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Escuela de padres


Rivalidad entre hermanos


Cuando en una familia hay varios hermanos se pueden detectar diferencias significativas en el cuidado y dedicación de los padres, en la educación recibida, en los miedos trasmitidos, etc.


Esto puede hacer que los hermanos se vean como rivales frente a los que hay que competir para ganarse la admiración de los progenitores.

Ser el mayor, mediano o pequeño puede determinar la educación que recibimos e influir en nuestra relación con los demás, vamos a madurar de manera diferente y de ahí que los hermanos no tengan grandes similitudes en la forma de pensar y de actuar ante las cosas que les ocurren.



Hermanos mayores vs hermanos menores
Los hermanos mayores, por ejemplo, viven experiencias peculiares, al ser el primer hijo es frecuente que los padres les eduquemos con más miedo, ya que no tenemos experiencia en su cuidado y tememos que algo malo pueda sucederles.

Eso puede fomentar que el primogénito acabe teniendo una mayor predisposición hacia trastornos fóbicos y miedos, por este motivo es importante que no trasmitamos nuestras ansiedades a los hijos, se trata de aprender a fomentar una actitud más positiva y no de ver peligros en todo aquello que nos rodea.

Es cierto que nuestros hijos pueden parecernos muy frágiles, pero educarles con miedo no les ayudará a enfrentarse con garantías a las dificultades, ni fomentará su autoestima. Por lo tanto es importante que nos centremos en fomentar su autonomía y que no les protejamos en exceso.

Para poder paliar este problema desde un principio es importante que hagamos participe a nuestro hijo de la llegada de su hermano
El príncipe destronado
Otro momento complicado en la vida de los primogénitos sucede cuando el mayor se ve “destronado” por la llegada de más hermanos, sobre todo si tiene más de 3 años. Es normal que se sienta celoso, quién no lo estaría si pasara de ser el centro de atención a un segundo plano.

Si esta rivalidad no se trabaja desde el principio, podemos encontrarnos a dos hermanos que pasan sus vidas llevándose la contraria y discutiendo por cualquier cosa. Muchas rivalidades infantiles pasan a la edad adulta y podemos encontrarnos a personas adultas que no se llevan bien con su hermano o hermana porque de pequeños el otro era el favorito de los padres.

Para poder paliar este problema desde un principio es importante que hagamos participe a nuestro hijo de la llegada de su hermano. No es un rival sino un compañero si hacemos que el niño vea los aspectos positivos de tener un hermano pasaremos a convertir esa experiencia en algo deseado por él. Existe la creencia de que los hermanos mayores son también personas más responsables, ya que con frecuencia los padres les exigen que sean un modelo para sus hermanos pequeño y también se encargan de cuidar de ellos en muchas ocasiones. Asumir responsabilidades dotará a los chicos de mayor independencia, pero tampoco se trata de exigirles responsabilidades que no sean propias de su edad.



Y los medianos...
Los hermanos medianos se suele decir que son los olvidados. Pueden sufrir también el ser “destronados” con la llegada de sus hermanos más pequeños, y habrá que seguir los mismos pasos dejando al margen la idea de rivalidad. El mediano puede sentirse desconcertado ya que tampoco van a gozar del protagonismo y la importancia que se le da al primogénito.

Esto puede provocar que busquen diversas estrategias para llamar la atención, pero si sabemos tratarles con cuidado, dotándoles de confianza pueden convertirse en personas bastante equilibradas, ya que les educan padres con más experiencia, y cuentan con el apoyo de su hermano mayor. Ser el mediano puede tener sin embargo muchas ventajas, los padres no viven su educación con tanta incertidumbre y tienen un modelo en su hermano mayor, que suele ser el que asume el papel negociador con los padres así que los medianos se suelen criar con una mayor libertad, al tiempo que pueden ir asumiendo parte de responsabilidad cara al hermano pequeño.

Los más pequeños
Los más pequeños de las familias, también atraviesan por experiencias singulares, al nacer ellos, los padres ya están cansados de imponer normas y es fácil que sean más tolerantes, convirtiendo al hermano menor en el mimado de la familia. En efecto, muchas veces el menor es el consentido, el preferido, el que suele protagonizar las rabietas y el que consigue lo que desea.

Si le sobreprotegemos en exceso estaremos limitando su capacidad de reacción ante conflictos futuros. Así que se trata de saber combinar el cariño con la exigencia en la educación. Pero ser el más pequeño tiene muchas ventajas, nace en un ambiente en que sus padres ya tienen experiencia y además recibe las influencias de sus hermanos que le estimulan día a día. En este sentido tienen la oportunidad de aprender de las experiencias de sus mayores, ganando en seguridad.

Reciben muchas influencias culturales y por eso pueden ser precoces en algunos aspectos. Esto se acentúa aún más si hablamos de familias numerosas, o si hay una diferencia considerable de edad entre los hermanos, ya que además tendrán la oportunidad de desarrollar desde muy pronto sus relaciones sociales, porque también recibirán la influencia de los amigos de sus hermanos y así, crecer en un mundo mucho más abierto.

Estas diferencias entre hermanos, que a menudo pueden pasar desapercibidas para los padres, pueden ser motivo de conflictos encubiertos entre ellos. Nadie sabe muy bien porqué se llevan tan mal, pero lo cierto es que siempre están peleándose. Cada uno lucha por conseguir el primer lugar y cada uno envidia la posición del otro, puesto que solo valoran las ventajas y no las desventajas. Los hermanos mayores acusarán recelo cuando vean que ellos lucharon mucho por conseguir salir hasta tarde y los pequeños salen incluso hasta más tarde con total facilidad; como si fuera lo normal. La lucha para abrir el camino será del más mayor, y los que vienen detrás se beneficiarán de ello.


El más elogiado es el primero
Las diferencias causarán mella en los más pequeños y si no son muy reforzados y tienen inseguridades, desarrollarán dificultades para conseguir sus metas. A veces piensan que los logros conseguidos por su primer hermano son fáciles y que les tiene que venir a ellos sin luchar. Esto provoca desmotivación y les hace no luchar por lo que les apetece.

Lo más importante es fomentar la alianza entre hermanos y no la rivalidad, olvidándonos de hacer comparaciones entre ellos, o de apoyarnos en el ejemplo de los unos para educar a los otros. A la hora de felicitar o recriminar a los hijos, no conviene hacerlo en relación a su ubicación en la familia, sino en relación a su naturaleza o a su edad. Por ejemplo, si uno de los niños más pequeños ha logrado hacer algo, no por ello es menos importancia que lo haga uno mayor, para cada uno de ellos es un logro. Emitir juicios comparativos pueden influir negativamente en la autoestima al no sentir el niño que sus logros son valorados.

Del mismo modo, a la hora de castigar conviene tener en cuenta que no es menos censurable una misma acción por haber sido copiada de otro aparentemente más responsable. Con frecuencia cometemos el error de castigar a los mayores por sus acciones y por la imitación que los pequeños hacen de ellas. Es importante que aprendan a tener conciencia en sí mismo y a actuar por cuenta propia. De ese modo recibiran premios o castigos en función de sus comportamientos y no amparándose en los otros.

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Terra Mujer / Vicenta Sanz Herrero, Psicóloga clínica

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