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La socialización del niño

Las primeras relaciones sociales del niño son las que establece con los adultos que lo cuidan, aquellas que forman el apego del niño hacia sus cuidadores más cercanos, hacia sus padres; de estas relaciones que proporcionan el afecto y seguridad básicos, surgirán después las primeras relaciones con los iguales.
¿Cómo favorecer la socialización del niño?
Los primeros pasos En la infancia temprana o primera infancia (de 2 a 3 años) se produce el nacimiento o descubrimiento del “yo”.
La conciencia de que existen otros surgirá como oposición a la individualidad del “yo”: así pues, el niño crea dos conceptos el “yo” y el “no yo”.
Como vamos a ver, la forma en que se lleven a cabo los primeros contactos sociales del niño con los iguales es muy importante, porque, entre otras cosas, está en juego el nacimiento de su moralidad.
Para que se den estos primeros contactos sociales, el niño debe haber creado cierto sistema moral que le permita:

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Tener un interés por los demás, una intuición acerca de los sentimientos ajenos.
Un interés por el bienestar del grupo.
El conocimiento de los criterios o normas que rigen en el grupo.
El conocimiento de un conjunto de ideas acerca de lo que es correcto o incorrecto, de lo que está permitido y prohibido.
Y por último, un factor de voluntad que implica un cambio: el deseo de adaptar su conducta a lo “apropiado”, (en parte a lo “esperado” por el grupo).
Los dos primeros años de vida son pre-morales. El niño cuando no obra conforme a lo esperado en sus relaciones con los demás no es inmoral, sino amoral.
El niño es “puro deseo”, sólo conoce sus necesidades y su conducta tenderá a satisfacerlas ciegamente.
Gracias a sus relaciones con los adultos comenzará a interiorizar que los demás también tienen sus deseos y necesidades, que él es uno entre muchos, y que los demás (incluso sus propios padres) no están ahí para satisfacer sus peticiones constantemente, sino que a veces se las niegan, o se puede producir un conflicto de intereses.
La guardería o escuela infantil En la guardería se producen dos nuevas formas de interacción social en la vida del niño.
Por un lado con la educadora, que de alguna forma supone la continuación de la figura adulta que representan los padres (con más frecuencia la madre).
Y por otro lado con los iguales, con el grupo de pares. Lo normal es que el niño llegue a esta situación sin experiencias previas de interacción con grupos grandes de otros niños.
Así es que supondrá un intenso desafío el aprender a adaptar su conducta a la de los demás, así como a las normas y la organización de espacios y tiempos del grupo y de la propia escuela.
 | | La mejor forma de estudiar las relaciones sociales de los niños es a través del juego |
| El juego Como en tantos aprendizajes vitales el juego adquiere una importancia fundamental en la socialización del niño.
La mejor forma de estudiar las relaciones sociales de los niños con sus coetáneos es a través del juego.
El juego permite la simulación de roles y papeles, permite la simbolización, y siempre tiene válvulas de escape para las tensiones y conflictos que en la “vida real” no siempre se encuentran.
El juego del niño evoluciona de la siguiente forma:
Hasta los 4 años: aproximadamente, la mayor parte del tiempo el niño jugará solo sin prestar atención al juego de los demás.
A partir de los 4 años: el niño comienza a mostrar más interés por la actividad de otros niños y entonces puede comenzar a producirse el “juego paralelo”: una modalidad de juego que implica cierta relación en cuanto que realizan una misma tarea, juegan con materiales similares, y pueden establecer alguna interacción verbal, aunque el niño juega principalmente consigo mismo y no pretende interferir en el juego de los demás, ni colaborar con ellos.
A partir de los 4,5-5 años: adquiere mayor relevancia el “juego de asociación”, en el cual se produce un intercambio entre los participantes, pero sin que exista un objetivo común, una distribución de funciones, un patrón que dirija la actividad.
Como por ejemplo cuando los niños juegan en la arena y comparten un espacio, herramientas... o cuando juegan al pilla-pilla de una manera un tanto anárquica.
Por último, progresivamente, también a partir de los 5 años, el juego de asociación se irá convirtiendo en “juego de cooperación”: aquel en el que la actividad se organiza, más o menos, en pos de una finalidad.
Entonces aparecen juegos que requieren de mayor elaboración: asumir roles diferenciados y objetivos grupales: el pilla-pilla donde uno sólo se la liga, o el escondite pueden ser ejemplos de este tipo de juego.
| Terra Mujer-Luís Ramos/ Psicopedagogo |
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