El diseñador libanés volvió a deslumbrar al nutrido público congregado en el Museo del Hombre con sus vestidos de princesa, de ensueño, en esta ocasión inspirados en las diosas griegas.
Saab mostró una mujer de gala, mayoritariamente con vestidos largos en tonos pasteles -rosa pálido, verde agua, azul cielo, violeta claro- en gasas plisadas, sedas sutiles y tules vaporosos, de talles altos, espaldas al aire y escotes Gilda. Los bordados y la pedrería en plata dominaron en una colección con una mínima concesión al negro, y sólo en armados cuerpos acompañados por abombadas faldas, como tulipanes, en tonos pastel. Como colofón, el libanés mostró una novia hiper-femenina, de blanco y plata y con un velo de varios metros empezado en capucha.