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Escuela de padres


Enséñales a compartir


Todos hemos presenciado en alguna ocasión la escena en la que un niño se niega a dejar un juguete a otro niño y donde el padre le regaña o se enfada por este comportamiento.


Es algo que se repite muy a menudo en determinadas edades, y por ello deberíamos quitarle la importancia que a veces le damos.

Cuando algo se repite en muchas personas en determinados momentos de sus vidas debe ser que es algo natural y normal. Los niños van a pasar por distintas etapas muy características en sus primeros años de vida.

Al principio no serán conscientes de que ellos son algo individual en su entorno, más tarde asimilarán su identidad y serán conscientes de que están aquí igual que mamá o el hermanito. Unido a su nueva identidad van a aparecer otros momentos en los que el niño defiende lo que es suyo y quiere acaparar incluso más para poder satisfacer sus necesidades.


¿Por qué lo hacen?
No prestará un juguete y se negará a compartirlo porque creerá que peligra su posesión y su fuente de placer. No es consciente que los demás niños también tienen cosas que les pertenecen y que lo divertido está en pasárselas de unos a otros para que el juego sea más diverso. Esto aparecerá en una etapa posterior.

Además nos vamos a encontrar con que el niño, no solo no presta sus juguetes, sino que quiere tener los de los demás y hacerlos suyos también. Así se sentirá protegido y tendrá asegurada su diversión. Cuando ve peligrar la posesión de algún juguete, se pondrá nervioso y enfadado, de ahí que no lo quiera compartir. El miedo a perderlo es muy fuerte en estas etapas tan tempranas.

No hay que castigarle
Los mayores deberemos entenderle y no castigarle por su actitud, tengamos en cuenta que el niño actúa así porque su propio desarrollo le lleva a ello, más adelante aprenderá cosas diferentes y probablemente comparta con los demás, puesto que los demás también lo harán con él. Entenderá el sentido de la compensación y de la generosidad.

Si aprendemos a ponernos en el lugar de nuestros pequeños, nos resultará más sencillo entenderle. ¿Cómo nos sentiríamos si alguien que viene a casa nos hurgara en los cajones y tocara todas nuestras cosas? Y sobre todo ¿qué pensaríamos si toca nuestra última adquisición en libros o ropa? Seguramente no nos gustaría nada, aunque nos aguantaríamos por cortesía, eludiríamos el tema y comenzaríamos a hablar de otras cosas o nos cambiaríamos de habitación. Los adultos podemos tener estrategias y hemos aprendido a disimular o a poner límites a los demás. Los niños de 2 años no saben hacer esto y expresaran su desagrado desde el principio.


Es inútil explicarlo
Será inútil hacerle entender nuestro propósito o explicarle que está mal no dejar su juguete. El no se hace responsable de cómo se siente el otro niño y le dará igual quedar bien o mal, solo sabe que el juguete “es suyo”.

De ahí la impotencia de los padres cuando se enfrentan a esta situación en casa de algún familiar o amigo. A veces el nivel de nerviosismo o la vergüenza hace que los padres reaccionen con negatividad y castigan al niño sin jugar con su amiguito o no vuelven a ir de visita. Esto desde luego, es un error, puesto que el niño no entiende qué es lo que hace mal y no cambiará su comportamiento hasta que no llegue una nueva etapa en la que las posesiones pierdan interés y sea más divertido compartir con el otro o mantener la amistad.

Es importante que los padres estén bien informados sobre las distintas etapas por las que pasará su hijo, para que su reacción sea la aconsejable en estos casos y no hagan que su hijo se sienta culpable por algo que forma parte de su evolución y que pasará en unos meses.

Aunque sabemos que esta etapa pasará en breve, es función de los padres servir a su hijo como modelo para que aprenda poco a poco cual es la conducta que se le va a valorar y cual la que no.

Algunas pautas a seguir
A la hora de recibir una visita en casa con otros niños es bueno ayudar a nuestro hijo a aceptar la situación. Podremos explicarle de antemano qué es lo que va a pasar para que él tenga estrategias para enfrentarse a ello. Ejemplo: “Alvaro vendrá esta tarde a jugar contigo y seguro que querrá jugar con tus juguetes ¿con cuales quieres que juegue? ¿quieres que guardemos tus preferidos para que no los estropee?
De este modo enseñas al niño a colaborar y le ayudas a proteger sus bienes más preciados.

Aun así no te aseguras que después quiera compartir. Una buena opción es hablar con los padres del otro niño y decirles que traigan una bolsa con juguetes , así no será solo nuestro hijo el que tenga que compartir todo. La balanza se verá compensada.

Ya sabemos que los niños nos utilizan a nosotros como modelos de comportamiento. Aprovecha la menor oportunidad para realizar acciones que impliquen compartir como por ejemplo: “Cuando el niño está en el salón con los mayores pregúntale a tu amiga ¿Quieres que te deje este CD para que lo escuches?

Explícale también a tu hijo que los juguetes permanecerán en casa una vez que la visita se haya marchado, no olvides que su mayor miedo es perder el juguete. Una vez que la visita se haya marchado hazle ver como todos los juguetes están allí y que no ha ocurrido nada malo al dejárselos al otro niño. Es importante que resguardes un poco sus últimos juguetes o sus preferidos, si alguno se estropea o se rompe más adelante tendrá más dificultades para compartir por el miedo a que vuelva a ocurrir.

También asegúrate de que el juguete prestado vuelve a su lugar y que el otro niño no se lo queda o lo esconde o algo similar. Tu hijo tendrá un sentimiento de pérdida sobre algo muy querido para él y la frustración le hará no compartir la próxima vez.

También puedes probar a establecer límites de tiempo, aunque si hay peleas te resultará difícil. Tal vez puedas negociar con ellos de antemano. Cada uno tendrá el juguete cinco minutos, mientras te dedicarás a entretener al otro niño con algún juego o cuento; sino lo haces estará pendiente todo el tiempo de cuando le toca a él y serán 5 minutos eternos.

Una buena opción cuando te encuentre ante este problema es tener preparado otros juegos que permitan la cooperación en equipo. Jugar al escondite, o hacer un puzzle o pintar en una cartulina serán juegos en los que todos pueden compartir un espacio y nada es de nadie. Todos colaboran para conseguir un mismo objetivo. Son actividades en equipo y te ahorrarás las peleas por el mismo juguete.

Los adultos tendremos que estar muy pendientes del comportamiento del niño y premiarle por una buena actitud. Si comparte con su hermano o con el vecino algún juego, ahí estaremos nosotros para decirle “muy bien” o darle un beso o ponernos muy contentos por ello. Igual que pondremos los límites cuando nos parezca oportuno, también alabaremos su buen comportamiento cada vez que lo ejecute. Nos aseguraremos así que poco a poco repita su conducta positiva y que nos agrada.



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Terra Mujer / Vicenta Sanz Herrero, psicóloga clínica

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