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¿Qué es la dermatitis atópica?
Se trata de una enfermedad de la piel que comienza en la infancia y afecta aproximadamente a un 5% de los niños. En los últimos años se está observando un aumento en su frecuencia, que parece deberse a una mayor concentración de sustancias irritantes en el ambiente.
Los niños que la padecen tienen la piel seca, con tendencia a la descamación y el picor. Las lesiones típicas se caracterizan, además de presentar la descamación y el picor intenso, por un enrojecimiento de la piel. Es de curso crónico y recidivante, con aparición de brotes de empeoramiento alternados con periodos de mejoría.
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¿Cuál es su causa? No se conoce bien, aunque parece que la herencia juega un papel importante. La dermatitis atópica es la manifestación cutánea de un trastorno de naturaleza hereditaria y familiar conocido como atopia. Este término hace referencia a una predisposición a reaccionar exageradamente frente a sustancias o estímulos ambientales. Afecta a diferentes partes del cuerpo, produciendo enfermedades como la rino-conjuntivitis alérgica, el asma bronquial y la dermatitis atópica, que es el tema que nos ocupa. Dado el carácter familiar de este trastorno, los niños con dermatitis atópica frecuentemente tienen algún familiar (padres, hermanos) que la han padecido, o bien han sufrido alguna de las otras manifestaciones de la atopia, como el asma.
¿Cómo cursa la dermatitis atópica? Habitualmente se presenta dentro del primer año de vida, a partir de los 2 ó 3 meses de edad. Típicamente las lesiones varían en su forma a lo largo de la vida, pudiéndose distinguir tres periodos
Lactante (entre los 2 meses y los 2 años). En el bebé pequeño solemos ver un enrojecimiento de las mejillas.
Infantil (entre los 2 y los 12 años). En estas edades el enrojecimiento aparece típicamente en las flexuras de los codos y las rodillas, y también en el cuello.
Adolescente y adulto (a partir de los 12 años). Las lesiones se localizan casi en los mismos lugares que en la fase anterior. Pero ahora, como consecuencia del rascado persistente, se caracterizan porque la piel está dura y pigmentada, dando aspecto de suciedad.
En los niños que padecen dermatitis atópica, la piel es más sensible. Esto, junto con el rascado, favorece la aparición de infecciones de la piel, tanto por bacterias como por virus (herpes) y hongos.
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| La dermatitis es una enfermedad benigna, pero muchas veces por su curso crónico desespera a niños y padres. Su tendencia natural es a desaparecer con el paso de los años, de modo que en dos terceras partes de los casos el problema desaparece al llegar la pubertad.
¿Qué podemos hacer para prevenir y tratar la dermatitis atópica?
A pesar de tratarse de un trastorno crónico, una “forma de ser” de la piel de algunos niños, hay algunas cosas que podemos hacer para mejorarla. Una de las bases del manejo de la dermatitis atópica es la realización de una serie de cuidados generales de la piel. Estos cuidados se resumen en tratar de mantener la piel hidratada y evitar los agentes que la irritan. Estas son nuestras recomendaciones:
Debemos evitar los baños prolongados (no más de 5-10 minutos) y utilizar agua templada.
Es recomendable el uso de un jabón neutro o con extracto de avena.
Después del baño, la piel debe secarse sin frotar.
Debe aplicarse crema hidratante sobre la piel en la cantidad y con la frecuencia necesarias para que permanezca bien hidratada.
Deben evitarse las prendas de ropa de lana y de fibra. Son preferibles las de algodón, sobre todo si existe contacto directo con la piel.
El calor y la sudoración también pueden favorecer la aparición de lesiones, por lo que no se debe abrigar en exceso al niño.
Debe evitarse el contacto con sustancias irritantes, como detergentes.
Las uñas del niño deben estar cortas y limpias para evitar las heridas por rascado y las infecciones secundarias.
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¿Cuándo consultar con el pediatra? En las fases de empeoramiento o brotes, además de los cuidados generales que hemos comentado, están disponibles diferentes tratamientos médicos.
Corticoides tópicos. Son antiinflamatorios más o menos potentes que se aplican directamente sobre la lesión. Sólo pueden aplicarse durante periodos cortos de tiempo. Y hay que tener especial cuidado con su aplicación en zonas delicadas, sobre todo la cara.
Antihistamínicos. Son fármacos de administración por vía oral y que ayudan a controlar el picor.
Antibióticos. Pueden ser necesarios en caso de sobreinfección de la piel.
Estos tratamientos han de ser indicados y supervisados por vuestro médico. Debéis consultar con él en caso de cualquier duda o mala evolución.
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| Terra Mujer / Ana Alarcón, pediatra |
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