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Canal Mujer. El bebé


Especial sueño en niños


Claves para que duerman de un tirón


El sueño es una necesidad fisiológica muy importante para nuestra salud. Invertimos una tercera parte de nuestra vida en dormir; y es en la infancia cuando el sueño adquiere mayor relevancia.


¿Por qué es tan importante el sueño en edades tempranas?
El sueño es un periodo de restauración y maduración cerebral.
Durante las fases REM del sueño se consolidan los conocimientos aprendidos durante el día. Y en el primer año de vida es cuando en el cerebro se producen más cambios, y con más rapidez.
Se producen cambios espectaculares: basta con pensar que el niño comienza a andar, y a comunicarse mediante el lenguaje. En edades posteriores no se producen progresos tan notables.


¿Se puede aprender a dormir bien?
El sueño y los hábitos que lo rodean, como toda conducta humana, es susceptible de cierta modificación. Luego sí se puede aprender a dormir bien, al menos a mantener ciertas costumbres que garanticen la higiene del sueño del niño. Lógicamente, el niño no nace “preparado” para dormir bien todas las noches, y mucho menos tal y como los padres desean que duerma.


¿A qué edad se debe comenzar a enseñar hábitos del sueño adecuados?
Desde el momento del nacimiento. Aunque, más que enseñar conductas adecuadas, se trata más bien de no instaurar asociaciones indebidas, como por ejemplo acostumbrar al niño a dormirse en brazos de su papás, o con la luz encendida, agarrado de la mano, comiendo... Así, cuando el niño se despierte, porque es normal que lo haga y varias veces a lo largo de la noche, reclamará esa atención de los padres para volver a dormirse.

El bebé se despierta llorando...
Si no han pasado al menos 2 horas de la toma anterior, se le debe coger en brazos para calmarlo.
Los recién nacidos no se acostumbran a ser cogidos en brazos en los primeros 3 ó 4 meses. La mejor forma de calmar al bebé en este momento es el movimiento delicado y las caricias o palmaditas suaves; el mecimiento enérgico puede ser contraproducente.
No se deben emplear maniobras de apaciguamiento muy complicadas para no habituar al niño a un ritual que luego exigirá para dormirse.


¿Cuándo puedo eliminar la toma nocturna?
A partir de los dos meses es aconsejable intentar retrasar la toma nocturna.
Si el niño llora por hambre se le dará algo menos de cantidad de lo que toma durante el día. Si el bebé se alimenta de leche materna debes darle un sólo pecho.
Debéis procurar que el niño no se excite demasiado, evitando encender muchas luces, los ruidos, los juegos, etc. Generalmente, entre los 2 y 4 meses se puede eliminar la toma nocturna.


Es importante que el niño aprenda a dormirse solo, sin la ayuda del alimento o los brazos de los padres.
¿Cuándo dejar al niño en la cuna para dormir?
Cuando se muestre cansado, somnoliento, pero despierto.

Crea una rutina y respeta los horarios
Es recomendable crear una rutina antes de irse a la cama, por ejemplo: baño – juego – cena – cuento – arroparle – “buenas noches” – apagar la luz – y abandonar la habitación.
Evitad actividades que puedan sobreexcitar al niño justo antes de irse a la cama, como juegos muy activos.

La higiene del sueño se consigue gracias a unos hábitos firmemente establecidos. Salvo las lógicas excepciones (un día de fiesta), el niño debe acostumbrarse a ir a la cama siempre a la misma hora. Así, si posteriormente deseáis cambiar estos horarios, se debe hacer progresivamente, por ejemplo variando en 10 ó 15 minutos el tiempo.


Los terrores nocturnos y las pesadillas
Junto con el sonambulismo y la somniloquia (hablar en sueños) constituyen los llamados “trastornos del despertar”. Aproximadamente el 6 % de los niños preescolares han tenido al menos un episodio de terror nocturno. Se caracterizan porque el niño grita inconsolablemente y parece aterrorizado y confuso. El episodio puede durar de 1 a 15 minutos, y una vez finalizado el niño se duerme inmediatamente. No hay que angustiarse. Este fenómeno habitual y no indica necesariamente un problema emocional. El niño se duerme fácilmente (en realidad no llega a despertarse) y no recuerda nada al día siguiente. Si se trata de episodios aislados este trastorno no requiere ningún tratamiento especial.

En cambio, el niño que tiene una pesadilla sí se despierta completamente, recuerda su sueño y le cuesta volver a dormirse a causa del miedo. A diferencia de lo que ocurre en los terrores nocturnos, en las pesadillas el niño necesita que le tranquilicen y le den seguridad. Hay que dejar al niño que explique su sueño.
Una de las funciones de los padres es poner límites a la fantasía y la imaginación del niño. Si las pesadillas son muy frecuentes pueden ser el reflejo de una situación de excesivo estrés durante el día.

¿Y si el niño demanda nuestra atención...?
Cuando metemos al niño en la cuna o en la camita y apagamos la luz, por lo general, se acabaron los mimos hasta el día siguiente. Si reclama nuestra atención... le ignoraremos. Esto es fácil de decir y difícil de hacer. Un buen truco es cronometrar el tiempo que transcurre desde que el niño comienza a llorar hasta que sus papás acuden para ver qué quiere. Así podrán entrenarse en dilatar ese tiempo, y a la vez, comprobarán que el niño puede estar llorando un minuto o dos sin que ocurra nada, y que lo más normal es que se calme el solito.





Terra Mujer / Luis Ramos

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