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Escuela de padres

Las manías y los tics de los niños
Todos tenemos alguna manía aprendida que nos procede de la infancia o adolescencia. No es raro encontrarse con personas adultas que se tocan el pelo compulsivamente o que repiten una coletilla al hablar. Son pequeños hábitos adquiridos desde hace tiempo y complicados de erradicar puesto que nos ayudan a canalizar nuestra ansiedad en ese momento o simplemente a encontrarnos más tranquilos en una conversación.
Cuando somos niños aprendemos una serie de conductas repetitivas que son muy útiles para crear una rutina, pero a medida que se va creciendo, el niño debe adaptarse al ritmo familiar y no generar manías que impidan la dinámica familiar.
A menudo nos encontramos con niños que no quieren determinado tipo de ropa o algunas comidas, los padres lo aceptan al ser pequeños y fomentan estos hábitos pero cuando el niño crece no puede mantenerlas porque entorpece la normalidad familiar. No se puede permitir que un niño no coma determinado alimento porque de pequeño lo vomitaba por ejemplo, con ciertas edades tendremos que empezar a fomentar la alimentación variada y a no sucumbir a sus gustos, ni elaborar comidas específicas para ellos , si lo hacemos seguiremos fomentando el mal habito en el niño, y además seres unos padres que no pone ciertos límites.

|  | Tengamos en cuenta que los tics y las manías infantiles sirven al niño para algo concreto, son conductas que se inician para cubrir alguna necesidad o para reducir algun mal sentimiento como la ansiedad. Por este motivo será importante que le vayan desapareciendo ya que el niño tienen que aprender poco a poco habilidades para cubrir estas necesidades o para controlar la ansiedad; desde luego sus manías y tics no son la solución.
Existen diferencias entre tics y manías, no son los mismo, aunque el resultado que se consigue al sufrirlas es muy parecido para los niños.
Las manías son costumbres o conductas repetidas a diario o muy a menudo que ayudan al niño a controlar algunos acontecimientos externos. Desde que nace el niño está sometido a una serie de rutinas como la hora de comer, del baño, etc. A medida que va creciendo estas rutinas pueden reforzarse y otras desaparecer: por ejemplo: el niño que no duerme si no es en su cama o el que no hace caca si no es en su orinal. Son hábitos adquiridos, lo contrario o diferente les genera ansiedad, por eso es importante darle tiempo para que se habitúe a lo nuevo.Tengamos en cuenta que las manías llevadas al extremo pueden empezar a interferir en el desarrollo del niño o en la comunicación con su ambiente. Es fácil que no se adapte a la guarderia o que no quiera separarse de los padres lo cual será complicado para los demás.
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Los tics son otro tipo de conductas muy repetitivas e incontrolables por la personas, aparecen en situaciones de estrés o ante algo novedoso que dá miedo al niño. Son muy característicos en niños pequeños que son tímidos o muy sensibles, sus tics le ayudan a controlar la ansiedad aunque ni ellos mismos se den cuenta. Los más típicos son morderse las uñas, abrir y cerrar fuerte los ojos repetidamente, arrancarse el pelo o las pestañas. Son a menudo movimientos bruscos de algún órgano, a veces también en manos y piernas.
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Van a aparecer principalmente cuando hay fatiga o irritabilidad o cuando el niño se encuentra sometido a una gran presión. Ante la presencia de familiares y amigos también aparecen, sobre todo por la presión que en el niño genera la posible evaluación negativa de estas personas a las que él quiere agradar.
Habitualmente suelen desaparecer a medida que el niño va creciendo y es mucho mejor no darles ninguna importancia. Si el tiempo o la frecuencia del movimiento nos preocupa podremos acudir a un profesional que nos ayude aunque para el niño esto debe ser tratado desde la más absoluta normalidad. Trataremos de que no se sienta diferente para así no provocarle presión, ya que es uno de sus principales enemigos. Acudir al médico o al terapeuta tiene que ser como un juego para él.
Al ser un problema de ansiedad los ansiolíticos y los relajantes funcionan en un primer momento, pero al no controlar la conducta y buscar el foco de procedencia, al dejar la medicación aparecen recaidas. El niño no ha aprendido a controlar su problema, con lo cual seguirá igual tras la medicación, aunque puede ser de gran ayuda en el aprendizaje en autocontrol.
A nivel psicológico, lo más eficaz van a ser las técnicas de relajación y el entrenamiento en autocontrol en el que el niño va a aprender a detectar cuando la situación le está provocando ansiedad y cuando le puede sobrevenir el tic. Si lo detecta a tiempo podrá controlarlo dándose una orden negativa para no llevarlo a cabo.
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| Desde el punto de vista de los padres la mejor actitud desde un principio es no darle importancia. Deben considerarlo como algo normal de la edad de su hijo y no prestarle demasiada atención, así el niño tampoco lo hará y desaparecerá con el tiempo.
Si el tic o la manía de nuestro hijo se convierte en un estímulo aversivo estaremos perdidos, si reñimos al niño cada vez que lo hace, y le damos importancia intentando disuadirle de que no lo haga y haciéndole sentir mal, conseguiremos que para él sea un defecto y que se considere alguien anormal, de esta forma la ansiedad aumentará y el tic también. Será importante que aleccionéis a familiares y amigos en estos pequeños trucos para que no sean ellos los que fomenten el malestar (sobre todo abuelos y tíos allegados). Tengamos en cuenta que los niños siempre quieren agradar a sus mayores y quieren ser valorados. Si convertimos el tic en la comidilla del barrio, el niño se sentirá infravalorado y con algo mal que no puede controlar. Disminuirá su autoestima y su autocrítica irá en aumento. Aparecerán conductas perfeccionistas para agradar siempre y estaremos formando el caldo de cultivo para crear una personalidad ansiosa que más adelante le puede traer muchos problemas.
Tened en cuenta que por estadísticas la mayoría de los niños no necesitan tratamiento y sus tic desaparecen en meses o al año, tened paciencia y dejadle crecer tranquilo.
| Terra Mujer/ Vicenta Sanz Herrero- Psicóloga clínica |
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