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¿Cómo le explicas a un hombre cómo debe masturbarte?


Una queja frecuente tanto de hombres como de mujeres heterosexuales es que sus parejas no saben masturbarles con la suficiente eficacia; protesta que no suelen hacer los homosexuales de ambos sexos puesto que conocen a la perfección el cuerpo del otro.


Y sin embargo, masturbar al otro es una habilidad que conviene aprender lo más pronto posible porque permite ejercer sobre la pareja una acción por la que se sentirá muy agradecido.

Nadie nace sabiendo cómo estimular el cuerpo del otro. Por eso es imprescindible aprenderlo. Pero para formarse se necesitan dos personas: una que haga las veces de alumno y otra que ejerza el papel de instructor. Tras cada hombre o mujer con una gran habilidad masturbadora del cuerpo del otro sexo siempre ha existido una persona del ese sexo que se tomó la molestia de enseñarle.

Algunas mujeres tienden a pensar que su habilidad masturbadora es algo que poseen “por naturaleza”. Y no es así. si hacen memoria encontrarán algún hombre, probablemente un adolescente de corta edad que le enseñó cómo hacerlo a una edad muy temprana. Por eso creen haber nacido con esa habilidad.



Aunque los hombres suelen quejarse de la capacidad masturbadora de las mujeres, lo cierto es que se muestran menos renuentes que ellas para enseñarles a hacerlo. La distinta forma de socialización masculina y femenina ejerce aquí un papel esencial.

A muchas mujeres les cuesta no poco esfuerzo ejercer este papel de instructoras. Y sucede por varias razones. Una de ellas es el temor a lo que él pueda pensar de ella; si le enseña a masturbarla es que ella sabe hacerlo, y reconocer masturbarse es algo que cesta mucho aún a algunas mujeres. Otra es, sencillamente, la comodidad; es más sencillo no molestarse en enseñar al otro (por las razones que sean), sobre todo cuando una puede ocultar los verdaderos motivos bajo la excusa, por ejemplo, de no ofender al chico. Finalmente, aún siguen existiendo mujeres que piensan que los hombres son una especia de autodidactas sexuales que conocen todos los resortes del sexo por el mero hecho de haber nacido hombres.

Sin embargo, masturbar al otro es importante porque permite aliviar tensiones sexuales que no se resolvieron de otro modo (coito, por ejemplo), porque permite tener relaciones sexuales sin necesidad de introducir el pene en la vagina y, finalmente, porque es la forma más segura de tener sexo y de llevar al otro al orgasmo por tu propia actividad.

Todas estas razones pueden esgrimirse cuando hayas decidido enseñar a tu chico a masturbarte. Porque aunque él se lo haya hecho a otras, es posible que tú necesites una variación para llegar al orgasmo que él deba aprender.


Hay dos formas de enseñarle a tu chico a masturbarte. Una de ellas aprovecha su predisposición a aprender mejor las cosas viéndolas que escuchándolas, por ejemplo. Y es, sencillamente, dejar que el chico te vea masturbándote en varias ocasiones hasta que se haya aprendido bien tu técnica. La otra es complementaria a la primera. Es decir, puede utilizarse por sí misma o después de haber empleado la primera. Y es permitir que él te masturbe guiándole tú con la mano en cuanto a la presión que debe aplicar, dónde debe de estimular, cuándo debe lubricarse los dedos para o molestar y la velocidad que debe aplicar a sus caricias en cada momento. Para ello será también importante que aprenda a interpretar tu ascenso hacia el orgasmo por la expresión de tu cara. Por eso es importante que estas dos formas de enseñar a tu chico se complementen.

Existe una forma muy útil para enseñar a un chico a masturbarte, tanto si te lo haces tú misma, como si se lo estás enseñando a él. Lo ideal es que desnudos los dos, él pudiera sentarse en la cama con la espalda apoyada en el cabecero, con las piernas abiertas, y tú te sientas también, entre sus piernas, apoyando tu espalda sobre tu pecho. En esa postura la posición de la mano de él sobre tu clítoris será semejante a la de tu propia mano cuando lo haces tú sola. Si estuvierais acostados, uno al lado del otro, necesariamente, la posición de su mano estará forzada y colocada de un modo distinto a como tú sitúas la tuya cuando lo haces.

Si a la postura mencionada pudierais añadir la presencia de un amplio espejo delante de vosotros, miel sobre hojuelas. Porque eso le permitirá a él ver cómo te masturbas en imagen real, sin inversión de las manos. Él verá tu mano derecha a su derecha, también. Y eso le ayudará aprender.


Deberás enseñarle varias cosas que los chicos ignoran porque no tienen clítoris. Que, salvo que lubrique mucho y constantemente los dedos, el glande del clítoris no puede estimularse directamente.

Deberás enseñarle a hacerlo utilizando el prepucio como protector intermedio.

También debes señalarle el ángulo desde el que estimulas el clítoris (de verdad, ellos no lo saben, si no lo ven o se lo indicas colocándole los dedos).

Deberás mostrarle el tipo de movimiento que sueles aplicar con tus dedos, para que ellos hagan lo mismo. La tendencia de los chicos es hacer un movimiento de vaivén hacia arriba y abajo que, a lo peor, a ti te resulta indiferente porque aplicas un movimiento rápidamente circular. Ellos no están acostumbrados a hacer ese tipo de movimiento y necesitarán ayuda.

Habrás de corregir, también, la tendencia de los chicos a presionar excesivamente el clítoris. Ellos necesitan aquí una verdadera lección de paciencia por tu parte hasta que consigan alcanzar la presión que a ti te resulta cómoda, estimulante y no irritante.



Indícale que la suavidad de los movimientos está muy bien para las pocas películas comerciales donde una actriz simula masturbarse, incluso para los comienzos de la masturbación. Pero que tu cuerpo necesita que los movimientos sean cada vez más rápidos e intensos (siempre a tu medida) hasta que llegue el orgasmo.

Si eres de las que dejan de tocarse nada más llegar al orgasmo díselo, porque hay otras chicas a las que les gusta seguir acariciando suavemente el clítoris hasta que desaparecen las últimas contracciones. Y si eres de las que tras el orgasmo no soportan ningún roce con el glande del clítoris porque se queda dolorosamente sensible, díselo también. Se trata de que él aprenda a adaptar la técnica general que conozca a tu cuerpo o de que aprenda a hacerlo si nunca aprendió.

El tiempo dedicado a este tipo de tarea siempre resultará en beneficio de ambos. Para ti, porque gozarás de la masturbación cuando te la haga él, como si fueras tú misma. Para él porque será motivo de orgullo y satisfacción personal conseguir llevar al orgasmo por este medio a la chica por la que se siente interesado.


Terra Mujer/ Jesús Ramos. Psiquiatría-Sexología

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