  |
|
 |
El modelo sexual masculino tradicional

El modelo sexual femenino ha sufrido a lo largo de los últimos cien años un cambio sustancial, para bien o para mal. Hay quien afirma que el modelo sexual masculino tradicional no ha cambiado tanto. ¿Cuál es realmente ese modelo? ¿Hasta qué punto los hombres se ajustan a él? SUMARIO
Explícale cómo te gusta
Modelo sexual masculino
¿Les gusta que te lo tragues?

|  |
Siempre se ha considerado que los hombres eran desde el punto de vista sexual una especie de máquinas irreflexivas que reaccionaban automáticamente como un resorte ante cualquier estímulo erótico. Se les supone con un intenso impulso sexual que les hace estar pensando constantemente en el sexo, con una gran facilidad para excitarse y para llegar al orgasmo, promiscuos, con numerosas conquistas en su haber por su afán depredador o coleccionista, que al poseer un órgano sexual tan evidente desde la infancia les permite descubrir la masturbación muy precozmente, masturbándose casi constantemente desde entonces. En cualquier caso, todo eso lo hacen más que cualquier mujer. El casi nueve de cada diez personas, sean hombres o mujeres, siguen creyendo en nuestros días que el impulso sexual masculino es más intenso que el femenino.
Y lo cierto es que del comportamiento general masculino suele extraerse la conclusión de que dicho modelo es tan tradicional como cierto. Porque los hombres hablan casi constantemente de sexo, son unos grandes desinhibidos en este terreno, parecen estar persiguiendo siempre a las chicas y sólo buscan acostarse con ellas. Existe un problema con los modelos sociales. Sean ciertos o falsos, la gente intenta adaptarse a ellos porque considera que desviarse de los mismos supone no ser normales. Esto es algo que se ha dicho mucho de las mujeres y se olvida con frecuencia que a los hombres les pasa lo mismo.
¿Pero es que los hombres no están pensando siempre en el sexo? Posiblemente haya algunos, o muchos, que lo hagan. Pero no puede extraerse con eso la conclusión de que TODOS actúen así. Y no podemos fiarnos de lo que dicen en las encuestas, porque están respondiendo como creen que los demás esperan de ellos. En investigaciones más cuidadosas se ha demostrado que los hombres exageran cuando refieren sus conquistas sexuales (en algunas sociedades occidentales las mujeres tienen más parejas que los hombres), y cuando dicen las veces que se masturban (siempre refieren más de lo real, y las mujeres, menos), así como la frecuencia con que tienen deseos sexuales espontáneos (las mujeres siempre los minimizan a pesar de saberse que dos tercios de ellas tienen deseos sexuales espontáneos frecuentes, y la mitad de estas a diario). Del mismo modo, se sabe que dos mujeres de cada cinco se excitan con mayor rapidez e intensidad que el promedio de los hombres. Y la queja femenina de que su hombre les “atiende” sexualmente con menos frecuencia de las que ellas desean es algo que está a la orden del día (no sólo se quejan os hombres del bajo deseo sexual de sus mujeres). Por otro lado, está demostrado que no por tener un pene visible los hombres descubren la masturbación antes que las féminas; por cada hombre que aprende a masturbarse antes de los diez años existen cuatro o cinco mujeres que empiezan a esa edad. Y la masturbación es tan frecuente entre los hombres como entre las mujeres sanos y orgásmicos. con la diferencia de que mientras las mujeres emparejadas mantienen la misma frecuencia autoerótica que antes de emparejarse, o la aumentan, en los hombres emparejados se ha comprobado que la frecuencia masturbatoria disminuye.
¿Y esa manera de insinuarse sexualmente a cada momento, incluso los menos indicados? Es un juego. No hay siempre un verdadero interés sexual en ellos. Sucede lo mismo que cuando miran fotos de mujeres desnudas. Muchas veces el interés no está en excitarse con ellas, sino en satisfacer una curiosidad; como el que mira fotografías de motos o coches: no se los van a comprar, pero les gusta verlos. ¿No habéis tenido nunca la experiencia de encontraros con un chico que hace ese tipo de insinuaciones y cuando vosotras le decís que sí él se echa para atrás? Suele interpretarse como que a los hombres les dan miedo las mujeres decididas (algunos hay). Pero lo que sucede con más frecuencia en esos casos es que ellos estaban jugando, como cuando alguien juega con otro embromándole, no tenían un verdadero interés erótico (algunos habrá que sí). Por eso, cuando reciben una respuesta sexual a su juego salen corriendo; no era eso lo que querían.
Luego el modelo sexual tradicional masculino no se corresponde con la realidad. Los hombres no están, en general, hipersexualizados. Algunos hay, igual que mujeres, pero no representan al conjunto.
El problema viene de la necesidad de sentirse socialmente aceptados que tienen todas las personas, hombres incluidos. Eso les hace aparentar el papel que se les pide. Y no sólo para ser aceptados, sino, también, para emparejarse. A las mujeres les gustan los hombres golfos, los que más se ajustan a ese modelo tradicional. A los que no se ajustan a él no se les hace caso hasta edades más maduras. Es como si fueran invisibles, como si no existieran. Por eso para algunas mujeres no existe otro modelo sexual masculino que el tradicional; porque sólo se relacionan con ese tipo de hombres.
 | 
| Tal cosa trae no poco sufrimiento masculino. A los que no se ajustan a ese modelo y no desean hacer el esfuerzo de ajustarse a él, porque supone resultar menos atractivos para las mujeres sitiéndose minusvalorados, cuando no despreciados. Y de entre los que no se ajustan a ese modelo y hacen el esfuerzo de ajustarse a él, a algunos les costará poco en mantenerse en esa línea de actuación, a otros les costará mucho y tendrán problemas (algunos de ellos, sexuales; ¿os imagináis representando el papel de supersexy cuando verdaderamente no tenéis muchas ganas? A la hora de la verdad..., vendrán los fallos), y, finalmente, habrá otros que no resistirán el empeño y tendrán problemas psicológicos de adaptación de mayor o menor envergadura.
Datos extraídos de: Jesús Ramos, “Un encuentro con el placer. La masturbación femenina”, Espasa-Calpe, Madrid, 2002.
| Terra Mujer/ Jesús Ramos. Psiquiatría-Sexología |
|
|
|
|
|