A través de un autoexamen concienzudo, la mayoría de las mujeres se han dado cuenta de que su clítoris es como un pene pequeño o que el pene es como un clítoris grande, con sus tres partes bien diferenciadas, el glande con su prepucio, al tallo y la raíz y así ha sido descrito en algunos manuales de sexología. Pero al realizar este tipo de comparaciones, se olvidaba que tanto los órganos sexuales de las mujeres como los de los hombres constan de muchas más partes. Por ejemplo, también forman parte del orgasmo masculino los poderosos músculos que expulsan el semen y que están profundamente arraigados en le interior del abdomen (los hombres cuyo glande y tallo han sido extirpados quirúrgicamente, pueden seguir teniendo su orgasmo, igual que las mujeres con una cliterectomía parcial). Aunque colocadas de distinta forma las partes del pene y las del clítoris son las mismas.
También se ha podido constatar que en su parte más profunda, el clítoris posee unas estructuras que rodean el orificio vaginal, haciendo muy placentera la penetración aunque no suficiente para conseguir un orgasmo “en frío”. La vagina está implicada de un modo pasivo en el orgasmo y el placer que las mujeres sentimos con la penetración proviene de las sensaciones placenteras que produce el roce del pene contra el clítoris erecto totalmente, y si no llega a sentirse es porque la mayoría de las veces se produce la penetración cuando el clítoris no ha alcanzado el climax de su erección.
Ya sea mediante la estimulación de la fantasía, como la excitante compañía de un nuevo compañero o la estimulación directa del clítoris, los tejidos de éste se inflaman y entonces se hacen mucho más sensibles a la estimulación directa del pene. El lugar más apropiado para esta estimulación es el primer tercio exterior, el punto situado al lado o por encima del tallo. La cuestión fundamental es que no importa de la manera que se haga tanto estimulando el glande como el tallo o las raíces, esta estimulación es imprescindible para que las mujeres tengan su orgasmo, del mismo modo que la estimulación directa del pene es imprescindible para que los hombres tengan el suyo, la forma como se haga depende mucho del habito adquirido y de las habilidades de la pareja.
Los labios menores
Los labios menores son pliegues paralelos situados en el interior de los labios mayores, en la parte superior donde se encuentran los labios mayores y los menores existe uno o dos pequeños pliegues en forma de uve. Las estructuras de los labios menores varían mucho del estado de reposo al de excitación, cambian sobretodo de volumen y color, no son excesivamente sensibles pero su elasticidad permite que las estructuras internas del clítoris puedan expanderse hacia el exterior cuando se cargan de sangre. Su tamaño y forma es muy variable de una mujer a otra, tanto que se ha llegado a decir que los labios menores son tan personales como las huellas dactilares.
El glande
Es la zona más sensible y sus variaciones son apreciables a simple vista, en estado de relax apenas se divisa enterrado bajo los pliegues de su capuchón pero en estado de excitación puede llegar a triplicar su tamaño. En algunas mujeres se retrae hacia el interior y en otras emerge hacia el exterior de entre los pliegues de los labios menores. A la mayoría de las mujeres no les gusta que les acaricien directamente esta zona.
El tallo
Es posible percibir el tallo colocando los dedos inmediatamente debajo del glande y moviéndolos de derecha a izquierda. El tallo se siente como un cordón de goma redondo y no muy recto, se mueve fácilmente cuando se presiona sobre el.
El capuchón
Como ya hemos dicho antes, el capuchón del clítoris que se corresponde con el prepucio masculino, esta formado por la conjunción de los labios mayores y los menores. Tiene una gran importancia en la estimulación directa del glande del clítoris. La postura del misionero con las piernas por los riñones del hombre o por sus hombre favorece el contacto del glande con su capuchón y permite que la excitación siga aumentando durante la penetración.
Los músculos perivaginales
Por debajo del pubis los huesos pélvicos forman un espacio triangular, que por lo general es mas ancho que el de los hombres. Durante el parto, la criatura atraviesa este espacio. Dos pares de músculos largos y finos forman la salida o canal del parto. Un par, los músculos isquiocavernosos, su sitúan a los lados de los huesos pélvicos, formando los dos lados del triángulo, con el glande del clítoris en su vértice superior. El otro par, los músculos perineales transversales, se extienden lateralmente desde el perineo y conectan formando la base del triángulo. Un tercer par de músculos, los bulbocavernosos, también se extienden desde el glande del clítoris dentro del triángulo, descienden por debajo de los labios mayores y conectan con el perineo. Se notan perfectamente cuando se aguantan las ganas de orinar o de defecar.
Durante el orgasmo, estos músculos que se extienden justo por debajo de la capa de grasa y piel, se contraen rítmicamente, oprimiendo todos los tejidos del clítoris y los tejidos y músculos subyacentes.
Raíces y tejido eréctil
Bajo la capa de músculos de encuentra una capa de tejido eréctil y sus correspondientes vasos sanguíneos, el clítoris tiene dos tipos de tejido eréctil, uno más firme o otro más elástico, durante la excitación, ambos se tornan más sólidos y sirven para mantener la erección. La sangre que va llenando estos intrincados laberintos de venas y arterias, procede de arterias más grandes. Las raíces del clítoris son unas largas y delgadas bandas de tejido que se extienden desde el tallo a lo largo de los dos huesos que forman el pubis. La que está inmediatamente debajo de los labios mayores es la que tiene el tejido más sólido y elástico, la otra se extiende por la parte interior del músculo y por la parte superior externa del tercio medio de la vagina, es una almohadilla de tejido blando que puede ser localizada fácilmente introduciendo los dedos en la vagina y presionando hacia delante contra el hueso púbico, rodea la uretra, posiblemente para protegerla de la presión de la actividad coital. Durante la menopausia este tejido se hace mucho más evidente al tacto. Recibe el nombre de esponja uretral, en algunos libros se la llama punto “G”.
Glándulas de Bartolino y otras
Hay dos conjuntos de glándulas que tienen conductos que se abren hacía el exterior. Uno es diminuto y su función específica es desconocida, aunque algunos autores refieren que pueden ser el responsable de la eyaculación femenina. El otro son las glándulas de Bartolino que secretan algunas gotas de líquido durante la excitación y parece ser que tienen como función cambiar el Ph de la vagina para favorecer la supervivencia de los espermatozoides.
Perineo y esponja perineal
Existe una zona entre la vagina y el ano, el perineo, con una gran sensibilidad erógena, ya que las raíces del clítoris llegan hasta allí en forma de tejido eréctil esponjoso que durante la excitación convierte esa zona en muy sensible al golpeteo.
Ano
El ano es una zona ricamente inervada que participa tanto de la relajación muscular que provoca la excitación sexual como de la estimulación directa de las estructuras del clítoris internas y externas.