Para algunos, el tacón sigue siendo todo un símbolo de feminidad y aseguran que debería ir siempre pegado al talón de cualquier mujer, porque produce un andar sinuoso y elegante. Fetichista y sexy, es un excelente arma arrojadiza, o un complemento de autocastigo para escalar unos centímetros de más.
Problemas físicos
A pesar de todo, muchos médicos lo catalogarían mejor como un accesorio para masoquistas, a juzgar por todos los problemas que desencadena en los pies y en las vértebras. Los zapatos de tacón obligan a una hipercorrección de la columna por sobrecarga de las vértebras y obligan a una mala disposición postural.
No se puede hablar de patologías muy determinadas porque cada cuerpo compensa y reequilibra el peso del cuerpo adoptando distintas posturas, que a la larga van a derivar en problemas diferentes.
Tacón alto y puntera estrecha, un tándem en el más puro estilo de la tortura china. Los dedos acabalgados y los clásicos juanetes (hallux valgus) son los problemas más frecuentes, fruto de muchos años forzando el pie dentro de un diseño anti-anatómico.
Los podólogos advierten que observan desde hace años como este refinado complemento de seducción esconde unos pies doloridos y deformados. Aunque la mayor patología que se da en las clínicas del pie entre las mujeres que llevan un tacón excesivo, es un dolor por sobreapoyo del peso del cuerpo en la parte delantera de la planta del pie (metatarsalgia).
Además esta sobrecarga acaba por desviar los dedos y altera la posición natural de las curvas de la columna vertebral. La zona lumbosacra y las vértebras cervicales suelen ser las partes más afectadas.