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Contra la Violencia de Género

Tipos de maltrato
Parece que hoy en día se utiliza la palabra maltrato para múltiples situaciones, muy distintas entre sí. 
La definición de maltrato habitualmente ha ido ligado al hecho de la agresión física de una persona hacia otra. Sin embargo, ahora conocemos muchos otros momentos en los que esta palabra puede ser utilizada para definir los hechos.
Diferentes situaciones de maltrato Hasta ahora, sólo se necesitaba un moratón o una herida para concluir que una persona había sido agredida, sin embargo, es necesario mucha otra información para poder catalogar una situación de maltrato.
La palabra es mucho más amplia y podemos correr riesgos al pensar que el maltrato sólo es físico, puesto que se da en la mayoría de los casos acompañado de maltrato psicológico, acoso, manipulación, celos...
No hay que entender con esto que un celoso sea un maltratador. Sin embargo, muchas veces se dan los dos componentes en la misma persona y es entonces dónde hay que poner especial cuidado.
De esta manera, se pueden catalogar las situaciones de maltrato de distintas formas y con diferentes calificativos:
Maltrato físico Se entiende como la consecución de una agresión de una persona hacia otra, resultando herida ésta última con contusiones, golpes, etc.
En casos extremos se llega a la muerte de la víctima y, a menudo, incluso de las dos partes por suicidio del agresor. Violaciones continuadas, vejaciones, empujones..., también se consideran dentro de este tipo de maltrato.
Maltrato psicológico Se entiende como manipulación y ataque a la dignidad de la persona con frases groseras, discriminatorias, insultos, etiquetas negativas, ironías..., que hacen que la persona maltratada vaya bajando su nivel de autoestima y el respeto por sí misma.
Es la principal fuente del problema, puesto que el agredido empieza a creer en todo lo que se le dice, cada vez su círculo es más cerrado y llega a creerse que él es el culpable. La manipulación del agresor está llena de amenazas, recriminaciones y culpabilidades, que merman la seguridad del agredido convirtiéndose en un pelele para su agresor.
El maltrato llega a tal nivel que el agredido lleva a cabo todo tipo de peticiones con tal de no enfadar a su agresor, con lo cuál entra en un círculo viciosos lleno de miedo y desesperanza ya que se encuentra aislado y nadie puede ayudarle, además el miedo le mantiene callado ante posibles ayudas que procedan de amigos o familiares.
Con lo que suele convertirse en un secreto a voces que todo el mundo conoce pero que nadie denuncia.
A menudo, la pareja se muestra ante conocidos como una pareja normal con lo que es raro sospechar. El maltratador a veces es muy sociable y querido por su alrededor, el miedo que infunde a su víctima hace que esta actitud se mantenga y que nadie sospeche o se decida a denunciar o a ayudar a la víctima.
Otros tipos de maltrato Hasta ahora hemos hablado del maltrato doméstico, del que se da entre un hombre y una mujer en el seno de la familia, pero existen otros tipos de maltrato que a veces se dan en otros ambientes y aunque no se consideran agresiones propiamente dichas, sí constituyen una falta de respeto hacia la persona que lo sufre y un aprovechamiento de alguien que se encuentra en una situación de poder.
A menudo no se da el maltrato físico pero sí el psicológico, de ahí la dificultad de detectarlo a tiempo y de que la víctima sea creída en muchos casos. Por suerte, esto está cambiando y cada vez somos todos más abiertos a la hora de valorar estos problemas.
Acoso laboral Aunque no es entendido como maltrato propiamente dicho, la situación laboral que sufren algunas personas en determinados puestos se podría considerar así, puesto que cumple muchos de los criterios de maltrato.
Se utilizan frases malsonantes o acusadoras para definir su trabajo y sus acciones, se le califica con etiquetas negativas como “torpe, inútil, etc”, se utiliza una situación de poder o de estatus en la empresa para aprovecharse de alguien que está por debajo, se manipula a la persona con insinuaciones sobre despidos o consecuencias si no cumple lo que se le ordena, se le hace un vacío tanto físico como moral, se queda aislado entre muchas personas y nadie le ayuda a pesar de que todos saben el problema.
Los síntomas de la víctima van a ser muy parecidos a los de una persona maltratada: baja autoestima, creencia de que ella es la culpable, escasa valoración de sus logros, sentimientos de indefensión y de “no hay salida”, necesidad de mantenerse allí por un estatus económico, lo que es aprovechado por el acosador para hacer una manipulación más profunda.
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Agresiones en la infancia Las podemos considerar desde dos puntos de vista diferentes:
El niño que es agredido por sus padres al no realizar las tareas o al no cumplir con la norma establecida. Desde luego este tipo de familias hoy en día pueden resultarnos patológicas cuando saltan los límites.
Pueden darse casos de agresiones a niños pequeños, incluso bebés y pueden ser físicas, sexuales, psicológicas, sobre todo prima la situación de poder del padre que muchas veces se ve incrementada por abuso de sustancias como alcohol u drogas.
Trastornos psicológicos también pueden ayudar a que este tipo de maltrato se dé en la infancia con las consabidas secuelas para el niño.
El niño es agredido en la escuela o en la calle por otros niños mayores o de su edad, es el centro de pandillas y de niños agresores de su entorno, sufre peleas continuas, insultos, manipulaciones, todo unido a un miedo que se va generando y que convierte al niño en el centro de atención de su círculo social.
Se encontrará aislado puesto que los demás aceptarán al líder agresor por miedo a sufrir las mismas consecuencias. Tengamos en cuenta que niños pequeños no tienen formada su personalidad y se dejaran influir por el grupo, con el que el niño que se ha convertido en víctima de agresión se encontrará solo. Intentará ocultarlo a los padres por miedo a que su agresor se enfade aún más y sólo en casos extremos llegará a oídos de adultos que serán los únicos que podrán hacer algo.
Por supuesto, lo más importante será la comunicación padre-hijo fomentada desde la primera infancia, ante estas situaciones el niño tendrá fuerza para pedir ayuda. Si en casa no se escucha y todo padre fantástico siempre porque no se habla de los problemas, el niño hará lo mismo y vivirá esto desde la soledad.
Algunos síntomas claves para poder detectarlo son: bajo rendimiento escolar, tristeza, no juega, no quiere salir a jugar a la calle, es resistente a acudir a la escuela o si hace “novillos” a menudo puede ser para evitar al agresor.
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| Terra Mujer / Vicenta Sanz Herrero, Psicóloga clínica |
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