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¿Facilitan el orgasmo?

La importancia de los preliminares en las relaciones sexuales
El sexo rápido tiene sus partidarios entre ambos sexos, pero, lo frecuente, es que resulte más agradable un tiempo de recreación en las caricias antes de pasar al coito. Ese juego de caricias anterior al coito es lo que se ha dado en llamar “preliminares”. Históricamente, han convivido las ideas de que para tener relaciones sexuales tales preliminares eran innecesarios y, por el contrario, que éstos son imprescindibles para el verdadero disfrute sexual.
Digamos que la primera opción era la más común entre la población general, y la segunda era la sostenida por unos pocos iniciados masculinos (las mujeres siempre han sabido que sin preliminares el disfrute es menor).
Los hombres no necesitan preliminares, las mujeres sí Desde que se toma en consideración la sexualidad femenina y su satisfacción, la corriente mayoritaria es la de que los preliminares son importantes en las relaciones sexuales.
Sobre todo, al constatar que las mujeres pueden disfrutar del coito, pero tienen considerables “dificultades” para excitarse y para alcanzar el orgasmo con la simple penetración vaginal.
La consecuencia lógica de tal observación es que a la mujer hay que “prepararla” (¡me horroriza esta expresión!) para que disfrute durante el coito. Bajo el concepto de esa “preparación” están incluidos los llamados preliminares.
Incluso se han echado cuentas: según dicen, los hombres no necesitan preliminares (al parecer, se preparan solos) y alcanzan el orgasmo a los dos minutos de iniciado el coito. Las mujeres precisan un promedio de ocho minutos de preliminares más al menos otros ocho minutos de coito para alcanzar el orgasmo.
Con tales datos, es comprensible que el desencuentro sexual esté servido, y la vieja lógica de los preliminares como caldeamiento femenino, también.
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Los preliminares no siempre facilitan el orgasmo Pese a su apariencia racional, esta forma de pensar (muy común actualmente) es errónea por varias razones.
La primera de ella procede del nombre aplicado a esas prácticas. Si se denominan preliminares, es porque preceden a algo, al coito; con lo que, pese a darles su importancia, los preámbulos siempre son considerados algo secundario que debe ofrecerse como paso previo a lo verdaderamente importante, que sería la cópula. La atención que se presta a lo secundario, por intensa que sea, siempre es menor que la prestada a lo principal (el coito), precisamente por su naturaleza accesoria.
La segunda es que la simple penetración vaginal no aporta a las mujeres el estímulo necesario para alcanzar el orgasmo; éste no es posible sin el adecuado estímulo del clítoris. Creer que los preliminares lo facilitan es inexacto. Se ha podido comprobar también que aunque se incremente el tiempo dedicado a los preliminares, y su calidad, la capacidad orgásmica femenina por penetración vaginal no mejora.
Luego, si los preliminares tienen alguna importancia, no les viene por su capacidad resolutiva en el placer femenino final, más supuesta que real, según las investigaciones mencionadas. Tendrá que venir de otra parte.
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| Hacer el amor es, precisamente, acariciar, besar, estimular, tanto el cuerpo como la mente de la pareja, utilizando todos los elementos que se nos ocurra para ello. Es detenerse en el cuerpo del otro para darle placer y disfrutar haciéndolo |
|  | Los preliminares es hacer el amor a nuestra pareja Pero, ¿son importantes los preliminares? Sí, aunque tenemos que cambiar la idea que tenemos respecto a ellos.
Los llamados preliminares no son nada que preceda a algo, ni un simulacro que deba hacerse (con mayor o menor entusiasmo) para favorecer el placer sexual femenino. Aunque sean llamados preliminares, ese juego sexual “previo”, no es algo antepuesto, es la verdadera relación sexual en sí misma. Y su objetivo no es “preparar” a la mujer, sino hacer disfrutar a ambos miembros de la pareja en su encuentro sexual.
Hacer el amor es, precisamente, acariciar, besar, estimular, tanto el cuerpo como la mente de la pareja, utilizando todos los elementos que se nos ocurra para ello. Es detenerse en el cuerpo del otro para darle placer y disfrutar haciéndolo. No es algo unidireccional (de hombre a mujer), sino mutuo. Lo que entendemos como preliminares es, realmente, hacer el amor a nuestra pareja. Eso exige que ambos miembros sean igualmente activos respecto al placer del otro y se intercambien sus papeles de emisor y de receptor.
La verdadera relación sexual El coito, no es otra cosa que una de las formas de alcanzar el orgasmo, tras una larga (o corta) sesión de hacer el amor (los mal llamados preliminares). Como también lo es el sexo oral, o la masturbación recíproca, o la propia compartida en presencia de la pareja.
Todas estas formas de llevar al otro al orgasmo o de obtenerlo una misma son perfectamente intercambiables y complementarios entre sí, sin que haya una práctica más “autentica” que otra (hasta ahora, lo único que se consideraba “autentico” era el coito).
La importancia de los preliminares no viene de su capacidad preparatoria (que no la tienen), sino de constituir la autentica, la verdadera relación sexual. Ellos constituyen, literalmente, hacer el amor.
| Terra Mujer / Jesús Ramos. Sexólogo |
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