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Carlos Ferrando, periodista de la prensa del corazón
Carlos Ferrando es cariñoso y apacible hasta que se convierte en un malévolo ser con instintos depredadores y de ello podemos dar fe cada vez que le vemos en los programas de la prensa rosa. Pero, al menos en el hogar, su alter ego maligno se esfuma, por mucho que él mantenga que no cambia de actitud.
Su piso madrileño, una céntrica y coqueta vivienda que le alquiló su amiga Victoria Abril, es un remanso de paz, colorista y alegre, que nada tiene que ver con los bulliciosos platós donde trabaja. De las paredes, pintadas de azul eléctrico y rojo, cuelgan vistosos cuadros abstractos, un dibujo de Rafael Alberti, un retrato warholiano de Marilyn Monroe y su colección de gorras.
Vivienda de dos plantas La vivienda, que consta de dos plantas, apenas tiene tabiques, por lo que Carlos ha tenido que buscar ingeniosas soluciones para separar y definir los diferentes ambientes. Por ejemplo, el salón está separado del recibidor mediante un biombo minimalista, de estilo japonés. Mientras está cerrado, parece una columna, pero, al abrirse, se convierte en una estantería que separa los dos huecos. «No me gustan los pasillos y las habitaciones pequeñas. Prefiero tenerlo todo junto», explica Ferrando.
Divertido collage biográfico Su alcoba, que se encuentra en el piso superior, al que se accede subiendo por una escalerilla estrecha, es también una explosión de color: decorada en tonos caldera, con una cama enorme y multitud de fotos, la habitación es una estancia dicharachera donde también hay lugar para la nostalgia.
En una esquina, se encuentra un divertido collage biográfico de Carlos, donde se mezclan imágenes de su niñez con divertidas estampas posteriores. «Me lo regalaron cuando cumplí cincuenta años», apunta. Pero algo de malignidad le queda, aunque se encuentre en el ámbito casero. Se para delante del cuadro multicolor de una virgen cubana negra rodeada de unos querubines que de asexuales no tienen nada y se echa a reír. «El otro día vino a verme mi madre y le dije: "Fíjate qué cuadro más bonito". A simple vista le pareció bien, pero cuando se percató de que los angelitos tenían genitales se escandalizó y me llamó "cerdo"», recuerda.
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Desde luego, Ferrando no puede negar que le gusta escandalizar. «No es mi objetivo vital –señala-. Yo, a lo único que aspiro es a ganar lo suficiente en televisión para poder retirarme en un par de años e instalarme en Cuba».
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