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¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a desarrollar su inteligencia?

El cerebro humano continua albergando misterios sin resolver. Muchas de las preguntas que preocupan a la ciencia, coinciden con las que se plantean diariamente los padres de un bebé: ¿cómo puedo ayudar a mi hijo a desarrollar su inteligencia?
Lógicamente, la respuesta a esta pregunta es compleja.
Quizá deberíamos comenzar por conocer el funcionamiento básico de la mente del niño y los factores que influyen en su desarrollo, porque esto nos ayudará a potenciar los resultados que la simple maduración del sistema nervioso produce.
Una interacción basada en el afecto Desde que el niño nace (incluso antes como veremos) su interacción con el medio le va a ofrecer numerosas experiencias más o menos difíciles de afrontar: ¡qué cantidad de trabajo le espera después de nueve meses de plácida vida intrauterina! Por ello, proporcionarle un entorno basado en la seguridad y el afecto, no sólo potenciará su desarrollo emocional, sino una mayor confianza en sí mismo y, así, la seguridad necesaria para explorar el medio que le rodea y aprender de él.
La conclusión puede ser: “para empezar, se educa a base de mimos”; sólo si el niño tiene cubiertas sus necesidades, si se encuentra cómodo, comenzará a desarrollar su inteligencia con las máximas garantías.
Un nuevo concepto de inteligencia infantil Hasta no hace mucho, el concepto que se tenía de un bebé era el de un ser primario de capacidades intelectuales muy limitadas y, por lo tanto, con un repertorio de respuestas muy escaso. Esto determinaba negativamente la riqueza de experiencias que podía recibir.
Hoy sabemos que el recién nacido viene al mundo con un número de neuronas que oscila entre los 100.000 y los 200.000 millones, es decir, todas las células necesarias para desarrollar su inteligencia (de hecho, estas células no se multiplican posteriormente). Y no olvidemos que a los cinco años el cerebro del niño alcanza aproximadamente el 90% del peso final adulto.
¿Qué es lo que crece entonces?: las conexiones entre las neuronas. Y si el desarrollo fisiológico del cerebro (sus proporciones y el número de neuronas), es un proceso madurativo, ¿dónde y cómo podemos intervenir?: una vez más: en las relaciones que se establezcan entre las neuronas.
Las neuronas se organizan como una red, de alguna manera, como un “mapa de carreteras”. Cuanto más extensa y compleja sea esa red neuronal, cuanto más rica y variada, más flexibilidad y posibilidades tendrá el niño a la hora de aprender y enfrentarse a nuevos problemas. ¿Y cómo se consigue esto?:gracias a una adecuada estimulación.
El concepto de inteligencia ha cambiado: ya no se admiten los modelos estáticos y hereditarios del “tanto tienes, tanto vales”, aquella inteligencia que podía reducirse a un simple número: el CI (Cociente Intelectual), sino que hoy se defienden concepciones:
dinámicas: la inteligencia cambia, se puede mejorar, evoluciona.
y múltiples: no existe una única forma de inteligencia, sino que se pueden distinguir varios tipos; hasta 7 distingue uno de los modelos más innovadores: verbal, matemática, espacial, habilidad musical, aptitudes corporales, competencia en el trato con los otros y autoconocimiento.
Indudablemente la herencia genética de los padres determina en gran medida la inteligencia del niño, pero quizá, sólo tenga más peso en su primera disposición; luego serán las experiencias que reciba el niño las que terminen de moldear el entramado neuronal al que antes nos referíamos. Por supuesto no se trata de sobrecargar de estímulos a nuestro bebé, igual que para alimentarle no le atiborramos de comida, sino de proporcionárselos en la cantidad y dirección adecuadas.
 | | No se trata de diseñar el entorno del bebé obsesionados por hacer de él un “superdotado”. Se trata, simplemente, de tener en cuenta ciertas indicaciones para que nuestra interacción con el niño sea de más calidad y, por qué no, más divertida.
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| ¿Por qué nos sorprende que un mico de cinco años nos supere en cualquier juego de la videoconsola?: porque en su momento, cuando nuestro cerebro atravesó un “periodo crítico” para desarrollar las destrezas necesarias para el videojuego, no recibimos la estimulación adecuada, y ahora, por mucho que entrenemos, ya no recuperaremos el tiempo perdido.
Las conexiones neuronales que construye nuestro bebé durante la infancia, servirán de cimientos para el desarrollo intelectual, social y emocional a lo largo de la vida.
¿Cuándo empezar? ¡Desde el primer día! Numerosos estudios han demostrado que el feto, en su etapa de vida intrauterina, es capaz de responder a estímulos externos, de la propia madre o del ambiente. Por ejemplo, a partir del quinto mes de embarazo el sentido del oído ya funciona; ¿sabías que puedes contarle un cuento a tu niño a partir del quinto mes de embarazo, y que después del nacimiento, mientras le amamantas, si le cuentas la misma historia aumenta la frecuencia y la intensidad de la succión?
Cada niño es diferente Por último, dado que nos vamos a fijar en los progresos de desarrollo que nuestro bebé debe ir alcanzando, debemos tener en cuenta que cada persona madura y crece a un ritmo particular. Los estudios de psicología del desarrollo elaboran tablas con los hitos que “la mayoría” de los niños alcanzan a una edad determinada, pero no podemos pretender que nuestro hijo se adapte inflexiblemente al esquema de un libro. Nuestro papel como padres debe ser el de guiar y acompañar el desarrollo del niño sin forzar su propia maduración.
¿Ayudas a tu hijo a desarrollar su inteligencia? Cuéntanoslo en los foros
| Terra Mujer / Luis Ramos, psicopedagogo |
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