellas ya consigues beneficios y además te hacen producir endorfinas, las hormonas de la felicidad. Tan sólo diez minutos producen beneficios. Infórmate en Power Plate Barcelona (powerplatebarcelona.com).

Alimentos adictivos

El estrés, la ansiedad, el desamor o la tristeza pueden hacerte incluso querer comer algo específico. El chocolate es el “gran amante” de quienes están tristes o sufren desamor. El azúcar y el café suelen ser el alimento de los más estresados. La fast food entrar demasiado en casa de quienes se sienten decaídos y con la autoestima baja… Cuando no nos encontramos bien emocionalmente solemos comer alimentos demasiado grasos y calóricos, que contribuyen a afianzar esos kilos que no conseguimos quitarnos de encima.

En general, comer calma la ansiedad, al menos momentáneamente. Elevar el nivel de glucosa en sangre comiendo bollos o chocolate causa una secreción de hormonas saciantes que nos producen una sensación de bienestar. El problema es que el exceso de glucosa en sangre nos provoca picos de insulina que nos hacen necesitar más dulce y acabar picoteando todo el rato.

La solución. Para empezar, deja de llevar a casa todos esos alimentos que no te convienen y a los que recurres cuando te pueden las emociones: chocolate, bollos, patatas fritas, pizza congelada... Llena tu despensa de alimentos sanos, que al aportarte más nutrientes, también mejorarán tu estado anímico. Si no puedes prescindir de los dulces, cómpralos integrales y elaborados con azúcar moreno o miel. El chocolate, que sea lo más puro posible y tómate sólo una o dos onzas como premio cuando te sientas bien y no al revés. Para cambiar realmente tus hábitos nutricionales, pide cita a un nutricionista.

Yoga y emociones

Practicar una actividad física como el yoga puede sacarte no sólo del sedentarismo sino proporcionarte un autocontrol que te ayude a desengancharte de la comida. La combinación de estiramientos, tonificación, respiraciones y meditación fortalecerá tanto tu cuerpo como tu mente. Tras aprender los saludos al sol y las asanas puedes practicar en casa o en cualquier sitio donde vayas, sobre todo cuando te den ganas de atacar la nevera. Prueba una clase en City Yoga (city-yoga.com).

Ay, la culpa

A veces no somos consientes de que comemos de más o de que ingerimos alimentos que no nos hacen bien. Pero la mayoría sabemos perfectamente que estamos comiendo lo que no debemos y encima tenemos que cargar con el sentimiento de culpa, lo que normalmente nos hace comer aún más.

Los medios de comunicación no ayudan, atrás quedaron los tiempos en los que una mujer sana y saludable era aquella que comía de forma abundante. La imagen que muchas veces nos trasmiten las revistas y la publicidad, llena de mujeres muy delgadas, es que comer mucho no es algo socialmente aceptado.

Los sentimientos de culpa y las emociones enquistadas pueden llegar a convertirnos en personas enganchadas a la comida, para quienes los alimentos pueden convertirse en una especie de droga. El problema es lo fácil de conseguir que es: la tienes en tu propia casa disponible las 24 h del día.

La solución. Tienes que darle menos importancia a la comida, llenar tu vida con otras cosas que te dejen poco tiempo a solas con la nevera. Si tu agenda no está llena de planes, búscatelos. Apuntarte a un gimnasio es una opción excelente para cuidar tu cuerpo, mejorar tu estado de ánimo a través del ejercicio, pasar tiempo ocupada y hacer nuevas amistades. Si crees que tienes una verdadera adicción alimentaria, no dudes en recurrir a un experto.

¿Qué hay del amor?

El amor es una de las emociones que más influyen en el apetito. A los enamorados suele olvidárseles comer, sufren tal descarga de adrenalina y serotonina que aumenta la quema de calorías. Una ruptura también puede provocarnos una gran perdida del apetito, cerrando nuestro estómago a casi cualquier alimento.

Pero las penas de amor, la ansiedad que nos provoca una relación difícil e incluso la felicidad y monotonía conyugal pueden hacernos comer en exceso, llenar nuestros vacíos amorosos con nuestros alimentos preferidos.

Si tienes pareja, estás feliz y te sobran unos kilos, dedícale más tiempo a tu vida sexual. Besar, acariciar, masajear, disfrutar… sustituirá perfectamente el placer que sientes al meterte un bocado en la boca.

La solución. Frente a una ruptura amorosa, evita pasar mucho tiempo sola en casa. Comer alimentos sanos y hacer ejercicio puede ser la combinación perfecta para mantener tus niveles de serotonina elevados. Evita las tardes de peli romántica, palomitas, helado de chocolate y coca cola. Que no entren en tu casa más que películas divertidas, fruta, té verde y chocolate negro o bombones de dieta para los casos de emergencia.

De dónde vienen tus kilos

Descúbrelo con el libro de psiquiatra francés Stéphane Clerget, Los kilos emocionales (Ed. Albin MIchel), donde explica la relación entre los sentimientos y nuestra necesidad de comer.

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