  |
|
 |
Anorexia y bulimia

Anorexia y bulimia, dos graves trastornos alimenticios que se presentan cada vez a edades más tempranas... casi infantiles. 
Dos grandes problemas, muy distintos entre sí, pero a la vez complementarios. Los grandes fantasmas de la obsesión por al comida. Hay que conocerlos para saber enfrentarse a ellos.
Alteración psicológica-alimenticia Enfermedades con un largo recorrido, a día de hoy, y por desgracia, siguen de gran actualidad. La bulimia y la anorexia aparecen cuando la comida se convierte en el centro de la vida de una persona.
Todo gira en torno a ella: su vida social, familiar y profesional o estudiantil. Graves anormalidades en la forma de enfrentarse a la ingesta de alimentos.
Esta alteración psicológica-alimenticia afecta más a mujeres que a hombres, aunque cada vez más hombres la sufren en silencio.
¿Los motivos? De todo un poco: modelos de belleza impuestos por la sociedad, falta de autoestima e incluso cierta predisposición genética o biológica. Pero ante todo, la búsqueda de la perfección impuesta en una extrema delgadez..., una delgadez sin límites.
| Este cuadro puede derivar en muerte, que generalmente suele suceder por parada cardiaca y que suele ocurrir entre el 5 y el 18% de los casos |
|  | Anorexia o ‘hambre de nada’ Etimológicamente anorexia significa “hambre de nada” y es una enfermedad que se caracteriza por una imagen distorsionada del cuerpo (dismorfofobia) acompañada de un miedo atroz a ganar peso. Esto conduce a un grave adelgazamiento a través de una dieta exagerada, o incluso a la ausencia de la misma, acompañada de un exceso de ejercicio, vómito autoinducido y abuso de laxantes y/o antidiuréticos. Todo vale para perder peso.
Aparece más en mujeres que en hombres (en una proporción de 9 a 1) y sobre todo en adolescentes y preadolescentes (13 años), aunque nadie está libre de caer en esta enfermedad, sea cual sea su edad.
Los criterios de diagnóstico considerados por la Sociedad Americana de Psiquiatría son:
Rechazo a mantener el peso corporal por encima del mínimo normal para la edad y talla.
Miedo intenso al aumento de peso o a ser obeso incluso con peso inferior al normal.
Distorsión de la apreciación del peso, el tamaño o la forma del propio cuerpo.
En las mujeres, ausencia de al menos tres ciclos menstruales consecutivos en el plazo previsto (amenorrea primaria o secundaria).
En la anorexia nerviosa se distinguen dos subtipos:
Restrictivo: la pérdida de peso se consigue con dieta o ejercicio intenso.
Compulsivo purgativo: individuos que recurren a purgas, tanto si ha habido atracón como si no.
¿Consecuencias físicas?: inmunodepresión con aumento del riesgo de infecciones, estreñimiento, dolor abdominal, pérdida del tejido adiposo (abdómenes hundidos, brazos y piernas esqueléticas), amenorrea (pérdida y desorden de los ciclos menstruales), bradicardia (disminución del ritmo cardíaco), poliuria (exceso de orina por la cantidad de líquidos ingeridos), hipercolesterolemia (nivel de colesterol muy alto), insuficiencia cardiaca y descenso del nivel de potasio que provoca descompensación electrolítica. Este cuadro puede derivar en muerte, que generalmente suele suceder por parada cardiaca y que suele ocurrir entre el 5 y el 18% de los casos.
 | 
|
| La mortalidad en estos casos es del 20% y se da por inanición y por la descompensación electrolítica (descenso del nivel del potasio), que provoca paro cardíaco |
|  | Bulimia o ‘hambre voraz’ Etimológicamente bulimia significa “hambre voraz”, es decir, al contrario que la anoréxica, la persona bulímica tiene “deseo” de comer. Quienes la padecen presentan frecuentes episodios de voracidad rápida y compulsiva (generalmente de alimentos ricos en calorías y pobres en proteínas), con pérdida de control de los propios actos, seguido de provocación del vómito, y uso de laxantes o diuréticos, además del abuso del ejercicio para evitar el aumento de peso. Es decir, también tienen un miedo enfermizo a engordar.
La mayoría de las mujeres que presentan bulimia tienen un peso normal, aunque también las hay obesas y la media de edad es algo mayor que las que tienen anorexia: en torno a los 17 años. Suele ser más difícil de detectarla ya que es un comportamiento secreto (se come en soledad, se vomita en soledad) y no presenta una pérdida de peso tan acusada como la anorexia. Otras veces, sólo es un comportamiento pasajero en enfermos de anorexia nerviosa.
Los criterios para su diagnóstico son:
Episodios recurrentes de sobreingesta.
Sentimiento de falta de control sobre la ingesta durante ese episodio.
Conductas recurrentes inadecuadas para compensar y prevenir el aumento de peso: vómito autoinducido, abuso de laxantes, diuréticos u otras medicaciones, ayuno o ejercicio excesivo...
Deben ocurrir al menos dos veces a la semana durante tres meses.
La autoestima está en función de la figura y el peso.
Existen dos tipos de bulímicos:
Purgativo: se autoinduce el vómito o abusa de laxantes y/o diuréticos.
No purgativo: utiliza otras conductas compensatorias no purgativas como el ayuno o el ejercicio excesivo.
¿Consecuencias físicas? Aunque no suele producir por sí misma pérdidas importantes de peso, lo que sí genera son: problemas gastrointestinales, hipopotasemias (concentraciones bajas de potasio en sangre), lesiones en los dientes (como pérdida del esmalte dental, debido a la acidez de los vómitos), amenorrea, el signo de Russell (callosidades en los nudillos de los dedos, por provocarse el vómito), piel amarillenta, y trastornos a nivel del esófago y del tracto digestivo (por la acción de los ácidos gástricos que concentra el vómito). La mortalidad en estos casos es del 20% y se da por inanición y por la descompensación electrolítica (descenso del nivel del potasio), que provoca paro cardíaco.
 |
Cómo sienten los enfermos No se puede ayudar a las personas con trastornos alimenticios si no se comprende por qué se comportan de esa manera durante su enfermedad. Tanto las anoréxicas como las bulímicas suelen presentar una serie de características comunes, que se refieren principalmente a la comida, al peso o al aspecto corporal:
Poseen un ideal de belleza irreal.
Observan únicamente las partes peores de su cuerpo, sobreestimando su tamaño.
Minimizan la importancia de una parte de su cuerpo que pueda considerar atractiva.
Culpabilizan a su apariencia de la propia insatisfacción.
Se sienten siempre feas y gordas (aunque presenten un aspecto esquelético).
Están siempre de malhumor.
Presentan gran dificultad en relacionarse con los demás, por eso evitan las reuniones sociales, creándose una cierta fobia social.
Tienen muy baja autoestima ya que ésta va ligada a su cuerpo, el cual odian.
Presentan cuadros agudos de ansiedad producida por la preocupación continua a ganar peso.
Son personas obsesivo-compulsivas, con pensamientos circulares, repetitivos y persistentes, y comportamientos rituales sobre la comida y el peso.
Las personas enfermas controladas por este problema se meten en un círculo vicioso de pérdida de peso, que contribuye a mal nutrición y cambios físicos y emocionales, del cual es difícil salir sin ayuda.
|
|
 |
 |
|
|
|
|
|
|