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Canal Mujer. El bebé


Juegos para los doce primeros meses


Cu-cu... ¡Tras! ¡Ya no estoy!


Todo el mundo sabe que a un niño pequeño le apasiona jugar a este sencillo juego, durante horas...


Detrás de este juego universal se esconde un fenómeno que los psicólogos denominan “descubrimiento de la permanencia del objeto”. Hasta los 9 meses aproximadamente, cuando el niño pequeño deja de ver un objeto piensa que ha desaparecido, incluso aunque lo ocultemos bajo una manta delante de sus narices.

Si él no lo ve, es que no existe. Por eso, cuando el objeto vuelve a aparecer, para él supone una sorpresa mayúscula, como si se tratase de un truco de magia. Y este es el motivo por el cual no se cansará de repetirlo una y otra vez, porque con cada nueva ocasión experimentará la misma emoción.


¿Hasta cuándo?
Llega un momento en que el niño es capaz de elaborar una representación mental del objeto, una imagen, y aunque sus ojos no lo vean, su mente sí lo hace porque “permanece” en ella. Este es el momento en que levantará la manta para coger el objeto, sabiendo que esta ahí.

Ahora veamos algunas variantes que pueden enriquecer este juego:
Aprovecha el momento de vestirle para introducir el juego. Por ejemplo, a muchos niños les desagrada el momento en que les ponen una camiseta, pero si se convierte en un juego... todo cambia. Primero tápale la carita y repite “¿dónde estás?, no está, no está...”, luego haz lo mismo metiendo su cabeza en la camiseta.

A ciertas edades un libro puede convertirse en un perfecto juguete de “ya no estoy”. Piensa que al pasar cada una de las páginas desaparecen y aparecen cosas. Centra la atención del niño sobre alguno de los dibujos y/o personajes, cierra el libro y pregúntale qué ha ocurrido con él... Vuelve a abrirlo y muéstrale la nueva página. Haz lo mismo pasando las páginas hacia delante y hacía atrás, ¡el personaje aparece y desaparece!

Una pequeña maleta o caja puede convertirse en un objeto fascinante para un niño. Si tiene cierres o broches mucho mejor, a los niños les encanta abrirlos y cerrarlos. Una maleta puede llenarse de cosas, puede arrastrarse de un sitio a otro, cuando se cierra las cosas desaparecen, y cuando se abre... ¡siguen ahí!

Enterrar cosas en la arena es otra variante muy entretenida. Coge un juguete pequeño, como un cochecito, y muestra al niño cómo cavas un hoyo y entierras el juguete en él. Pregúntale por el juguete y anímale a buscarlo, cuando lo haga felicítale por ello.

Envuelve en diferentes tipos de papeles y/o telas algunos juguetes pequeños. Deja que el niño los vaya abriendo y celebra cada uno de los nuevos descubrimientos. Luego enséñale como se hacen los paquetes. Es una forma perfecta de estimular su motricidad fina.

Una pequeña colección de cajas de cerillas vacías puede convertirse también en un juguete fascinante de “ya no estoy” (mejor si son de las grandes de cocina). En ellas se pueden guardar múltiples objetos, se pueden hacer colecciones de cosas que se encuentren por el jardín (ojo con llevárselas a la boca). Y puedes convertirlas en pequeños juguetes que le permitan al niño experimentar con diferentes texturas. Pega en su interior diferentes trozos de tela o papel, gomaespuma, corcho, plástico, lija...

Tus propios bolsillos pueden resultar un lugar fascinante donde esconder cosas que el niño debe buscar. Seguro que tienes algún abrigo con unos enormes bolsillos que pueden llenarse de tesoros...


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Terra Mujer / Luis Ramos, psicopedagogo

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