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Estimulación en la etapa de 3 a 5 meses

Una mayor coordinación de los movimientos II
Esta etapa es un momento clave para terminar de afianzar las relaciones emocionales de apego entre el niño y sus padres. En esta etapa el niño empieza a comprender la utilidad de la sonrisa como medio de interacción social; comienza a disfrutar haciendo felices a sus padres. Relaciones sociales
Al final de esta etapa comienza a mostrar su preferencia por las personas conocidas frente a las desconocidas.
A partir de los 3-3,5 meses aparecen las cosquillas en el bebé. Otra forma de interaccionar con él por medio de la risa y el bienestar. A la hora del juego o como refuerzo no dejes de emplear las cosquillas.
De la misma manera que el niño aprende a emplear la sonrisa como herramienta de interacción social, antes incluso, habrá aprendido que el llanto es un arma muy poderosa para manipular a los padres. En general, durante este periodo, la norma debe ser que si el niño llora debemos atenderle, no dejarle llorar solo. Pero poco a poco podemos aprovechar alguna situación en la que tengamos la certeza de que con el llanto sólo quiere que se le coja en brazos o unos mimos, para enseñarle que no siempre podrá conseguir lo que quiere por esos medios. En cualquier caso lo mejor es no dar lugar a que el niño empiece a llorar porque nadie le hace caso: no desaproveches ninguna oportunidad de jugar con él, o bien, ahora que pasa algo más de tiempo despierto, que siempre tenga algo con lo que entretenerse él solo. De esta forma evitaremos tener que responder a sus demandas de juego y afecto.

|  | El juego
El perfeccionamiento de sus capacidades perceptivas y manipulativas, y de su sociabilidad, nos van a permitir que los juegos que establezcamos con el niño sean cada vez más enriquecedores. Como hemos dicho, no esperes a que tu hijo te pida jugar (que lo hará llorando), ofrécele tú continuos momentos de diversión.
La mejor forma de jugar con nuestro niño es “siendo nosotros muy niños”... Nuestro papel será doble: por un lado el de ofrecernos como un espejo que repite e imita las conductas del niño (cuando tira un objeto, cuando lo golpea, cuando trata de cogerlo, cuando balbucea...) y por otro lado estaremos atentos a introducir variaciones: cambios en los objetos, en el tono de voz, en el ritmo, en los movimientos, en la postura.... Los juegos de repetición parecen no cansar a nuestro niño, pero no por ello debemos abstenernos de variarlos: que el muñeco no aparezca siempre por el mismo lugar, que no cuente siempre hasta tres, que no de siempre cuatro palmadas, etc...
Desarrollo perceptivo
Para los juegos en los que escondemos objetos o los hacemos sonar para que el niño se oriente y los busque, puedes construirte sonajeros muy sencillos con una botella pequeña de plástico (de agua mineral por ejemplo), rellenándola de diferentes materiales: arena, arroz, garbanzos, piedras... Ten en cuenta que al final, siempre acabará llevándose la botella a la boca. Procura que estén muy limpias y bien cerradas. Puedes quitar el papel que la recubre para que se vea el contenido.
Fabrica –si es con ayuda de un hermanito mayor, mucho mejor- una “cara de texturas”: recorta una cartulina o un cartón con cierta rigidez y construye un rostro pegando materiales de diferentes texturas: las cejas pueden ser de trapo rugoso, los labios de un material plástico, los ojos dos corchos, el pelo de lana, etc...
Hacia los 5-6 meses podrá asir un sonajero. Otra modalidad de sonajero: qué el mismo lo sea, ¿cómo?: atándole a la muñeca o a los tobillos uno o varios cascabeles.
Lenguaje
En esta etapa comprobarás que los balbuceos y los juegos que realiza con su boca y su saliva serán más frecuentes.
En torno a los 4,5 meses atiende y responde a su nombre.
Aprovecha sus gorjeos para hablarle, que comience a relacionar esos sonidos con el lenguaje. Aunque tú puedes jugar con él a imitarle, reproduciendo sus ruidos, es bueno que los adultos se dirijan al niño hablando con claridad y corrección.
A partir de los 5-6 meses es un bueno momento para comenzar a leerle cuentos, contando con su participación. Si le lees un cuento o le relatas una historia, hazle preguntas sobre lo que está pasando, como si fuese a responderte, aunque finalmente lo hagas tú.
Recuerda que el lenguaje debe ser lo más claro posible, por ejemplo, evita el empleo de pronombres: en lugar de decir: “el cerdito construyó la suya de ladrillo”, di: “el cerdito construyó su casa de ladrillo”.
| Terra Mujer / Luis Ramos, Psicopedagogo |
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