Contra la violencia de género

Del rosa al azul: el principio del fin
La educación lo es todo en mi opinión. Desde el momento en que sabemos cuál va a ser el sexo de nuestro bebé, empezamos a "planificar": nombre, color de la habitación, aficiones, estudios,... Una vida por adelantado. 
Todo esto puede parecer exagerado pero es así. Volcamos en nuestros/as hijos/as todo aquello que nos gustaría haber hecho con nuestras vidas (frustraciones incluidas). De este modo les asignamos un papel desde pequeños/as, un rol de género que estará condicionado por si le vestimos de azul o la vestimos de rosita.
Los chicos no lloran Conceptos como valiente o fuerte se le repiten a los niños hasta la saciedad, especialmente cuando de sus ojos brotan lágrimas. "Los niños no lloran". En cambio a las niñas les obligamos a tener otro "papel", a no ensuciarse, a no hacer ruido, a ser tranquilas. En definitiva, a ser "pasivas".
Esto es algo que se arrastrará desde la más tierna infancia cuando los pequeños/as son como esponjas y absorben todo a su alrededor. Cuentos de princesas que son rescatadas por príncipes valerosos que se enfrentan a dragones. Y el final siempre es igual: vivieron felices y comieron perdices.
Todo esto puede chocar, sonar demasiado extremista o, a veces, demasiado pueril, pero la realidad nos arroja datos tan escalofriantes como la de que "desde que una mujer recibe el primer maltrato por parte de su marido, tarda 10 años en denunciarlo". ¿Y a qué se debe esto? ¿Puede ser por miedo a que no se haga realidad esos cuentos de ser felices para SIEMPRE?
Ahí queda la pregunta.
|