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¿Es posible ''la píldora'' para ellos?


Contracepción masculina


Aunque tradicionalmente la contracepción ha estado en manos de las mujeres, en la actualidad, y a la vista de las responsabilidades que la ley impone con respecto a la paternidad, los hombres están empezando a sentirse también implicados en la llegada de un bebé a este mundo.


El descubrimiento de la píldora anticonceptiva marca un antes y un después en el control de la natalidad. A partir de aquel día de 1953 en el que la primera “pastilla” se puso a la venta en los EE.UU., las costumbres sexuales han ido cambiando sin prisa pero sin pausa de un modo radical.
Con un método tan fiable y tan discreto en manos de las mujeres, para los hombres ha comenzado un verdadero calvario de dos direcciones: ahora, para tener un hijo, han de pedirle permiso a una mujer y para no tenerlo, han de ser ellos los que dispongan de métodos seguros y fiables porque nadie puede fiarse de la palabra de nadie (un hijo, dependiendo de quién sea el padre, puede ser un interesante seguro).
Todos tenemos conocimiento, a través de los medios de comunicación, de cómo muchas mujeres demandan pruebas de paternidad a hombres famosos y no tan famosos y, con ellas, una provisión de fondos para la manutención y el cuidado del bebé.



El preservativo, lo más extendido
Estamos de acuerdo en que es injusto hacer tener un hijo a alguien que no quiere tenerlo, pero durante miles de años esa ha sido la constante de la maternidad: la mayoría de los hijos eran consecuencia del deseo de los padres, no de las madres, y hasta hace muy poco una violación con resultado de embarazo era garantía para el matrimonio con una mujer de alcurnia que, además de sufrir el rapto y la violación, debía de casarse con el violador para reparar “la falta”.
La píldora y el aborto garantizan que estas cosas no vuelvan a suceder, pero ahora son los hombres los que demandan mayor protección frente a las desaprensivas que se aprovechan de las circunstancias.
La aparición del sida en los ochenta del siglo XX, ha dado un gran empuje a los condones como método ideal para prevenir tanto los embarazos no deseados como cualquier tipo de contagio de enfermedades de transmisión sexual.
Se ha dicho muchas veces que el condón bien usado es un excelente método de barrera, pero son muchas las parejas estables que quieren un contacto más íntimo y que no quieren “perder el puntito” parando el juego erótico para ponerse un preservativo.


Se investiga acerca de un método que elimine los espermatozoides, deje intacto el deseo y sea reversible.
Eliminar los espermatozoides sin eliminar el deseo
Los laboratorios llevan casi cuarenta años investigando acerca de los mecanismos masculinos de la fecundación y de la fertilidad.
Los primeros estudios se llevaron a cabo en Japón. Se descubrió que la hormona masculina responsable del deseo, la testosterona, era la responsable también de la producción de espermatozoides. Por ello, los hombres producen mejores y más espermatozoides cuando su pareja les gusta mucho, pero cuando les abandona el deseo, la producción de espermatozoides decrece notablemente o desaparece.
El mayor problema era que cualquier producto que inhibiese la producción de espermatozoides, también inhibía el deseo y en esas condiciones, ningún hombre estaba dispuesto a consumir un fármaco así.
Abandonadas estas investigaciones en las postrimerías del siglo XX, los laboratorios europeos tomaron el relevo buscando una fórmula que debía reunir tres condiciones:
Eliminar los espermatozoides por completo.
Dejar intacto el deseo.
Ser un método reversible.
Parece ser que está en segunda fase de estudio un producto que reúne estas características y que pondría al alcance de los hombres el control de su fecundidad, como las mujeres lo tienen de la suya.



La vasectomía
De todos modos, y para aquellos que han renunciado a su fecundidad, existe un método cien por cien efectivo y sin ningún efecto secundario: la vasectomía.
El único problema es que no es reversible, si bien, algunas veces, pueden volver a recanalizarse los canales por los que los espermatozoides llegan a las vesículas seminales. Pero es una operación de microcirugía complicada y muy cara y por eso, los hombres que opten por este método han de pensar que es irreversible.
Lo que hacen muchos hombres, ante la expectativa de desear tener hijos más adelante, es congelar su semen para poder disponer de él en un futuro.
La vasectomía consiste en la sección y ligadura de los canales que corren por debajo de la piel de la ingle a ambos lados del escroto. Dos ligeras incisiones, apenas dos centímetros, y sus correspondientes suturas, es todo lo que queda después de esta operación de cirugía menor (como la extracción de una muela).
Después de la intervención, habrá un tiempo de malestar al andar y de inflamación de la zona, que puede adquirir un color muy oscuro debido al hematoma, y que desaparecen a los pocos días.
Las relaciones sexuales pueden retomarse en cuanto el hombre se sienta bien, pero con precauciones, puesto que hasta que las pruebas (espermiograma) no indiquen que los espermatozoides han desaparecido del caudal de la eyaculación, es conveniente usar preservativos. A veces, la infertilidad no aparece hasta después de algunos meses.


Varias líneas de investigación
El futuro de la investigación en contracepción masculina no parece muy claro, ya que, según unos sondeos llevados a cabo en los EE.UU., la mayoría de los hombres se mostraban reacios a tomar una píldora diaria, por lo que los laboratorios investigan en los parches o los implantes subcutáneos.
Otro de los inconvenientes para este tipo de fármacos es que las mujeres encuestadas dijeron no fiarse de la anticoncepción si ésta estaba en manos de los hombres, por lo que comentaron que seguirían usando los métodos femeninos aunque se desarrollaran píldoras masculinas.
En Israel se está desarrollando un medicamento que los hombres tomarían un par de horas antes de la relación y que impedirían la llegada de los espermatozoides a la vagina, inhibiendo la eyaculación. También se están estudiando los efectos psicológicos de la falta de eyaculación en la respuesta sexual masculina.
Otras líneas de investigación incluyen la inyección de la hormona sintética 19 Nortestosterona, usada por muchos atletas para definir sus músculos y que tiene el extraño efecto secundario de reducir los testículos a la mitad de su tamaño natural.
Lo último es un spray nasal que, usado durante la relación sexual, reduce el número de espermatozoides y los hace mucho más lentos de movimientos. Lo que no se sabe es qué sucedería si uno de estos espermatozoides llega a fecundar un óvulo.
Lo que está claro es que si el mayor invento del siglo XX fue la píldora anticonceptiva femenina, que supuso la liberación sexual de las mujeres de toda la tierra, puede que el del siglo XXI sea la píldora o similar que permita que los hombres también sean dueños de su fertilidad.



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Terra / Pilar Cristóbal

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